Interrogarse por el saber de la arquitectura es reflexionar no sólo acerca de lo que la arquitectura debe desentrañar sino también por la condición misma de aquellos a quienes va dirigida la actividad del construir, quienes, en última instancia, serán beneficiarios o sufridores de su realidad.

Formuladas así las cosas, las preguntas adoptan una doble dirección: debemos averiguar con qué fines construye el hombre y cómo, a su vez, lo construido influye en los hombres, habida cuenta que, para la humanidad, la actividad constructora no es optativa sino inevitable.

Cuando A. Loos negaba la categoría de arte a la arquitectura reconocía su condición de necesidad frente a otras labores, específicamente artísticas, carecientes de aquel sentido de obligada existencia.

Ha sido muy citado, pero resulta útil volver a él: “1.° Construir es propiamente habitar. 2.° El habitar es la manera como los mortales son en la tierra. 3.° El construir como habitar se despliega en el construir que cuida, es decir, que cuida el crecimiento… y en el construir que levanta edificios”1.

Así se expresaba M. Heidegger en su Construir, habitar, pensar, reconociendo y afirmando que lo construido ampara al hombre, cuida su crecimiento y como el hombre no puede habitar sin construir.

Es, por tanto, en el continuado disponer y proporcionar espacios que conducen a la identificación de funciones y a nuevas formas de acción, en una paulatina complejización del habitar, como la actividad arquitectónica logra y desarrolla su conocimiento.

Naturalmente aquella inevitabilidad de la existencia de la arquitectura introduce graves condiciones en cuanto a las repercusiones que de ella derivan. Lo que implica obligada existencia no puede tener el mismo alcance que lo que se desenvuelve en el ámbito de la opcionalidad. Y ¿no aparecerán entonces pertinentes, aunque quizá incómodas, preguntas por la dimensión ética de la arquitectura y también, claro está, por la condición misma del arquitecto?

Sigamos con las preguntas: ¿Qué significaría entonces ser arquitecto? Aún más ¿A quiénes puede considerarse arquitectos, más allá, del simple saber hacer edificios? La mayor parte de la actividad edificatoria que en el mundo ha sido, y aún es, no esta realizada precisamente por arquitectos. A propósito del valor de la arquitectura anónima, B. Rudofsky justifica el objetivo de su ya mítico libro Arquitectura sin arquitectos escribiendo: “Esta obra pretende demostrar que la filosofía y el saber como obrar de los constructores anónimos, presenta la mayor fuente de inspiración arquitectónica aun no abordada por el hombre industrial. La sabiduría que pueda derivarse va mas allá de consideraciones económicas y estéticas, ya que enfrenta los problemas mas difíciles y engorrosos de la convivencia humana”2.

Quién es arquitecto, no es por tanto una pregunta insignificante, ni que pueda responderse por categorías comúnmente asumidas. Contestarla en profundidad significa abordar la condición misma de la arquitectura.

Sigamos preguntando: ¿Deben hacerse todos los edificios que pueden hacerse, o, sólo aquellos que deban hacerse? Las ineludibles repercusiones que derivan de lo edificado hacen esta interrogación inevitable. No responder categóricamente significa escurrir el bulto, ignorar la última pregunta, quizá la más importante…

Saber si debe o no hacerse un edificio más allá, o quizá antes, del saber hacerlo, define al arquitecto, aunque esta sabiduría no sea por sí sola abarcadora de la total esencia del arquitecto.

N. Bilbeny recuerda que Platón en el Eutidemo escribió que “una profesión no es un simple “hacer”, sino un “saber hacer” que implica, por ello, conocer el sentido y la utilidad de lo que se hace”3.

Parece de ello deducirse que la dimensión ética del problema del saber arquitectónico no debe separarse, muy al contrario, de su dimensión de finalidad. Al lado del qué está la pregunta socrática del para qué.

