Vanessa Cruzado

Centros comerciales y calles abarrotadas, árboles inmensos con renos u hombres de nieve a su costado, niños haciendo cola para tomarse una foto con Papá Noel, luces en forma de cascada en varias ventanas, intercambio de regalos. Todos síntomas que la Navidad llegó. Sin embargo, la festividad más esperada por grandes y chicos tiene un lado más profundo.

Según cuenta Belizario Zanabria, decano del Colegio de Psicólogos del Perú, Navidad evidencia quién -y cómo- es la persona. En las actividades festivas, por ejemplo, uno puede visibilizar la personalidad, temperamento, e inclusive, valores éticos de sus participantes.

Esta nota aborda acciones que se solían hacerse en estas fechas y nos lleva a reflexionar: ¿qué tanto han variado? ¿Qué dice eso de nosotros ahora?

1. Las tarjetas
Durante los años 80, desvaneciéndose a finales de los 90, se solía enviar tarjetas de Navidad con un saludo -o felicitación- y posteriormente se dejaba en el correo. Había cierta magia en eso. Uno tenía que elegir la portada ideal y pensar detenidamente en el mensaje que deseaba escribir. La caligrafía, para algunos, era otro punto importante. Una vez entregada al correo, no había vuelta atrás.

Con la llegada de la tecnología y redes sociales, la recepción del mensaje es inmediata. Y lo mejor -o quizás no tanto- es que uno puede saber si lo leyeron. Incluso se puede enviar varios textos a la vez. Pero, ¿su contenido es igual de especial?

2. La misa
​Cuenta Ricardo Palma que las misas matinales de aguinaldo, nueve antes del 24, duraban dos horas. Se cantaba villancicos animados con pitos, flautines, zampoñas, matracas, bandurrias y zambombas. Hasta mediados de los 70, gran multitud solía asistir a la misa del Gallo de medianoche y celebrar el nacimiento del niño Jesús. Algunos hogares mantienen esta costumbre en la actualidad. Otros suelen ir a la misa de la mañana o del mediodía y pasan las 12:00 a.m. en casa junto a sus familiares.

3. El nacimiento
Armar el nacimiento era toda una aventura. Para empezar, las figuras solían ser (muy) grandes y su colocación era a modo de montaña. El pesebre era muy rústico. En algunos hogares, se construía anualmente. Los animales y el pasto seco le daban ese toque ‘realista’. Toda la familia se reunía, generalmente una tarde, para armarlo.

En la actualidad, por el espacio limitado en los hogares, las figuras de los nacimientos son pequeñas. Como máximo habrán dos ángeles, uno que otro -o quizás ningún- animal, la casa de Jesús y listo. El armado, depende de cada familia -y el interés de sus integrantes en ayudar o incluso en hacerlo.

4. El brindis
​Cuando llega la medianoche tanto en Navidad como Año Nuevo, se suele brindar junto a la familia e incluso cada uno da un pequeño discurso cargado de buenos deseos. Antiguamente, luego de tomar en casa, se solía saludar, acompañado de una copa de champagne, a los vecinos para felicitarlos y desearles lo mejor. Ahora, la tradición del brindis ha quedado solo en casa.

5. El árbol
Uno de los elementos más importantes en la decoración del hogar. Solía hacerse con ramas secas en buen estado y para darle ese brillo plateado, se usaba papel metálico. Para los adornos, las pelotas de tecnopor eran pintadas y luego colgadas en el árbol. Otro ingenio era forrar las cajas de fósforo con papel especial para hacer la simulación de regalos. Los más pequeños del hogar tenían una importante misión: colorar la estrella en la cima.

Los árboles se volvieron más sencillos de adquirir. Actualmente hay artificiales, de plástico y otros materiales sintéticos, permitiendo usarlo en varias navidades. Los adornos también han cambiado. Incluso hay quienes decoran su árbol con personajes de Disney. La estrella, en algunos hogares, fue remplazada por un ángel, una foto familiar u otro personaje.

Se dice que el hombre es un animal de costumbres pero, ¿qué hábitos sobre Navidad queremos formar en esta época?