Durante casi tres décadas, el guitarrista uruguayo Eduardo Fernández ha disfrutado de la reputación de ser uno de los grandes maestros de su instrumento. Ha ejecutado en cientos de conciertos en toda Europa, Asia y el continente americano, y ha grabado más de treinta LP y discos compactos, además de un reciente DVD. Su vasto repertorio incluye las obras clásicas para guitarra, además de oscuras joyas descubiertas mediante una paciente investigación. Los conciertos y grabaciones a menudo incluyen sus propias transcripciones de conocidas composiciones escritas para otros instrumentos, especialmente un reciente disco compacto de las suites de Bach para laúd, que varias revistas de guitarra nominaron para << la grabación del año >>. Como compositor, ha escrito una importante cantidad de música de cámara, obras corales y piezas para guitarra. En años recientes, también ha dirigido seminarios y dictado clases de perfeccionamiento en la Universidad de Montevideo, dirigido un festival estival de guitarra en Alemania y publicado un libro –Técnica, mecanismo, aprendizaje. Una investigación sobre cómo llegar a ser guitarrista–que ha sido traducido a varios idiomas.

Tranquilo y retraído, Fernández vive modestamente con su esposa Ana Torres, que es compositora, en El Cordón, en el centro de Montevideo.

Atribuye gran parte de su formación como músico a los cuatro años que estudió con el maestro uruguayo Abel Carlevaro, que se destacó como ejecutante e influyente profesor de estudiantes de todo el mundo. Carlevaro había estudiado con Andrés Segovia, pero en los comienzos de su carrera comenzó a cuestionar el virtuosismo ostentoso y comenzó a formular un método alternativo basado en la solidez musical y la técnica precisa, prestando especial atención a la ergonomía de ejecutar el instrumento. Fernández, que había estudiado con el guitarrista y compositor Héctor Tosar y posteriormente con el director de orquesta italiano Guido Santórsola, convenció a Carlevaro de que lo aceptara como alumno.

<< En esa época tenía dieciséis o diecisiete años >>, recuerda Fernández. << Me obligó a repensar mi técnica y todo mi método. Con gran delicadeza me demostró de a poco que en realidad yo no sabía nada acerca del instrumento, pero con igual paciencia me ayudó a forjar una nueva técnica. También tenía una mente muy inquisitiva. Nunca estaba satisfecho con una respuesta rápida y decía: “tocar no es tan importante como pensar. Toca una hora pero piensa diez”. Mientras muchos guitarristas se concentran en lo que pueden hacer con los dedos, su enfoque holístico tenía en cuenta la mano, la muñeca, el brazo y el cuerpo, la manera de sentarse y sostener el instrumento para que la guitarra se acomodara al cuerpo y no al revés. Para él, los dedos eran solamente “los actores finales”. Nunca imponía nada con autoridad y estaba dispuesto a pasar horas discutiendo opciones interpretativas. Siempre estaba dispuesto a escuchar nuevas ideas. Como todos los grandes maestros, aprendía mucho de sus propios alumnos >>.

De joven estudió economía en la universidad, pero al poco tiempo decidió dedicarse a la música. << Al principio me preocupaba por la presentación en público. Cuando tenía veinte años y subía al escenario quería impresionar, que para un guitarrista significa mucha velocidad, volumen, pasión y adornos extravagantes >>. Pero a medida que fue madurando comenzó a preferir un enfoque más tranquilo, sutil y abstraído. Comenzó a explorar la riqueza tímbrica del instrumento y su potencial polifónico. También se esforzó por mejorar su técnica para poder ejecutar cada nota con una resonante claridad. << En primer lugar soy músico y luego guitarrista. Trato de captar la música de la pieza, de entenderla. Algunos piensan que la emoción es algo que puede verterse en la música como si fuera alimibar, pero yo pienso que proviene de la misma estructura de la música >>.

