Charlie Chaplin, el pequeño vagabundo que hizo reír a millones en todo el mundo, sigue haciéndolo

Hacia los años 20, era habitual ver a la entrada de los cines norteamericanos una figura de cartón con la imagen de un vagabundo con bigote que decía “Hoy estoy aquí”. La publicidad de una película de Chaplin era una promesa de felicidad, de ese momento preciado y asombroso en que el arte es capaz de darnos lo que la vida nos niega.

Ochenta años después Chaplin sigue entre nosotros. Fue el primero, y hasta la fecha el último, en ocuparse de todos los pasos del proceso cinematográfico.

Fundó su propio estudio, United Artists, con Douglas Fairbanks, Mary Pickford y D.W. Griffith, y él mismo produjo, asignó papeles, dirigió, escribió los guiones y la música y editó las películas que protagonizó. El realizador Mack Sennett lo consideraba “el artista más grande todos los tiempos”. George Bernard Shaw, Marcel Proust y Sigmund Freud se cuentan entre sus primeros admiradores.

Nació en Londres en 1889 y nunca supo quién fue su padre. Hannah, su madre, era una actriz de poca monta que se pasaba la vida en sanatorios mentales.

A los 10 años Charlie dejó la escuela para trabajar como mimo y chico para todo en los vodeviles ingleses.

Aquel ambiente de pobreza inspiraría su inolvidable creación: la figura del vagabundo. Chaplin se distinguió desde el primer momento por su extraordinaria agilidad, gracia expresiva, sincronización perfecta e inagotable inventiva y genio. Tras llegar a EE.UU. en 1910, comenzó a trabajar en los estudios Keystone en Nueva York en 1913 , y su primer film, Making a Living (1914), le valió el reconocimiento nacional. El actor, y no la cámara, era el protagonista en sus filmes. Chaplin descubrió en seguida la esencia de su personaje y la trama de sus historias, y nunca los abandonó del todo. Durante 13 años se resistió al cine sonoro.

Cuando finalmente cedió, las obras maestras como El gran dictador (1940), Monsieur Verdoux (1947) y Candilejas (1952), fueron variaciones sonoras de sus grandes películas mudas -El chico (1921), La quimera del oro (1925), El circo (1928) y Luces de la ciudad (1931).

Con la llegada de la Guerra Fría, en el ambiente inquisidor y conflictivo de finales de los 40 y los 50, el mensaje cada vez más politizado de sus películas y su manifiesto apoyo a los pacifistas, comunistas y partidarios soviéticos le hacían sospechoso. Su debilidad por las adolescentes tampoco ayudaba precisamente a su imagen pública. Sus dos primeras esposas tenían 16 años cuando se casó con ellas; la última, Oona O’Neill, hija de Eugene O’Neill, tenía 18. En 1952, dos días después de su partida a Inglaterra para promocionar Candilejas, el Fiscal General de Estados Unidos, le canceló la autorización de reentrada al país. Chaplin se estableció con su mujer Oona y su familia en Suiza, donde moriría en 1977. Con la década de los 60 la suerte de Chaplin en Estados Unidos dio un giro. A los 83 años realizó una visita a este país para recoger el Oscar especial otorgado por la Academia, y manifestó que había abandonado hacía tiempo sus ideas radicales. Sin embargo, el cautivador encanto y el brillo de sus películas no se pueden separar de sus convicciones.

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