Juan Carlos Piedrahíta B.

El guitarrista británico, cuyo nombre real es Saul Hudson, regresa a Colombia como parte de la gira promocional de su más reciente disco “Living the Dream”. Semblanza de un músico al que le decimos: “Bienvenido a la jungla”.

La timidez lo llevó a esconderse detrás de los dos elementos que ahora lo caracterizan: la melena y la guitarra. Con el pelo sobre la cara Slash ocultó sus constantes gestos de inseguridad y evitó cualquier contacto visual que delatara el pánico que siempre les ha tenido a las reuniones que rebasan los diez integrantes. Con el instrumento disimuló sus complejos y puso al público a ver que en esa figura había talento, entrega, disciplina y mucho amor por el rock. Su intención era pasar desapercibido y lo que hizo fue potencializar su imagen y convertirla en ícono musical. (Le recomendamos: Concierto de Slash en Bogotá: recomendaciones para tener en cuenta).

En el sonoro espectro conformado por guitarras, bajos, baterías y teclados hay más contradicciones que listados con números uno, hay más estrellas con actitudes polémicas que discos de oro y de platino. El guitarrista Slash hace parte de esa estirpe de figuras que no hacen parte del común y que de un tiempo para acá se denominan como poco correctas políticamente hablando.

Mientras sus compañeros de estudios pensaban en la ternura de los mamíferos y la belleza colorida de las aves, el inocente Saul Hudson (verdadero nombre del rockero Slash) creía en el encanto de las víboras. Incluso las perseguía en los bosques de Londres (Inglaterra), para confirmar que no estaba equivocado y que, realmente, eran seres magníficos de los que la especie humana tenía mucho que aprender.

“Fui propietario de un par de serpientes venenosas. Recuerdo que una de ellas un día se escapó y asustó a toda la familia. Otra vez, Iggy Pop y yo atrapamos a una cascabel de tres metros y medio. Fue una experiencia brutal. Quería que fuera a vivir a mi casa, pero en ese tiempo vivíamos con Axl Rose y dos anacondas no podían estar en el mismo lugar. Así que la dejé ir, la liberé sin arrepentimientos”, comentó entre risas Slash cuando le preguntaron por algunas de sus extravagancias, aunque para él se tratara de comportamientos y hábitos normales en cualquier habitante del planeta.

Pero además de sus actitudes y comentarios inusuales y de ufanarse de que jamás pensó que el rock le fuera tan útil para conquistar mujeres y degustar cualquier tipo de sustancia química, este guitarrista inglés es emblemático porque desde temprano identificó el camino parar consentir su instrumento de seis cuerdas y aprovecharse de su sonido para comunicar pensamientos, transmitir emociones o, simplemente, hacer más llevadero el transcurso del tiempo.

En las bandas Road Crew, Guns N’ Roses, Slash’s Snakepit, Velvet Revolver; en los proyectos Slash & Friends y Slash’s Blues Ball, así como en sus colaboraciones con Brian May, Bob Dylan, Lenny Kravitz, Queen, Steven Tyler, Joe Perry, Ozzy Osbourne, Carole King, Rolling Stones, Paulina Rubio y Black Eyed Peas, entre muchos otros nombres y géneros, Slash siempre deja huella y no es solo por su melena y su sombrero de copa, accesorio que ha tratado de registrar como propio en el rock pesado, sino porque tiene estilo, se arriesga a ser él mismo y tanto en la vida privada como sobre el escenario y en los estudios de grabación logra ser un rockero genuino.

“Comencé a tocar la guitarra en completa ignorancia, porque quería hacer sonar un instrumento orientado hacia el rock. No sabía qué diferencia existía entre un bajo y una guitarra. Yo elegiría la viola, porque tiene más cuerdas”, dice el artista que se presenta este domingo en Colombia después de algunos años de ausencia.

Al lado de Axl Rose realizó un concierto memorable en el estadio El Campín, en Bogotá, a comienzos de la década del 90 cuando la banda Guns N’ Roses marcaba buena parte de los destinos del género en Occidente; después estuvo en Bogotá liderando su proyecto musical y ahora regresa para promocionar en esta parte del continente su más reciente disco Living the Dream. Slash volvió a la jungla bogotana y lo hace con su sombrero de copa, su melena alborotada y, lo más importante, detrás del poder de su guitarra.