En 1972, a los veinte años, Fernández viajó al Brasil, donde obtuvo el primer premio del Festival de Guitarra de Porto Alegre. Tres años después, luego de ganar la competencia de Radio France en París, obtuvo el primer lugar en el prestigioso Concurso Internacional de Guitarra Andrés Segovia, que se celebra anualmente en Palma de Mallorca, España. << Siempre quise seguir una carrera de concertista pero no sabía si era lo suficientemente bueno >>, dice Fernández, << de manera que intenté establecerme mediante las competencias. Ser guitarrista siempre ha sido una carrera un poco marginal. A diferencia de un pianista o violinista, al guitarrista no lo invitan seguido a tocar con orquestas, no por la falta de repertorio, sino porque las orquestas no conocen tan bien este instrumento >>.

En 1977 Fernández hizo su impresionante debut en la ciudad de Nueva York, y su presentación en el Wigmore Hall de Londres en 1983 fue igualmente exitosa. Un año después, firmó un exclusivo contrato de grabación con Decca, que dio como resultado dieciocho grabaciones en un período de diez años.

La discografía de Fernández refleja la amplitud de su gusto musical. << Me gusta lo antiguo, lo contemporáneo y todo lo que hay en medio. Soy omnívoro. Pero para cada grabación trato de que mis elecciones sean coherentes en una u otra dirección >>. Entre sus primeras grabaciones se encuentran varias colecciones de música para guitarra de España: Sor, Turina, Granados, Albéniz, Falla, Tárrega y Rodrigo. Con el tiempo, también grabó piezas de compositores latinoamericanos, como Barrios, Villa-Lobos, Ginastera y Brouwer. En los últimos años ha promovido la música asiática, especialmente la de Japón, donde la guitarra disfruta de una gran popularidad y donde Fernández realiza giras por lo menos una vez por año. En colaboración con el guitarrista japonés Shin-Ichi Fukuda, ha grabado dúos para guitarra como A Boy Named Hiroshimo, de Takemitsu y Atom Hearts Club Duo, de Yoshimatsu.

Esto no significa que Fernández haya abandonado a los antiguos maestros como Giuliani, Dowland, Vivaldi o Scarlatti, y mucho menos Bach. << Bach ha sido uno de mis preferidos desde el principio, dice. << En 1975, para la presentación final del concurso de Segovia, toqué mi propia transcripción de la Suite No 1 para laúd de Bach. Posteriormente, para Decca, dediqué toda una grabación a su música, incluyendo las Obras completas para laúd y arreglos de varias otras piezas conocidas como la chacona de la Partita en mi menor >>. Más recientemente, en 2000, después de revisar sus transcripciones Fenández volvió a grabar las obras de Bach para laúd, esta vez para el sello discográfico alemán Arte Nova. Entre las varias críticas favorables, Classics Today dijo: << Completamente idiomática, estilísticamente sólida y expresiva hasta la última gota … con una increíble técnica. Entre la gran cantidad de grabaciones de Bach para guitarra, este maravilloso disco se lleva todos los honores >>.

<< Hace poco hice una transcripción para guitarra de la Partita No 1 para clavicordio, de Bach que pienso que salió muy bien >>, dice. << Después de todo, Bach es Bach. No importa en qué instrumento >>. También he estado estudiando mucho su obra: la simbología, el uso de motivos, el significado religioso. Creo que para él la música era una forma de oración, aunque por motivos de discreción lo mantuvo para sí. Era un diálogo muy privado entre él y Dios. Cuando lo descubres es muy conmovedor. He estado estudiando la estructura de la música. Tiene mucho que ver con el discurso. Puedes encontrar estructuras retóricas. Esto también es fascinante, aunque obviamente demostrarlo durante una presentación es más difícil. He incluido una discusión de estas y otras ideas en un nuevo libro de ensayos sobre las obras de Bach para laúd >>.