Para quien aspira a saber, lo más importante es tener inquietud y la capacidad de indagación, que es tanto como la necesidad de la interrogación. Desde el arte, Chillida lo ha expresado magníficamente: “El deseo de

experimentar, de conocer, me hace llevar con frecuencia, llevar a mi obra una marcha discontinua; que a lo mejor se debe a que me interesa más la experimentación que la experiencia, también prefiero el conocer al conocimiento”4.

Saber en arquitectura, no es solo conocer el dato técnico, las leyes de la geometría, o los datos históricos, ni tampoco saber hacer un edificio.

El adecuado conocimiento de la arquitectura se logra en un conjunto integrador de saberes: los que provienen de la cultura y los que derivan de la civilización. Los primeros, emanados del conocimiento de la historia de la arquitectura, de cómo a lo largo de todas las épocas los arquitectos han ido dando respuestas a las necesidades que la sociedad quería satisfacer, al mismo tiempo que eran capaces de expresar su sentido propio del habitar, como expresión de su modo de entender el ser en este mundo. Los segundos, del conjunto de saberes tecnol?gicos que la civilizaci?n ha ido poniendo a disposici?n de los arquitectos y que, en s? mismos, son portadores de significados. Dec?a Mies van der Rohe, hace casi setenta a?os, a prop?sito de la dial?ctica entre pasado y presente en el ?mbito de la t?cnica: ?Debemos entender que toda la arquitectura est? basada sobre su propio tiempo, que solo puede manifestarse en tareas vivas y en medio de su propio tiempo. En ninguna edad ha sido de otro modo?5.

De otro texto de Mies se deduce claramente la importancia que ?l deba a una tercera fuente del conocimiento de la arquitectura, que no es otro que la capacidad individual para intuir, si no comprender, los cambios que cada renovado presente aporta: ?Igual que queremos forjarnos un conocimiento de los materiales, queremos aprender a conocer la naturaleza de nuestros fines y el lugar espiritual en el que nos encontramos. Eso es un punto de partida para la correcta actuaci?n en el campo cultural. Tambi?n aqu? debemos saber lo que es, porque dependemos de nuestra ?poca. Por eso deber?amos conocer las fuerzas b?sicas y progresistas de nuestro tiempo. Debemos emprender un an?lisis de su estructura y de los materiales funcionales y espirituales?6.

En cualquier caso, se trata de ofrecer respuestas desde la convicci?n y desde el af?n de convencer, no desde la aceptaci?n pasiva de las m?ltiples posibilidades. La b?squeda de la verdad exige profesi?n de fe, toma de posiciones, combate ideol?gico, no una mantecata actitud del todo vale, o en todo hay algo positivo.

Y, naturalmente, sin olvidar que la b?squeda del saber no nos ha de conducir a una verdad arquitect?nica definitiva sino, tan s?lo, a un abandonar la ignorancia y a una experiencia con la que afrontar las, eternamente mudables, solicitaciones de cada momento.

Quisiera referirme ahora, no a un saber, sino a un m?todo valioso del conocimiento arquitectónico; me refiero al debate, a la pol?mica o si se quiere, para emplear ideas socráticas, al di?logo.

Recordemos, por ejemplo, la que protagonizaron Cassini y Perrault a propósito de la construcción del edificio para el nuevo Observatorio en París: no se trataba de elección de formas sino de los criterios a adoptar. Confrontaban directamente dos poderosas ideas y lo hicieron con enorme repercusión en la arquitectura de su presente y de años posteriores, pues la tensión dialéctica que allí se desarrolla abre inmensos surcos, nuevas perspectivas que posibilitarán ideas superadoras de ambas. Allí, la cuestión era la confrontación entre la belleza y la eficacia y las consecuencias que ellas deberían tener en la organización arquitectónica del nuevo Observatorio. Uno y otro mantuvieron sus ideas pero de esta confrontación, con los años, saldrían posiciones superadoras de ambas, en una nueva síntesis.

En el siglo XX, cuando los términos de aquella polémica estaban superados, Le Corbusier y Karel Teige la renuevan, actualizándola (Fig. 01). Ambos se definen como funcionalistas, son modernos, entienden el valor de la utilidad. La cuestión se centraba en ver la utilidad como paso indispensable para la belleza, o si lo bello deriva automáticamente de la estricta utilidad.

