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Por Juan Carlos Saloz

En verano de 2017, esperábamos unas ganas encomiables el estreno de ‘The Defenders’. Después de sorprendernos gratamente con ‘Daredevil’ y ‘Jessica Jones’ (y quedarnos más o menos satisfechos con ‘Luke Cage’ y ‘Iron Fist’), Netflix estrenó la serie en la que llevaban trabajando desde que retrataron Hell’s Kitchen. Llevábamos dos años esperando la unión de los héroes de barrio… pero nada salió según lo esperado.

Como relatamos en su día, ‘The Defenders’ iba a ser una gran serie pero nos decepcionó al instante, y ahora apenas mantiene el puesto 11 de las 13 series de Marvel de los últimos años. Los héroes de alquiler no tenían ninguna sintonía entre ellos, los villanos no conseguían asustar a nadie y toda la profundidad de sus series individuales se perdió con la insulsa trama que presentaron.

Tras la debacle de la serie, Netflix continuó apostando por nuevas temporadas, pero el destino ha querido que no vayamos a ver más de estas series. El lanzamiento de Disney+ ha provocado la cancelación de ‘Daredevil’ y compañía. Pero, lejos de venirse abajo, Netflix ha adquirido los derechos internacionales del DC Universe y se ha hecho la competencia a sí misma con ‘Titanes’.

Para quienes no estéis al día de DC Comics, los Teen Titans (resumidos como Titanes en la nueva serie) son un grupo de héroes juveniles capitaneado por Robin (Dick Grayson) y que cuenta con personajes tan curiosos como Beast Boy, un chaval que se puede convertir en animales, o Raven, una chica que alberga un demonio en su interior.

A lo largo de su historia, los Teen Titans han servido como un entretenimiento muy digno de los más jóvenes, por lo que todo parecía indicar a que la nueva serie tendría demasiados matices adolescentes como para poder competir con las de Marvel/Netflix. Sin embargo, tras su estreno es de recibo decir que no solo está a la altura de ‘The Punisher’ o ‘Luke Cage’, sino que además es todo lo que querían que fuera ‘The Defenders’.

El primer episodio de ‘Titanes’ puede confundir un poco. Al centrarse en la historia de Raven, una adolescente que, como Carrie, ha sufrido la presión de una madre religiosa y unos compañeros de clase que la acosan hasta el límite, parece que toda la serie vaya a ir sobre peripecias adolescentes. Sin embargo, rápidamente se despejan todas las dudas sobre de qué rollo va.

En el segundo capítulo, los superhéroes Halcón y Paloma se presentan como una pareja que pasan por un mal momento por culpa del estrés que les genera su profesión. De hecho, Halcón llega a sufrir gatillazos por culpa de la crisis en el que se encuentran. Más curiosos son los problemas que enfrenta la Doom Patrol, organización para “monstruos” a lo X-Men que tendrá su propia serie pronto. Todos son bichos raros que no pueden ni salir de casa. Y Robotman (ojo, interpretado por Brendan Fraser) ni siquiera puede comer desde que le “rehicieron”.

Cada personaje de ‘Titanes’ tiene sus propios problemas existenciales, desde los más protagónicos hasta lo que están de paso. Todo ello propicia una serie de idas y venidas que, en ocasiones, hace que el espectador pierda el foco. Sin embargo, dota de una profundidad a cada héroe y villano que ya querría ‘The Defenders’. Puede que los antagonistas de ‘Titanes’ no estén a la altura, pero al contar con protagonistas llenos de inseguridades y miedos, llevan el peso de la serie sin necesidad de complementos.

Otro lugar en el que ‘Titanes’ vence por mucho a cualquier grupo de superhéroes de la televisión es en la sintonía entre personajes. Para no enmerdar demasiado el argumento, el equipo solo está formado por cuatro personajes, pero es más que de sobra para su narrativa ascendente que explora los rincones más recónditos de cada uno de ellos. Gracias a la mano de Geoff Johns, guionista de DC que lleva años trabajando en la editorial, cada personaje adquiere un rol determiando en el grupo, y cuando todos se unen se genera una mezcla perfecta que nada tiene que envidiar a la de Los Vengadores originales.

El orgullo de venir de un cómic

Donde más destaca ‘Titanes’ es en su adaptación directa de los cómics. Por más que ‘Daredevil’ fuera una revolución en las series televisivas de superhéroes, tomó una trayectoria muy alejada del medio que le vio nacer. Al igual que las películas de Christopher Nolan, parecía que se avergonzaran de hablar de superhéroes. De hecho, costó horrores que Matt Murdock se pusiera su traje (y el resto de Defenders ni siquiera cuenta con uno).

Por el contrario, ‘Titanes’ lleva con orgullo la bandera de los superhéroes. A veces se pasan de bizarros al hacerlo, y personajes como Halcón resultan un tanto ridículos, pero no tienen ningún complejo en ensalzar de dónde vienen y quiénes son. Gracias a su cuidada estética, el tono consigue mantenerse a pesar de las mallas y los efectos especiales televisivos. Pero lo mejor de todo es cómo los personajes llevan todo ello. El peso de ser un héroe es lo más importante en ‘Titanes’, algo que se suele olvidar cuando se unen para enfrentarse al mal.

‘Titanes’ cuenta con grandes actores que están orgullosos de ser quienes son, lo que provoca que no lleguen al ridículo del Arrowverso. A su vez, explora los rincones más oscuros de DC, algo que nunca veremos en el cine y, por desgracia, resulta mucho más interesante que películas como ‘Aquaman’ o ‘Liga de la Justicia’.

Estrictamente hablando, no es mejor que ‘Daredevil’ ni ‘Jessica Jones’, pero ‘Titanes’ sabe de dónde viene y lo abandera a sabiendas de que el público está preparado para ver a Dick Grayson en su pantalla. Es una serie para demostrar que hay mucho más que lo que hemos visto de la mano de Zack Snyder. Y, sobre todo, para demostrar a Disney que Netflix puede sobrevivir tras la huida masiva de series y películas.