Cristina Simón
Profesora de RR.HH. de IE UNIVERSITY 

En los últimos años, las posibilidades que abre la tecnología dan paso a una nueva concepción del trabajo: las comunidades de los nómadas digitales. Son básicamente profesionales de la generación millennial que deciden prescindir de los lazos espacio-temporales marcados por las formas de relación laboral tradicionales y trabajar a la vez que viajan.

¿Quiénes aplican?

Iniciativas como Selina.com organizan espacios físicos en destinos de interés turístico para que estos jóvenes dispongan de conexión y lugares para desarrollar su actividad.

Obviamente, esta opción no es para todo el mundo ni para todos los trabajos. Aquellos que requieren de presencia física no son susceptibles de nomadismos en general.

Sin embargo, es interesante analizar lo que esta forma de trabajo representa. Una vez superado el “¡dónde vamos a ir a parar!” inicial –un primer vistazo a estas comunidades digitales genera cualquier sensación menos productividad al estilo clásico–, lo cierto es que hay muchos trabajos que, al no requerir presencia física, pueden realmente desempeñarse desde cualquier sitio.

Incluso podemos pensar en quienes necesiten inspiración y renovación (tareas creativas), para lo cual salir de la rutina puede ser un estímulo importante para la eficacia personal. Debemos esperar que este tipo de trabajos incrementen en el futuro, puesto que la robotización absorbe las tareas más rutinarias y físicas.

Cambios y adaptación

El fenómeno del nomadismo digital permite echar un vistazo histórico al mundo del trabajo tal como lo conocemos en el mundo occidental actual. Aún seguimos el modelo que se surgió durante la Revolución Industrial del siglo XIX, y debemos recordar el choque que supuso en su momento.

Los operarios se suicidaban al no poder pasar horas dentro de un edificio con luz artificial cuando su forma de vida, esencialmente agrícola, había estado vinculada al movimiento del sol, el ritmo del clima y las estaciones.

Nuestra forma de trabajo no es tan antigua, ni connatural a nuestra especie. No quiere decir que tengamos que volver al campo o que debamos convertirnos en luditas, sino que no es la primera vez que se producen cambios en la concepción que tenemos del trabajo y que no deberíamos escandalizarnos por ello. Es cierto que estos nómadas nos recuerdan a estos tiempos anteriores, donde no existían las ataduras que actualmente marca nuestro sistema productivo.

Como en tantos fenómenos socioeconómicos generados por la tecnología, aún está por verse la extensión de este nomadismo digital y si pasará de ser otra moda efímera. Cada vez son más los jóvenes que deciden romper con el sistema durante una temporada y viajar sin ataduras, con trabajos precarios, pero que les permiten tener experiencias y aprender de otras culturas, lo cual puede ser también una valiosa fuente de talento para las organizaciones.

Esperemos que los departamentos de selección se adapten también a esta nueva visión del mundo y sepan ver en el CV de los nativos digitales un valor más que pueden aportar las nuevas generaciones.