Esta hermosa polémica refleja la confrontación de dos mentes sensibles al espíritu de su tiempo que pugnan por dilucidar un orden de prioridades, despliegan sus verdades y junto a ellas la fuerza y la sutileza de sus argumentos. Ambos se atienen a las reglas del juego, puesto el objetivo únicamente en la clarificación de sus respectivas ideas. Y con su confrontación están produciendo el resultado más interesante: todo un ámbito de reflexión y conocimiento para lo arquitectos de su tiempo y quienes habrían de sucederles.

El conjunto de debates sobre la cubierta plana que tienen lugar en la Europa que finaliza el primer tercio del siglo pasado, arroja luz sobre la confrontación entre lenguaje y eficacia constructiva. Sus enseñanzas transcienden el debate puntual, que se supera, definitivamente, cuando las razones técnicas y la eficaz puesta en obra aseguran los resultados de la cubierta plana.

También Le Corbusier y Perret mantuvieron su particular polémica en torno a la forma de las ventanas: vertical u horizontal y más recientemente y en otro orden de preocupaciones, K. Frampton y A. Colquhoun a propósito del Regionalismo crítico y su alcance como terminología capaz de entender la confrontación entre globalidad e identidad. Podrían añadirse bastantes mas ejemplos en la ilustración de este modo de profundizar en el análisis, en la búsqueda definitiva y no lograda de la verdad.

En otro orden de cosas, la tensión hacia el conocimiento, a veces, recorre caminos anticipatorios a partir de propuestas aún no maduras para su aplicación inmediata, pero fértiles como vivero de ideas. Los pensamientos arquitectónicos de Chernikhov (Fig.02), muestran la pasión de este arquitecto constructivista por indagar en las profundidades de lo arquitectónico, pero el mismo Chernikhov se encarga, en los escritos que acompañan a sus dibujos, de aclararnos que él no propone arquitecturas, que sus fantasías o romances arquitectónicos no esperan ser construidos. Su exploración no se dirige entonces hacia lo inmediato sino hacia la investigación, aguarda que condiciones futuras permitan lo que su imaginación alumbra. He aquí la profunda consciencia de lo que de su trabajo podía esperarse: que sirviera en algún momento futuro para incentivar nuevos caminos; aspiraba a ser catalizador de nuevas posibilidades. Esta es la gran diferencia entre sus pensamientos y tanta banalidad presente.

A veces la investigación arquitectónica conduce a tipologías lógicas, construibles, valiosas en sí mismas pero que necesitan el contraste con la existencia real, y ahí puede que no superen momentáneamente la prueba. Muchas veces me he preguntado por qué el Narkomfin de Ginzburg (Fig. 03), o los Inmuebles-Villa de su alter ego, Le Corbusier, han resultado experiencias aisladas o no llegaran a construirse y en cualquier caso con escasos resultados. Seguramente se adelantaron a su tiempo. Estas propuestas se apoyan en argumentos sólidos, funcionales y técnicamente impecables, pero no existían aún los grupos sociales capaces de encontrar en ellas adecuado acomodo. Después de años de languidecer, hoy, la unidad de Habitación de Marsella (Fig. 04) es lugar ambicionado para vivir y los nuevos artefactos edificatorios, las investigaciones que se estén llevando a cabo para alojar a gentes de edad madura, jóvenes o inmigrantes caminan por surcos abiertos por Gínzburg o Le Corbusier. Era solo cuestión de tiempo.

El saber de la arquitectura, como de cualquier otra actividad, no tiene por objeto el éxito social. Sin embargo, en nuestro presente muchas veces la búsqueda inmediata del éxito se resuelve como objetivo principal. Acaso no diagnostica acertadamente F. Purini cuando escribe: “El abandonarse a los ritos de lo “maravilloso”, a las aventuras decorativas, a las intemperancias retóricas, a las exasperaciones simbolistas, denuncia el desmoronamiento de aquella tensión cívica, imprescindible para el renacer de una investigación seria, y que necesariamente acaba sospechando de las frecuentes concesiones a favor de lo privado. Sobre las ruinas de lo que fue llamado “Estilo Internacional”, vemos crecer una nueva Internacional de la evasión sistemática del elogio de lo casual, de la solución personalista, en la cual se responde a la necesidad de la subjetividad a través de su caricatura”7.

