Hijo de un techador, Willi Herold nació en un pequeño pueblo de Alemania del Este en 1925 y fue aprendiz de deshollinador antes de alistarse en el ejército como paracaidista en 1943. Rebelde sin causa, ya en su infancia desacataba el orden establecido. Con once años, fue expulsado de la Deutsches Jungvolk, como se conocía a la organización de la Juventud Hitleriana en la Alemania nazi para niños entre 10 y 14 años, porque se negaba a obedecer los edictos que le mandaban.

A los 18 años, fue llamado al servicio militar y, como paracaidista, consiguió ascender a cabo y obtuvo una Cruz de Hierro, condecoración con la que se reconocían los actos de gran valentía y que no se entrega desde mayo de 1945, por abatir dos tanques en la playa de Salerno. Pero, a medida que el ejército nazi comenzaba a perder posiciones, el carácter enrevesado del joven Herold empezó a salir a la luz.

En medio del caos de la retiarada del ejército alemán poco antes del fin de la contienda, en abril de 1945, el joven cabo se separó de su destacamento. En su deriva, Willi Herold encontró un vehículo abandonado en el que había un traje de capitán de la Luftwaffe y se le ocurrió apropiarse de él, impulsando una meteórica carrera que en realidad nunca se había ganado. Así, con el rango de oficial que solamente le daba la prenda, lideró una unidad formada por soldados que se fue encontrando por el camino, unapráctica habitual en los últimos años del conflicto, donde cientos de «soldados solitarios» solían vagar como desertores. Se estima que, en total, el impostor tuvo a unos 80 soldados bajo su mando, de los cuales una docena permaneció con él hasta el último momento.

La película «El capitán», que se ha estrenado este viernes en España, está basada en la historia real del soldado alemán de 19 años, convertido en un déspota sádico. Retrata, desde el momento en que se apropia de la identidad de un alto oficial, hasta su arresto por los británicos, que supuso su muerte a los 20 años.

El filme retrata la astucia y descaro de Herald, que inventaba artimañas para birlar las sospechas de otros oficiales, con los que no podía presentarse de acuerdo al rango de su uniforme. De comportamiento autoritario y seguro de sí mismo, en abril de 1945 el joven alemán llegó junto a sus hombres a Aschendorfermoor , uno de los 15 campos que los nazis construyeron en Emsland, al noroeste de Alemania, para mantener cautivos a desertores y acusados de insubordinación o delitos menores.

Simulando cumplir órdenes directas del Führer, puso en marcha un tribunal militar que, ante la falta de pruebas por escrito, todos los oficiales del campo de detención respaldaron. El 12 de abril, Willi Herold, conocido como «El verdugo de Emsland», ordenó a sus reclusos cavar un hoyo de casi dos metros de profundidad y comenzaron a matar a los allí presentes y enterrarlos en él. Una matanza que el impostor y sus hombres continuaron después de que el 19 de abril las Tropas Aliadas bombardearan el lugar, destruyéndolo. De ahí, partieron a la ciudad de Papenburg.

Tal y como explican en la página web de la película «El capitán» en Karma Films, Herold fue finalmente arrestado nueve días después por la policía militar alemana. Durante su cautiverio, el Ejército Rojo llegó a Berlín y Adolf Hitler se suicidó. El soldado alemán termina reconociendo sus crímenes pero es puesto en liebrtad tras el juicio, momento en que le proponen unirse a la Operación Werewolf, última esperanza de los nazis contra los aliados.

Tras su fuga, termina en manos de los británicos al ser descubierto robando un trozo de pan. Un hurto que provoca que sus secretos salgan de nuevo a la luz, esta vez sí, con fatales consecuencias. Herold termina siendo juzgado ante el Tribunal Militar Británico y condenado a muerte el 29 de agosto de 1946. Murió unos meses más tarde en Wolfenbüttel, en la guillotina, con 21 años. Mató a 125 personas.