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Mijail Palacios

Lleva un vestido atigrado, unos lentes en forma de corazón, tacos elevados y una sonrisa sincera. Imponente y a paso firme. Su voz ruge, porque es fuerte, denota poder y, como dicen en el barrio, demuestra que tiene calle. Pero trae algo más importante, palabras de gratitud hacia las personas que la siguen, la saludan, le piden fotos y la admiran.

“Disfruto de este momento. Siento que el público está contento”, me dice Susan Ochoa, la cantante norteña que hace un mes ganó doble gaviota en el afamado festival chileno Viña del Mar con la interpretación de “Ya no más”. Un momento con el que todavía sueña y que no quiere que se vaya.

Llegó sola a Lima con 14 años de edad. Sin papeles, sin conocer la ciudad y para ganar 150 soles mensuales como trabajadora del hogar. De cantar en micros, pasó a tener su propia orquesta. Sueño que empezó frente a un televisor blanco y negro, en los que se cambiaba de canal con alicate, imitando a las cantantes de moda con un palo de escoba como micrófono e interrumpiendo las tareas del colegio, en su natal Pátapo, que está a 40 minutos de Chiclayo y donde habitan unas 30 mil personas, según un cálculo aproximado de Susan. “Es un pueblo acogedor”, precisa. Ella radica en Lima, pero en Pátapo está su corazón y su madre. Y siempre volverá. “También están el arroz con pato, el cabrito, el cebiche, las humitas”, detalla, ríe y rompe la solemnidad.

Noto que las personas no solo te saludan, sino también se identifican contigo.
Sí, lo siento y es porque muchas personas salen adelante trabajando por sus sueños, que varias veces los dejan de lado por los hijos y el trabajo. Pero esa no es una salida, porque nada mejor que hacer lo que a ti te apasiona, lo que te hace feliz. Y yo he vivido toda mi vida luchando por mis sueños.

¿Cómo fue tu reencuentro con Pátapo?
No te imaginas cómo se puso mi corazón. Me puse a llorar de tanta emoción, porque me acompañaron personas que he visto desde mi niñez.

¿Por qué saliste de Pátapo?
Salí con una mochila llena de sueños, como muchos que migramos. La primera vez que llegué a Lima fue para trabajar en una casa. Tenía 14 años. El dinero que ganaba me servía mucho en ese momento, porque podía mandarlo a la familia. Me quedaba sin nada. Por eso los domingos le decía a la señora si podía quedarme para compensar las llamadas que le hacía a mi mamá.

Dejaste tus estudios.
Sí. Pero regresé al año porque no me adapté, extrañaba a mi familia, me sentía sola. Y retomé mis estudios en un acelerado, mientras trabajaba. Además, había festivales de canto y eso me motivaba e ilusionaba. Dejaba todo por los festivales, porque me mantenían viva, con el corazón vibrando y los sueños activos.

¿Cómo nace ese sueño por el canto?
Desde siempre. En mi casa la mayoría canta. Mi papá tenía buena voz. Él me pedía que cante e imite a las artistas que salían en la televisión. Aunque no me pudo ver nunca en un escenario, porque falleció cuando cumplí 11 años. Al muy poco tiempo debuté. Arranqué en festivales.

Y volviste a Lima. ¿Por qué?
Vine para el programa Camino a la fama, pero no gané. Tuve que cantar en los carros, y me iba bien, ¡ah! (risas). Fue divertido porque no sabía dónde me iba a dejar el carro. Estaba en Camino a la fama y tenía que sacarle provecho trabajando.

¿Tu prodigiosa voz de dónde vino?
Heredada de la familia. En Lima, cuando estaba más estable, pude tener profesores de canto. Como no gané Camino a la fama, me volví a ir y así estuve entre Pátapo y Lima. Donde se presentaba la oportunidad, yo estaba. Todo el tiempo la he luchado. En algún momento tenía que pasar algo. Si no, seguir para adelante, la cosa es intentarlo. Y se presentó otra oportunidad con Súper Star del Canal 5, regresé a Lima, gané y con ese dinero traje a mi familia. Me establecí, tuve mis niños aquí y formé mi orquesta. Pude invertir en algunos negocios, no me fue bien. Quise invertir en mi casa, pero tampoco me fue bien, un poco que me engañaron. Me queda la experiencia.