¿Cuándo con argumentos de legítima aspiración a la técnica se usa y abusa, desmesuradamente, de los nuevos materiales, no se cae en una retórica equivocada de los mismos o se eligen sólo por banal snobismo? Peter Palchinsky el notable ingeniero, mandado ejecutar por Stalin en 1929, lamentaba que “los graduados en las escuelas de ingeniería rusas creen que todo el problema es puramente técnico, con lo que suponen que cualquier solución que incorpora los últimos adelantos científicos es la mejor solución”8.

Fijémonos ahora en algo imprescindible y que constituye parte de la identidad de quien aspira al saber arquitectónico: la capacidad de responder al ¿Qué quiero? Sin esta primera cuestión nada que acontezca puede tener valor decisivo o profundo sentido. Conviene recordar aquella tajante afirmación de Wright: “A menos que me dieran algunas limitaciones o requisitos definidos- y cuanto más específicos mejor- no habría problema, nada con que trabajar, nada que desentrañar ¿Y por qué ha de preocuparse entonces el artista?”9.

Uno de los primeros pasos hacia el conocimiento de la arquitectura se produce con la identificación del problema a desentrañar. Y entonces ese problema se constituye en la propia identidad del arquitecto, una identidad no monolítica e inalterable, sino en permanente reconstrucción, de modo que los descubrimientos de la indagación vayan transformando el propio conocimiento.

Conocemos la admiración que Mies sentía por Berlage, antes que por Behrens con quien tanto había colaborado, y de aquella admiración por la obra de Berlage quizá surgió el que sería su problema, su búsqueda del saber arquitectónico. Decía Mies: “Berlage fue un hombre de gran seriedad que no hubiera aceptado nada falso, él mismo dijo que no debía edificarse nada que no estuviera claramente construido. Berlage hizo exactamente eso. Y lo hizo hasta tal extremo que su famoso edificio de Amsterdam, la Bolsa, tenía carácter medieval sin ser medieval. La idea de una construcción clara se me presentó como uno de los fundamentos que debemos aceptar. Es fácil hablar de ello, pero hacerlo no lo es tanto. Resulta muy difícil llegar a esa construcción fundamental y después construir una estructura. Por estructura entendemos una idea filosófica. La estructura es el todo, de arriba abajo, hasta el último detalle- con las mismas ideas- Esto es lo que denominamos estructura”10.

Cuando el arquitecto llega a convicciones claras, frente a problemas bien formulados, la mayor parte del trabajo ya está hecho. Lo afirmaba Fuller (cito de memoria): “En el adecuado planteamiento del problema reside su solución”. Conocer supone clarificar la acción, y por lo tanto ejecutarla o desecharla con conocimiento de causa.

Volvamos de nuevo a Wright y recordemos el valor que daba a lo que llamaba la búsqueda de los principios 11. Lo importante para él era justamente eso, buscar y conocer los principios, la línea de actuación, los valores a significar. Conocidos estos, el proyecto sólo debe atenerse a ellos, el trabajo queda resuelto. Los principios son la fertilidad misma, decía Wright.

Se podría añadir que esa fertilidad es entonces, ahora, conocida su razón de ser, una fertilidad gozosa, plenamente satisfactoria. La verdadera y profunda satisfacción de quienes alcanzan el conocimiento y desde luego la de quienes alcanzan el saber de la arquitectura.

Y es una fertilidad gozosa porque los principios suponen atarse al mástil del barco de Ulises para no entregarse a las melodías enloquecedoras de las sirenas. La razón necesita afirmar su entramado, ordenar su discurso. Sin ella los estímulos hacen divagar, perderse en la ensoñación. Es necesario una y otra vez atarse al mástil para no arrojarse por la borda, para no sucumbir a los engaños que entran por los ojos de la cara, si queremos ver con los ojos del espíritu: “Arquitectura, creación pura de la mente”, nos recuerda Le Corbusier12.

