En el delito de homicidio, la aberratio ictus supone una confusión en el objeto de la acción, que no excluye el dolo, ya que la valoración jurídica del hecho de homicidio persiste y no varía.

Así lo ha señalado la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema al resolver el Recurso de Nulidad N° 866-2018-Lima, en su resolución expedida el 31 de enero de 2019.

Veamos los hechos: luego de una discusión, Daniel Calderón apuntó con un arma de fuego a Frank Cornejo, percutiendo el gatillo, pero trabándose el proyectil. En ese momento, Óscar Silva se acercó a ellos con el fin de apaciguar los ánimos; sin embargo, Calderón logró disparar su arma, cuyo proyectil impactó en el pecho de Silva, hiriéndolo de muerte.

Por estos hechos, la Segunda Sala Penal para Procesos con Reos en Cárcel de la Corte de Lima condenó a Daniel Calderón como autor del delito contra la vida-homicidio calificado en grado de tentativa en perjuicio de Frank Cornejo y, además, lo condenó a 8 años de pena privativa de la libertad por el delito de homicidio simple en agravio de Óscar Silva.

No obstante, impugnada esta decisión, la Corte Suprema declaró la nulidad de la condena por homicidio calificado en grado de tentativa. La Corte señaló que la naturaleza del homicidio alevoso está constituida por el aprovechamiento de una ventaja del homicida sobre el agraviado, la cual es respecto a los medios, modos o formas para asegurar la ejecución del delito. En ese sentido, la Sala enfatizó que “no es parte de la ratio essendi de la alevosía el empleo de un arma de fuego luego de un altercado personal”.

Así, en el caso en concreto, la amenaza que habría proferido uno de los procesados “constituye el anuncio efectuado en el marco de una discusión de personas conocidas, lo que permite descartar el escenario para la ocurrencia de un acto alevoso”.

Y, por otro lado, la Sala Suprema declaró no haber nulidad en el extremo que condenó a Daniel Calderón por el delito de homicidio simple en agravio de Óscar Silva; pero sí reformó la condena de 8 a 5 años de cárcel.

La Sala Suprema afirmó que “quedó claro que el homicidio perpetrado en agravio de quien en vida fue Óscar Silva Flores se produjo por un error en el golpe, esto es, una aberratio ictus, la cual supone una confusión en el objeto de la acción por otro. Sin embargo, no excluye el dolo, pues la valoración jurídica del hecho de homicidio persiste y no varía. El resultado no ha sido más ni menos grave. Por tanto, el error no es relevante para que el procesado Daniel Calderón Egúsquiza mantenga su condena por homicidio simple, ello a partir del resultado ocasionado y la lesión del bien jurídico protegido, independientemente de su origen”.

Igualmente, la Corte refirió que “portar un arma y percutirla contra una persona, de plano, determina la intencionalidad de matar a otra, lo cual se materializó contra Silva Flores. Sobre este aspecto no obran cuestionamientos probatorios y, por tanto, corresponde ratificar la decisión impartida a nivel superior”.

Asi, el colegiado citó la opinión del profesor Felipe Villavicencio, quien plantea como ejemplo de este tipo de error cuando el que quiere matar a otro y contra él apunta su arma, pero apunta mal o el aparato de puntería del arma es defectuoso, de tal manera que mata a un tercero que se encontraba cerca, afirmando que el yerro se produce en la ejecución [VILLAVICENCIO TERREROS, Felipe. “Derecho penal. Parte general”. Lima: Grijley, 2017, p. 365].

No obstante, la Suprema sí redujo la pena en atención a que concurría en el condenado, como circunstancia de atenuación, su carencia de antecedentes penales y, adicionalmente, que cometió el delito cuando tenía 20 años (responsabilidad restringida del autor).

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