Fernández se enorgullece de dos de sus grabaciones bastante recientes. Una es una colección de dúos para violín y guitarra de los compositores italianos Paganini, Giuliani y Gragnani, que grabó con el violinista ruso Alexander Markow, para el sello discográfico Erato. El otro es un disco compacto publicado por Labor Records denominado Between Two Worlds, que celebra una gran variedad de música tomada de tradiciones clásicas, latinoamericanas, folclóricas y populares. Incluye composiciones del guitarrista cubano Leo Brouwer, varias selecciones dedicadas a Villa-Lobos y Ginastera y arreglos de dos canciones de los Beatles (<< Eleanor Rugby >> y << Blackbird >>). En el disco también hay dos composiciones del maestro paraguayo Agustín Barrios. << Su obra me resulta fascinante. No es tan difícil como uno podría pensar porque es muy guitarrística, de la misma manera en que la música de Franz Liszt es pianística. Barrios tuvo que enfrentar tres problemas: en sus días, el instrumento no se tomaba en serio hasta el surgimiento de Segovia. Además era de América Latina, lo que lo hacía sospechoso a los ojos del público europeo. Y su herencia indígena no lo ayudaba. De manera que tuvo que promoverse a sí mismo como un cacique guaraní por razones comerciales. Afortunadamente, en la actualidad su trabajo como compositor finalmente está recibiendo la atención que merece >>.

Además de sus arreglos y transcripciones, Fernández compone con regularidad, aunque esto nunca es fácil debido a sus constantes viajes. << Escribo cuando tengo algo que decir y extrañamente, no escribo tanto para guitarra. Me resulta muy difícil hacer cosas para mi propio instrumento porque es muy idiosincrásico. Cada nota tiene que contar, de manera que en cierto sentido es más difícil que, por ejemplo, un cuarteto de cuerdas. Para la guitarra tienes que concentrar cosas. Si conoces bien el instrumento, como yo, tienes que poner cierta distancia entre el instrumento y tú mismo; de lo contrario terminas escribiendo clichés >>.

A pesar de sus reservas, en 1995 compuso A Medidation on << Sakura >> para el Cuarteto de Guitarra de Los Angeles (Sakura es una antigua melodía folclórica del Japón). Y en 2000 escribió un tributo a Piazzolla y Villa-Lobos para dos guitarras titulado << Astor Visits Heitor >>, que dedicó a Fukuda, con quien ejecuta a menudo. Otra popular obra de Fernández es su trío para flauta, violín y guitarra titulado Quiero decir, que compuso en 1992.

Durante años Fernández ha utilizado una guitarra fabricada por Daniel Friederich, un luthier francés que vive en París. El ahora septuagenario Friederich es uno de los fabricantes de guitarra más respetados e influyentes del mundo. A Fernández le gustan sus instrumentos porque son bien proporcionados, precisos, tienen suficiente potencia para una sala de recitales y a la vez un rico sentido tonal. << Lo que busco en una guitarra es un instrumento que obedezca mis ideas. La Friederich es muy buena si la sabes manejar >>, dice con una sonrisa. << Tiene volumen, pero a mí me interesa más la calidad del sonido. Más recientemente, mientras recorría Japón, compré una guitarra que me gusta bastante. También tengo una copia de una guitarra española del siglo XIX que usé para una presentación del Concierto de Aranjuez, de Rodrigo y el Caribbean Concerto, de Herbert Chappell. Hice ese proyecto con la Orquesta de Cámara Inglesa dirigida por Barry Wordsworth en CD y en DVD >>.

Fernández elogia el actual interés en la música con instrumentos de época. << Para encarar mejor la pieza es útil conocer la voz original. También es fantástico que haya tantos discos disponibles. Cada uno ayuda a entender la evolución del instrumento y a ver lo que está detrás de la música. Pero los instrumentos de época requieren tiempo para hacer ajustes técnicos. Con la guitarra del siglo XIX necesité aproximadamente tres meses para acostumbrarme. El instrumento es más pequeño, con menos tensión que una guitarra moderna, de manera que los grandes contrastes dinámicos resultan prácticamente imposibles. Pero hay más melodía y es muy expresiva. También es necesario utilizar una técnica diferente con la mano derecha y limarse mucho las uñas. Es un poco como pasar del piano moderno al pianoforte: un toque diferente, una reacción diferente por parte del instrumento pero muy gratificante. En algún momento me gustaría aprender a tocar un antepasado de la guitarra, la vihuela, porque aún no es muy conocida y hay mucha música a la espera de ser ejecutada y grabada. Pero ahora no tengo tiempo >>.

