1. SOBRE LOS AÑOS DIFÍCILES DE LA INFANCIA y de la primera juventud de Claudio, Suetonio nos transmite un detalle muy interesante: afirma explícitamente haber tenido acceso a un escrito del mismo Claudio (1): diu atque etiam post tutelam receptam alieni arbitrii et sub paedagogo fuit; quem barbarum et olim superiumetarium ex industria sibi appositum, ut se quibuscumque de causis quam saevissime coerceret, ipse quodam libello conqueritur (<>).

De estas palabras, por lo tanto, aprendemos que Claudio, huérfano a la edad de un año y confiado de iure a la tutela de su tío Tiberio, pero de facto a la de Augusto (2), permaneció bajo el estricto control de ése, incluso después de haberse vuelto mayor de edad (3): sin duda el pedagogo de quien Claudio se lamentaba le había sido endosado por Augusto.

Las palabras barbarum et olim superiumentarium (<<bárbaro y anteriormente conductor mayor de mulos>>) quieren subrayar que este rudo pedagogo no era ni griego ni romano (4), colocando en duda de esta manera su real formación cultural (5), y que anteriormente había sido conductor de mulos, lo que significa que él tenía familiaridad con el látigo más que con los libros y que estaba acostumbrado a tratar con los animales más que con jóvenes alumnos de buenas familias.

El vocablo empleado, superiumentarius, es un hapax absoluto y generalmente ha sido interpretado como <> (6); pero ha sido propuesto también el significado de <> o <> (7), lo que equivale a una desdeñosa definición del <<último de los conductores de mulos>>.

A partir de esta significación podríamos pensar también en un irónico <>, con lo que se querría decir que el pedagogo era suelto de manos y usaba pesadamente el látigo y que habría merecido ser agregado a un equipo de conductores de mulos, en el que no habría hecho mal papel. Pero la unión con olim (<>) parece indicar, más bien, que en su actividad de pedagogo este personaje había mantenido la costumbre del látigo adquirida en una fase precedente de su vida, cuando él había sido conductor de mulos.

Cualquiera que sea la significación exacta de esta expresión, me parece evidente que la afirmación de Claudio no puede ser entendida al pie de la letra. No tenemos que pensar que el pedagogo escogido por Augusto para un joven vástago, aunque problemático, de la familia imperial, fuera verdaderamente un conductor de mulos, es decir, una persona totalmente extraña al mundo de la cultura (8). Sabemos, por otra parte, que Claudio pudo tener también a maestros de un alto nivel, como Atenodoro de Tarso, Sulpicio Flavo y más tarde Livio (9) y quizás Verio Flaco (10).

La expresión superiumentarium, así larga e insólita, tiene que ser entendida como una exageración irónica, una caricatura más bien que una realidad; decir que el pedagogo era un conductor de mulos es solamente una manera exagerada para señalar que era duro y suelto de manos, dispuesto a usar el látigo como un conductor de mulos; es una especie de variación hiperbólica del plagosus Orbilius de Horacio (11).

2. Como hemos dicho, Suetonio afirma que Claudio se lamentaba de esta situación libello quodam, <>. Este escrito ha sido frecuentemente identificado con su autobiografía (12), pero es muy improbable que la expresión libello quodam pudiera ser utilizada por Suetonio para indicar una obra que según sus mismas palabras era compuesta de ocho libros (de vita sua volumina octo) (13): efectivamente el vocablo libellus (<>) parece inadecuado a una obra monumental en ocho libros, sobre todo porque su unión con el adjetivo indefinido quodam (<>) parece indicar más bien una obra menor y poco conocida (14).

W. Kierdorf ha supuesto que aquí libellus tenga el sentido de <> (15); D.W. Hurley ha tratado de recuperar de esta manera una conexión con la autobiografía, suponiendo que Suetonio se refiería a una carta juvenil de Claudio, citada por el mismo en su obra De vita sua (16).

Sin embargo, me parece que el matiz irónico y caricaturesco que he creído reconocer en la utilización de un hapax como superiumentarius, y también la posible alusión a Orbilio de Horacio permiten una interpretación diversa: libellus podría indicar una breve composición poética, como una sátira horaciana o un epigrama, o bien una pequeña colección de composiciones de este tipo, como el epigrammaton libellus (<>) de Marcial (17).

Esta impresión podría ser confirmada por el hecho de que en el pasaje de Suetonio se reconocen sin dificultad algunas secuencias de metros jámbicos: la más evidente es post tutelam receptam alieni arbitrii, que podría ser un senario jámbico completo (con spondeos en el primero, segundo y quinto pie y anapesto en el cuarto); pero además de ella podemos señalar quibuscumque de causis y quam saevissime, y con una pequeña adaptación con respecto a la sucesión de las palabras en el texto de Suetonio, también sub paedagogo bárbaro fuit.