Y los grandes edificios, como los principios fértiles, son los que dan razones profundas, en los que hay que fijarse y pensar, con lo que hay que confrontarse, los que el arquitecto que aspire al saber debe recordar para no seguir el cántico de las sirenas.

El pintor Manolo Valdés dijo: “La única manera de aprender en pintura es conocer lo que los demás hacen en una voluntad de añadir nuevas experiencias a lo conocido”, y añadía: “Para hacer una obra de arte es importante tener suficientes conocimientos almacenados en la cabeza y ver si a ese gran alfabeto se le puede añadir una letra”13.

Verdaderamente “añadir una letra” es ya tarea suficiente, Aalto se conformaba con haber descubierto una escalera…

No resisto la tentación de traer al recuerdo ahora a un poeta, a Pedro Salinas, que nos habla también del valor de conocer el pasado: “Saber por donde anduvieron los demás, le enseña a uno a saber por donde se anda”14.

Momentos fundamentales en el saber de la arquitectura son aquellos en que se produce una reformulación de sus principios, en los que se aporta una nueva visión, un nuevo hacer y un nuevo significar. Lo que había orientado, comunicado y cuidado del crecimiento del hombre (Heidegger), aquello que modeló mentes y llenó de aspiraciones queda de pronto arrinconado, la irrupción de un nuevo saber, que es sobre todo un nuevo modo de ver, hace caduco el pasado. Surge con la potencia de los arquitectos verdaderamente creadores, creadores no de nuevas formas, sino de nuevos principios. Por ejemplo, la búsqueda que persigue Boullée cuando abandona el ejercicio profesional para no distraerse en la búsqueda de fondo que, al lograrlo, acabará dando nuevo impulso no sólo a la arquitectura de su tiempo sino también a la de generaciones futuras.

Boullée sabía que no iba a construir sus proyectos pero construyó la arquitectura de nuevo, y la influencia de sus propuestas llegará hasta la modernidad. El conocimiento, el saber que Boullée aporta de golpe, con estruendo, hace enmudecer de admiración (Fig. 05).

Más próximo a nosotros, M. Guinzburg, al intentar definir su idea del Constructivismo, hacía hincapié en dos aspectos fundamentales: La revolución política y social en la URSS y las características propias de la era de la máquina que constituían el contexto de aquel momento social específico.

Guinzburg entendía el Constructivismo “como una de las facetas de la estética moderna, nacido de la vida ruidosa, impregnado de los olores de la calle, de su ritmo enloquecedor, de su sentido práctico y sus preocupaciones cotidianas, y de su estética; incorporando voluntariamente dentro de sí el “palacio del trabajo” y los carteles propagandísticos de los festivales populares, es sin lugar a dudas uno de los rasgos característicos del nuevo estilo, que acepta con avidez la modernidad en todos sus aspectos positivos y negativos15.

De este saber interpretar el mundo surgen los grandes arquitectos y resurge de nuevo la arquitectura. La sociedad para el común de los mortales está escrita y descrita, todo llega digerido, asimilado. Las opiniones generalizadas son ciertamente lugares comunes. El arquitecto capaz, el artista excepcional, aporta nuevas lecturas del mundo. “Es necesaria una extraña fuerza y abstracción de re-conocimiento, de referencia implícita para leer el mundo y no el texto del mundo tal y como ha sido previamente cifrado para nosotros”, según nos recuerda G. Steiner16.

Para el arquitecto hay dos confrontaciones: la primera, con el mundo, lo que este es en cada momento y la necesidad de saber interpretarlo; la segunda frente a los maestros que le precedieron. Su saber mirar es inseparable de lo que otros realizaron. Las respuestas no son únicas o definitivas y por lo tanto medirse con quienes le precedieron es a la postre inevitable.