Tanto luchar y no cumplir objetivos cansa. ¿Te pasó?
He querido tirar la toalla, he sentido que no podía. También por mis niños lo dejé por un momento. Fui madre a los 22 años. Le di prioridad a ser madre. Al tiempo me animaron, se presentó la oportunidad de participar en La voz. Y acepté para la tercera temporada.

Paradójicamente, la canción con la que ganaste en Viña es fruto del mal momento.
He pasado cosas, como todas las personas.

¿Qué tan grave fue el episodio que te tocó vivir?
En algún momento de mi vida pasé cosas dolorosas. Un poco tristes, pero las dejé en el pasado porque ahorita ya tengo mi familia que me respalda.

¿Cómo se enfrenta ese momento complicado?
Con valentía, coraje. Saqué mi fuerza interior, porque sentía que en algún momento no encontraba la salida. Pero dije “ya no más”. Me di cuenta a tiempo de que no merecía lo que estaba viviendo, que valgo mucho más de lo que pienso. Pero son cosas en las que no quisiera profundizar.

En una entrevista señalaste que no han confiado en ti.
Me han dicho “no es tu camino”. En algún momento lo creí. “Creo que estoy haciendo mal”, me decía y lloré mucho. Sentí que la música no era mi camino. Había personas que decían que como artista no vendo. Yo creo que esa persona me quería desaparecer del mapa (risas). Pero no le di el gusto. Al final, lo único que quiero es el cariño del público. Solo necesito salud y fuerza para seguir trabajando.

¿Volverías a los concursos de canto?
No creo, porque ya terminó una etapa. Además, ya he estado en varios concursos de canto, ¿no? (risas). Quiero darle impulso a mi carrera como artista y no solo estar en concursos. Ahora tengo una primera producción musical.

Hay críticas hacia los programas concurso en los que se imita a otros cantantes. ¿Qué opinas de ello?
Hay concursos de canto y de imitación. Uno como artista decide qué es lo que quiere seguir. Si te gusta imitar, en buena hora. Existe público para todo. Yo he estado en concursos con mi propio nombre.

En las últimas semanas se debatió acerca de que el rock no está de moda. ¿La balada está de moda?
Hay público para todo. No se trata de estar o no de moda. En algún momento me dijeron: “Oye, la balada no está de moda, ya fuiste, qué cursi”. Pero eso me apasiona. Y, por último, si una música no está de moda, ponla tú de moda y ya está.

¿Harías reggaetón?
Si tiene una letra que dé valores, ¿por qué no? No estoy en contra del ritmo. Lo que no me gustan son las letras que denigran.

¿Por qué es importante mostrar tu propio talento?
Cada uno debe hacer lo que le nace. A mí no me gusta imitar, pero sí cantar y hacerme de un nombre. Pero también aplaudo a mis amigos que trabajan y son imitadores.

Otro de los temas que generan debate es hacer, o no, covers.
Los covers son los que me han dado la posibilidad de hacerme conocida. Estoy, más bien, agradecida y no dejo de hacerlos, porque hay canciones que han marcado la vida de uno. Yo les saco otro arreglo. Los covers nos ayudan a los artistas que recién hemos empezando. Pero también tengo canciones propias.

¿Te sientes una cantante que recién empieza?
Creo que estoy despegando y sí siento que recién empiezo. Tengo mucho por dar y vamos para adelante. Cada etapa de la vida hay que atraparla con la mejor disposición.

AUTOFICHA:

“Tengo 34 años. Pero, por favor, pon que tengo 33 (risas). Los acabo de cumplir el 2 de marzo, cuando bajé del avión al volver de Chile. Fue maravilloso. Estuvo toda la prensa y pensé que era por mi cumpleaños, pero era por la gaviota (risas). Fue bonito, en mi casa mis vecinos de San Martín me recibieron con cariño”.

“Recién acabo de publicar mi primer disco y le estoy dando todo el empuje. Se llama La dueña soy yo, trae 10 canciones; tres son inéditas, de las cuales dos son mías y una es ‘Ya no más’, la que ganó en Viña, compuesta por Eva Ayllón, el ‘Viejo’ Rodríguez y Pelo D’Ambrosio”.

“Hoy me presento en Arequipa, en el teatro Fénix, a las 9 p.m. Luego voy a Iquitos, Tacna, Chiclayo, Piura y el 12 y 13 de abril estaré en el Plaza Norte, de Lima, a las 9 p.m. Además, mis sueños también están en la internacionalización. Y si se da la oportunidad de entrar en la actuación, en buena hora”.