Fernández se siente igualmente cómodo con la música contemporánea y especialmente las nuevas composiciones provenientes de América Latina. << En los últimos años mucha gente se ha interesado en componer para guitarra, incluso compositores uruguayos como Eduardo Fabrini, Héctor Tosar, Diego Legrand y Sergio Fernández; y también mi esposa, Ana Torres, que es de Colombia. El compositor peruano Celso Garrido-Lecca ha escrito un maravilloso concierto y una gran pieza para guitarra solista llamada Simpay. El brasileño Marlos Nobre, como su antecesor Villa-Lobos, ha producido una considerable cantidad de piezas para guitarra, incluyendo algunos hermosos dúos. Al otro lado del río, el argentino Juan Falú, un excelente guitarrista como su tío Eduardo Falú, ha compuesto algunas piezas que he grabado. He trabajado con el compositor puertorriqueño Ernesto Cordero, que escribió un nuevo Concierto Festivo para guitarra que ejecuté durante del Concorso Internazionale di Chitarra Classica de 2005, en Alessandria, Italia. También he estado trabajando con el barítono uruguayo Carlos Carzoglio. Hace cuatro años hice un arreglo para guitarra del ciclo de canciones de Schubert Die Sch6ne Müllerin. He revisado estos arreglos y también estoy muy contento con este trabajo >>.

Además de sus responsabilidades como docente en su país natal, todos los años, en julio, Fernández dirige el Festival Internacional Abel Carlevaro << Guitarra y Naturaleza >> en Erlbach, en la hermosa campiña de Sajonia. Durante años, el mismo Carlevaro dirigió y ofreció clases de perfeccionamiento en este festival, pero desde su muerte ocurrida en 2001 Fernández ha asumido estas responsabilidades. La misión declarada del festival es perpetuar la escuela de técnica de Carlevaro, que incluye aprender no solamente a ejecutar el instrumento sino también la importancia de las cosas que van más allá de las notas. Como explica Fernández, << el objetivo final es ayudar a los participantes a desarrollar sus propias interpretaciones y su propia personalidad musicales >>.

Fernández es optimista en cuanto al estado de la música clásica. << Creo que cada vez más personas están acercándose a la música, más que antes >>, dice, << aunque a veces esto significa bajar el denominador común. Hay dos maneras de abordar este problema. Una es elevar el nivel de los recién llegados, porque para apreciar algunos tipos de música se requiere trabajo, no solamente escuchar. Es necesario escuchar muchas veces para familiarizarse con el trabajo en un nivel diferente y entender el contexto de la pieza. Espero que esto sea lo que está pasando. Muy a menudo los músicos tratan de bajar el nivel de sus ejecuciones para el público, lo cual es un error. Nunca hay que subestimar al público. Creo que todos tienen el potencial de conmoverse por la música y entender el mensaje. Si tratamos de explicarlo honestamente, si ofrecemos un contexto y cierta historia, creo que es posible llegar a estos nuevos aficionados >>. 

DISCOGRAFÍA SELECCIONADA

Arte Nova 74321885642 Guitarra romántica, con obras de Sor, Aguado, Regondi, Mertz

Arte Nova 74321828492 4 suites para laúd (transcritas para guitarra)

Decca 414-616-2 Villa-Lobos: 12 estudios, 5 preludios; Ginastera: Sonata

Decca 421-434-2 J. S. Bach: Suites completas para laúd (2 discos compactos)

Denon COCQ-83079 (dúo con Shin-Ichi Fukuda), con obras de Yoshimatsu, Takemitsu, Rossini/Giuliani, Rodrigo


Fuente: Bach, Caleb. “Hasta la última nota: en conciertos y grabaciones, Eduardo Fernández explora el potencial polifónico de la versátil guitarra.” Américas, Mar.-Apr. 2006, p. 52+