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Claudia Izaguirre

No podemos esperar milagros de cambios en el país en dos años y cinco meses que le quedan al gobierno de Martín Vizcarra, pero sí podemos esperar algunas bases que nos permitan creer que el Perú que llega al bicentenario se acerca más a uno mejor que el que hemos vivido los últimos años.

Bien por decir que se lucha contra la corrupción, pero que se traduzca también en los recursos que están exigiendo desde la Fiscalía para poder seguir trabajando. Además, ese tema parece ya no ser suficiente para la aprobación popular. Bien ir a las zonas de desastre cuando estos ocurren, pero mejor ya tomamos la reconstrucción y las obras de prevención en serio para no estar lamentando lo mismo cada año (y perdiendo presupuesto). Bien por decir a viva voz que se combate la delincuencia, pero ya hagan algo pronto para dejar de sentir que estamos a merced de la criminalidad.

En cuestión de horas o a más tardar el martes, debe estarse conociendo al nuevo presidente del Consejo de Ministros y el renovado gabinete.

¿Qué se busca? Por lo visto, perfiles totalmente distintos a los que han integrado este primer año del gobierno del presidente Vizcarra, protagonista total que a veces parecía no contar con un soporte adecuado.

Políticos y encuestados han opinado que la gestión de César Villanueva no tenía brillo y que los integrantes de su equipo en su mayor parte no eran visibles para la ciudadanía. El renunciante premier ya lucía en los últimos tiempos cansado, su discurso no calaba o sus mensajes a través de los medios quizás no transmitían lo que el presidente esperaba. Tanto así que, como informamos ayer, el jefe de Gabinete, quien solía atender sin problema a la prensa incluso por teléfono, como lo hizo en varias ocasiones con Perú21, dejó de hacerlo hace algunos meses y se le puso una suerte de filtro.

Cierto aire anodino, desconocimiento de la labor de algunos ministros, así como un diálogo con bancadas y partidos que quedó en fotos y listas de buenas intenciones, es la impresión que en general deja la gestión de Villanueva, quien se aleja del cargo a pocos días de cumplir un año ahí, el mismo tiempo que Vizcarra en la presidencia del país.

Hay dos aspectos importantes en un ministro de Estado. Según la orientación y necesidades del puesto, pueden ser personalidades con gran sentido y habilidad política o son más bien grandes gestores de sus respectivos sectores, algo así como los CEO de cada portafolio.

Pero, además de conocer el juego político y ser supergerentes con un conocimiento altamente técnico y especializado de su sector, hoy se les exige un alto dominio de lo que se conoce como habilidades blandas, el soft power, ello que permite entender, generar empatía y conectar con la población.

Pasados los tiempos en los que más pesaba la lealtad política, hoy la selección también implica una suerte de aplicación de las herramientas de gestión de recursos humanos y hasta casi pasar evaluaciones de compliance para evitar riesgos.

Además, como lo ha ofrecido el propio gobernante, está la orientación hacia la paridad en el equipo ministerial, un tema que algunas voces minimizan. Sin embargo, es saludable que el Gobierno tienda a promover la igualdad de oportunidades en diversos sectores.

Así también cuando la toma de decisiones involucra a mujeres cuya voz es escuchada en igualdad de condiciones, el debate es más rico y los resultados son mejores. En equipos plurales y con variados criterios, la creatividad crece, se promueve la innovación y la ganancia a la larga es mayor. Para el gobierno, para el Estado, para el Perú, por supuesto que la fórmula también vale.