Por eso me parece legítimo sospechar que Suetonio haya parafraseado en prosa el contenido de un epigrama en senarios jámbicos y quizás podemos intentar reconstruirlo conjeturalmente utilizando hasta donde es posible las palabras mismas de Suetonio, aunque con las adaptaciones mínimas indispensables para alcanzar un texto en el cual Claudio hable en primera persona y todos los versos sean senarios jámbicos.

3. El resultado que propongo aquí no pretende ser definitivo y seguro, pero puede ayudarnos a demostrar que la hipótesis de que él deriva es razonable y quizás puede inducir a otros estudiosos a intentar una reconstrucción mejor. Para facilitar la lectura métrica he puesto acentos agudos sobre las sílabas en arsis.

Post tútelám recéptam aliéni arbítrií
diú sub paédagógo bárbaró fuí
et ólim ásperó (18) superiúmentárió
qui próxime (19) éx indústria áppositúst mihí
ut íctum quíbuscúmque dé causis flagró (20)
sempér coércerét me quám saevíssimé.

(<<Después de haber salido de tutela, yo permanecí por largo tiempo en poder de otros, bajo un pedagogo bárbaro que anteriormente había sido un brutal conductor mayor de mulos y que me había sido encajado a las costillas a propósito para que me castigase con la máxima severidad golpeándome con el látigo por cualquier motivo>>).

En esta reconstrucción las palabras que no están en Suetonio son muy pocas y todas necesarias por exigencias métricas: aspero (o plagoso) al v.3, proxime al v.4, ictum … flagro al v.5, semper al v.6.

Quizás éstas no son las únicas selecciones posibles, ni las mejores, pero son todas palabras que, si estaban presentes en el texto original de Claudio, podían ser omitidas sin dificultad en la paráfrasis de Suetonio.

Con respecto a la métrica, tendríamos versos más o menos aceptables; hay sólo que señalar el v. 3, donde el problemático superiumentario nos obliga a suponer la falta de alargamiento de la e de super, aunque sea seguida por una consonante y una semiconsonante: de esta manera el cuarto pie es un anapesto, como en los versos 1 y 4.

No excluyo que las frases así reconstruidas constituyeran sólo la premisa y que el epigrama acabara con una pointe final de la que Suetonio no ha conservado nada, pero precisamente por eso tenemos que renunciar a toda tentativa de adivinarla.

4. Es posible que las premisas por las que he partido sean ilusorias y que por eso la calidad mediocre del epigrama que he intentado reconstruir dependa en forma exclusiva de mi limitada capacidad de versificador latino. Pero si estos versos reflejan de verdad, por lo menos aproximadamente, un epigrama de Claudio, tendríamos otra tesela para reconstruir la compleja personalidad intelectual del emperador.

Generalmente se repite que, en su multiforme actividad literaria, faltó la producción poética (21), que habría sido completamente extraña a su índole y a su formación de gris erudito, maniáticamente preso en un mundo cerrado y polvoriento y capaz de concentrar su atención sólo sobre detalles y curiosidades insulsas de la antigüedad (22).

La realidad aparece sensiblemente diversa. Desde hace tiempo se empezó a reconocer la profundidad y la originalidad de la cultura histórica de Claudio y su estricto y fecundo vínculo con el análisis y la práctica política contemporánea (23).

Ahora la posibilidad de un Claudio autor de epigramas, capaz de evocar con ironía su propias experiencias, se uniría muy bien con la imagen del político, del orador y del historiador que Marta Sordi ha delineado con eficacia, valorizando los documentos oficiales y los posibles ecos de su autobiografía y de sus obras históricas: <> (24).

Fuentes

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Cesare Letta **

Universitá di Pisa, Italia

(1) SUET., Claud., 2, 2.

(2) Cfr. HURLEY, D.W., en SUETONIUS, Divus Claudius, ed. by D.W. Hurley, Cambridge University Press, Cambridge 2001, p. 6.

(3) Claudio se puso la toga virilis, es decir, el símbolo de la mayoría de edad, probablemente el 6 d. C.: cfr. LEVICK, B., Claudius, Batsford, London, 1990, p. 13; D. W. HURLEY, op. cit, p. 70.

(4) Cfr. SMILDA, H., en C. SUETONII TRANQUILLI, Vita Divi Claudii, Commentario instruxit H. Smilda, Groningae 1896, p. 16.

(5) Cfr. GUASTELLA, G., en SVETONIO, L’imperatore Claudio (Vite dei Cesari, V), a cura di G. Guastella, Marsilio editore, Venezia, 1999, p. 143.

(6) SMILDA, H., op. cit., p. 16: <>; Levick, B., op. cit., p. 17: <>; KIERDORF, W., en SUETON, Leben des Claudius und Nero. Textausgabe mit Einleitung, kritischen Apparat und Kommentar, hrsg. von W. Kierdorf, Schóning Verlag, Paderborn, 1992, p. 79: <>; GUASTELLA, G., op. cit., p. 167: <>.

