Daniel Mediavilla

Los osos panda son unos seres entrañables y extraños. Su anatomía lo agrupa junto a otros carnívoros como los perros, los osos o los gatos, pero a diferencia de sus familiares no matan a otros animales y se conforman con comer, casi exclusivamente, bambú. El veganismo llegó a la vida de los pandas hace unos dos millones de años, cuando algunos de sus ancestros, por motivos aún sin explicar, optaron por dejar del todo la carne. En esa transición perdieron la versión del gen T1R1 que activa los receptores del sabor umami, el que hace que disfrutemos comiendo un filete.

Después de tanto tiempo comiendo bambú, algunos de sus rasgos, como el cráneo, la musculatura de la mandíbula o los dientes se han adaptado a la necesidad de procesar la gran cantidad de fibras vegetales de su dieta. Han desarrollado incluso una especie de falso pulgar, un sexto dedo con el que agarrar y pelar las ramas de bambú con las que se alimentan. Sin embargo, en su interior, siguen manteniendo su herencia carnívora, algo que incluye la estructura de sus intestinos, las enzimas que digieren los alimentos que consumen y los microbios que ayudan en la tarea.

Parece que los osos se volvieron herbívoros, pero su alma no cambió del todo. En un estudio que se publica esta semana en la revista Current Biology, un equipo de la Academia China de Ciencias y de la Universidad de Sydney (Australia), ha tratado de explicar mejor la naturaleza híbrida de estos animales analizando su dieta más allá de lo que comen, estudiando los macronutrientes (proteínas, hidratos de carbono o grasas) que obtienen del bambú.

Sus resultados indican que desde ese punto de vista, la composición de su dieta es muy parecida a la de sus parientes carnívoros y bastante diferente de la de los herbívoros con los que comparte la afición al verde. Alrededor del 50% de su energía proviene de proteínas, como si la base de su alimentación fuese la carne, una cifra similar a la de los lobos o los gatos salvajes.

Los autores explican que esta composición se debe a dos factores. Por un lado, los pandas seleccionan qué partes del bambú comen y cuándo para hacerlo en el momento de maduración en el que van a extraer la mayor cantidad de proteína posible y la menor de fibra. Esto explica también sus migraciones estacionales en busca del bambú más adecuado para sus necesidades. El segundo factor se encuentra en el corto tracto intestinal de los pandas y en que la comida pasa por él muy rápido, algo que hace que la fibra, que proporciona gran cantidad de hidratos de carbono a los herbívoros, pase sin ser absorbida.

Los ancestros de los pandas gigantes compensaron la ineficiencia de sus aparatos digestivos para aprovechar los nutrientes del bambú con la abundancia de este alimento. Sus descendientes se pasan ahora 14 horas diarias masticando 12,5 kilos de hojas y tallos de bambú de los que solo digieren un 17%. De algún modo, cuando cambiaron de la carne al vegetal, los cuerpos de aquellos animales siguieron consumiendo los mismos combustibles, aunque los obtuviesen de otra fuente.