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López y Risica son autores del libro ‘Espíritu del Metal: La conformación de la escena metalera peruana (1981-1992)’

José Ignacio López Ramírez-Gastón (IL) y Giuseppe Risica Carella (GR) presentan la investigación Espíritu del Metal: La conformación de la escena metalera peruana (1981-1992), el primer libro que trata sobre la referida comunidad en nuestro país.

Si bien existen bandas que se formaron con anterioridad, ¿por qué la investigación de este libro parte desde 1981?

GR: Al momento que empezamos a trabajar el libro, tenemos una especie de antecedentes que inician con grupos como PAX o Tarkus, pero el primer grupo que edita algo en físico es Up Lapsus en el año 1981 con “Tormenta” y “Astronauta Loco” en un 45 RPM.

IL: Hubo una transición entre lo que era netamente hippie, a pesar de la tendencia oscura o pesada, como PAX y Tarkus, a lo que es un heavy metal más contemporáneo. Pensamos que Up Lapsus es una banda de transición, un quiebre histórico con el que aparece una nueva generación.

Sobre los registros que nutrieron este libro, ¿qué tan accesible fue la información para poder realizar la investigación?

GR: Hemos accedido a muchos datos. Sabemos que mucha gente va a criticar, por ejemplo, diciendo: “¿Por qué no está tal grupo?” o “¿Por qué no salgo yo si soy de esa época?”. Hay un asunto que es diferente a lo que uno percibe y una realidad que se puede transmitir y explicar en un libro. Una banda de repente se creó en 1987, pero uno de los integrantes dice lo contrario.

IL: Lo que pasa con las escenas musicales es que cada banda construye una mitología con respecto a ellos mismos. Cambian su historia. Lo difícil es lograr ubicar esas fechas. Hay dos facetas en el libro. Una es la información descriptiva, histórica, y otra es la parte del análisis de la información. La parte más importante es analizar la información más allá de lo que las bandas digan.

Entre los hechos que recopilan, ¿cuál consideran que es el evento que determina la formación del metal en el Perú?

GR: Algunos dicen que fue un concierto frente al mar en el que algunos metaleros se reunieron sin conocerse, se sentaron a conversar, intercambiaron gustos. También se habla de reuniones en Chaclacayo o conciertos en casas. Una de las características, que está escrita en el libro, es que, a diferencia de otros movimientos, el metal sí tiene muy explícita la idea de camaradería y formación de grupo.

IL: Hay una idea de trabajo en conjunto, un discurso de camaradería romántico que no está en otros estilos musicales. Es también una forma de unir discursos de los setentas, más tirados a lo hippie, y se unifican en el metal de los ochenta.

¿Qué obstáculos enfrentó el metal peruano en sus inicios?

IL: El heavy metal peruano tenía una visión de industria musical que estuvo, en su momento, un poco desfasada con los cambios internacionales. Tenían que adaptarse a la situación, recursearse. Este estilo siempre ha sido destacado por su virtuosismo musical y perfección sonora. Antes, eso no se podía hacer mucho. Las opciones que tenías eran salir como estabas o no lo hacías nunca.

GR: También pasaba lo mismo con los discos. Muchos grupos enfrentaban el gran contrato con las disqueras. Los álbumes nunca salieron. Los grupos más extremos de metal grabaron demos en sus casas, hacían portadas a mano, los distribuían en conciertos o correo.

¿Cómo define el libro la posición underground del metal peruano? 

GR: Los grupos no tenían acceso a medios o disqueras formales. El género fue ninguneado hasta en los libros subtes. No se habló nunca de este movimiento. Lo máximo que se logró en metal nacional en el Perú fue la Feria del Hogar de 1988.

IL: El metal peruano subsiste por su carácter underground. Es autogestionado. Por más que se hable de bandas de esa época, quizá hasta se les hace crecer por una necesidad de cubrir un espacio histórico. Lo que sucede es que todo sucedió de forma muy personal.