(7) HURLEY, D.W., op. cit., p. 69: <>.

(8) El caso de Nerón, que habría tenido como pedagogo a un bailarín y a un barbero (Suet., Nero, 6, 3), es totalmente diverso, porque se refiere a la fase privada de su niñez, cuando su madre fue desterrada y él había sido acogido sólo por lástima por una tía (Suet., loc. cit.).

(9) SUET., Claud., 4, 5 (Atenodoro y Sulpicio); 41, 1 (Livio). Para la identificación con Atenodoro de Tarso cfr. C. CICHORIUS, C., Romische Studien, Leipzig 1922, pp. 279 ss.; PARKER, E. R., <>, AJPh 1946/67, (pp. 29-50), p. 41; Schmidt, P. L., <>, en Strocka (ed.), V. M., Die Regierungszeit des Kaisers Claudius (41-54 n. Chr.). Umbruch oder Episode? (Freiburg im Breisgau, 1991), Philipp von Zabern, Mainz, 1994 (pp. 119-128), p. 120. En cambio, son escépticos Bardon, H., Les empereurs et les lettres latines d’Auguste a Hadrien, Presses Universitaires de France, Paris, 1940, (pp. 125-161), pp. 125 s. y MALITZ, J., <>, en STROCKA, V.M. op. cit., (pp. 133-141), p. 135, que prefieren pensar (con Smilda, H., op. cit., p. 22) a Claudius Athenodorus, que después fuepraefectus annonae bajo Nerón (CIL, VI, 8470 = 1LS, 1535).

(10) SUET., gramm. et rhet., p. 21. Brugnoli: <>; cfr. PARKER, E. R., op. cit., p. 37, según la cual Verio Flaco y todos los otros maestros llamados por Augusto a la casa imperial tuvieron como discípulos no sólo a Gayo y Lucio César, sino también a Agripa Póstumo y Claudio.

(11) HOR., ep., II, 1, 70-71.

(12) BARDON, H., op. cit., p. 129; Huzar, E., <>, en ANRW, II.32.1, Walter de Gruyter, Berlin –New York, 1984, (pp. 611-650), p. 613, n. 14 (<> concerns his brutal tutor>>); LEVICK, B., op. cit., p. 17 (<>); MALITZ, J., <>, en WEBER, G., ZIMMERMANN, M. (edd.), Propaganda–Selbstdarstellung–Representation im romischen Kaiserreich des 1. Jhdt. n. Chr. (Historia Einzelschriften, 164), Franz Steiner Verlag, Mainz 2003, (pp. 227-242), p. 237 (<<Claudius’ beredte Klage über den brutalen Pferdeknecht, der ihm als paedagogus zugemutet wurde, wird von Sueton aus einer Spezialschrift zitiert…, gehorte aber sicher auch zum Stoffe von De Vita Sua>>).

(13) SUET., Claud., 41, 3. Cfr. KIERDORF, W., op. cit., p. 79; SORDI, M., <>, Rend. 1st. Lomb. 1993/127, (pp. 213-219), p. 213 (= Eadem, Scritti di storia romana, Vita e Pensiero, Milano, 2002, (pp. 463-469), p. 463); GUASTELLA, G., op. cit., p. 143; HURLEY, D. W., op. cit., p. 70.

(14) Según BARDON, H., op. cit., p. 129, <<le “quodam” révélerait … que Suétone n’apas eu l’ouvrage en main et expliquerait l’emploi de “libellus” pour désigner les huit livres de la “vita”>>. Pero esta explicación no es sostenible: Suetonio tenía un conocimiento directo y profundizado de la obra, porque estaba en condiciones de juzgar su estilo y decir que estaba escrita magis inepte quam ineleganter, <> (SUET., Claud., 41, 3); cfr. Hurley, D. W., op. cit., p. 229: <>.

(23) Además del importante reconocimiento de Momigliano citado en la nota precedente, véase SCRAMUZZA, V.M. The Emperor Claudius, Harvard University Press, Cambridge Mass. 1940, p. 45 y más recientemente BRIQUEL, D., <>, CRAI 1988, (pp. 217-232), p. 227; SORDI, M., op. cit.; DION, J., <>, en BURNAND, Y., LE BOHEC, y MARTIN, J.-P. (ed.), Claude de Lyon empereur romain. Actes du Colloque (Paris-Nancy-Lyon, 1994), Presses Universitaires de Paris–Sorbonne, Paris, 1998, (pp. 69-79), pp. 69-73, donde se subraya el sentido político de las elecciones literarias de Claudio. Las reflexiones más convincentes y completas son las de PICARD, G.-Ch. Claude rénovateur de l’Empire, en BURNAND, Y., LE BOHEC, y MARTIN, J.P., op. cit., pp. 193-200.

(24) SORDI, M., op. cit., p. 465.


Fuente: Intus-Legere Historia. 1.1-2 (Jan. 2007): p29+.