Uno de nuestros snacks más característicos es el chifle piurano y es indispensable en cualquier comida regional o en los encargos que piden cuando se enteran que estamos por Piura y vamos a regresar: ¡Trae chifles! Sin embargo, la palabra chifle tiene un origen que no es precisamente autóctono. Aquí te explicamos por qué.

La mismísima Martha Hildebrandt consignaba el término chifle entre los de origen incierto en su tesis doctoral (1949). El padre Esteban Puig, un estudioso de los piuranismos, creyó en un primer momento que se trataba de un indigenismo tallán, pero luego desistió de esta idea sin atribuírle un origen seguro.

Para el estudioso Carlos Arrizabalaga, autor de “El dejo piurano”, pensar que chifle fuera un término tallán era muy aventurado, más cuando el plátano proviene de las colonias portuguesas del África.

“Chifle es palabra castellana antigua que proviene de chiflar como chiflado, chiflón y mercachifle, aunque sus significados ahora sean tan dispares que resulte opaco su origen común”, indica en su libro.

Arrizabalaga afirma que chifle originalmente era el instrumento que se usaba para chiflar, así como silbato es el instrumento que sirve para silbar. Este objeto se hacía con un cuerno de res al que se le practicaba un orificio para poder llamar a largas distancias. “En Guatemala chifle significa todavía tal apéndice”, indica en su libro.

Concluye que nuestros chifles pasaron a designar a las rodajas de plátano fino por metáfora, ya que los retorcidos chifles asemejan a la forma de unos cuernecillos. Del mismo modo que el término cachos sirve para los conocidos cachitos de pan que tienen forma de media luna.


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