Lo que el arquitecto debe proponer, debe saber hacer, es un descubrimiento, el conocimiento de un orden, una materialidad concreta que conecta con la interioridad de los hombres y produce en ellos respuesta desde el intelecto y desde los sentimientos. Respuestas que no son únicas, que dependen tanto de lo que se dice como de quien lo oye.

Como se ha escrito de la poesía y de los poetas… ¿Qué queda de la arquitectura cuando los datos, las descripciones, las interpretaciones se han terminado? Eso solo nos lo saben decir los verdaderos arquitectos.

Notas

1. Martin Heidegger, “Capitulo sexto. Construir, Habitar, Pensar” en: Conferencias y artículos (Barcelona: Ediciones del Serbal, 1944), 130.

2. Bernard Rudofsky, Arquitectura sin arquitectos (Buenos Aires: Eudeba. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1973), 6.

3. Norbert Bilbeny, Sócrates. El saber cómo ética (Barcelona: Ediciones Península, 1998), 30.

4. Eduardo Chill ida, Aromas- Pensamientos (Donostia: Chillida-Leku, 1998), poema 10.

5. Mies van der Rohe, “Arquitectura y modernidad” en: Escritos, diálogos y discursos (Mucia:COAAT de Murcia, 1981), 31.

6. Mies van der Rohe. Op.cit., 46-47.

7. Franco Purini, La arquitectura didáctica (Murcia: COAAT de Murcia, 1084), 32.

8. Loreb R. Graham, El fantasma del ingeniero ejecutado (Barcelona: Critica, 2001), 35.

9. Frank Lloyd Wright, “El estilo de la industria” en: El futuro de la Arquitectura (Buenos Aires: Editorial Posiedón, 2009), 74.

10. Mies van der Rohe, Escritos, diálogos y discursos (Murcia: COAAT de Murcia. 1981).

11. Wright, Op.cit., 74.

12. Le Corbusier, Towards a New Architecture (Nueva York: Dover Publication INC, 1986) 218 “Architecture, pure creation of mind”.

13. Eva Larrauri, “El pintor Manolo Valdés muestra en un curso cómo reinterpretar las aportaciones de otros artistas” entrevista en: El País (Madrid, 4 Julio del 2000).

14. Pedro Salinas, Jorge Manrique o tradición y originalidad, (Barcelona: Peninsula/HCS, 2003), 91

15. Moisei Gínzburg, Escritos, 1923-1930 (El Escorial: El Croquis Editorial, 2007), 191

16. George Steiner, Gramáticas de la creación (Madrid: Ediciones Siruela, 2001)

Sobre el autor

Celestino García Braña es arquitecto. Fue profesor de Teoría de la Arquitectura en la ETS de Arquitectura da Coruña y Decano del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia. En la actualidad, es el Presidente del DOCOMOMO Ibérico.

Asking ourselves about knowledge in architecture means reflecting, not only on which architecture has to unravel, but also on the condition of whom the activity of construction is addressed to, who will be, at the end, beneficiaries or suffers of their reality.

After this formulation, questions adopt a double direction: to identify the final aims for humanity is constructing and how, at the same time, the built world influences people, considering that this activity is not an option, but inevitable.

When A. Loos denied the category of art in architecture, he accepted its condition of necessity in contrast with other disciplines, artistic specifically, which lack of this sense of compulsory existence.

It is useful to remember here this oftquoted text: “1. Building is really dwelling. 2. Dwelling is the way mortals are on the earth. 3. Building as dwelling unfolds into the building that cultivates growing things… and the building that erects buildings”1.

M. Heidegger expressed these ideas in Building, Dwelling, Thinking, accepting and assuring that the built environment protects humanity, safeguards their growing and how people could not inhabit without building.

It is, therefore, in the continuous providing and organising spaces, that lead to the identification of functions and new forms of action, in a progressive complexity of dwelling, how the architectural activity achieves and develops its knowledge.

Naturally, that inevitability of the architecture existence introduces serious conditions regarding repercussions that derive from it. This, that implies compulsory existence, could not have the same scope than this is developed in the field of optionality. And, questions about the ethical dimension of architecture and these of the condition of the proper architect, do not appear now relevant, although uncomfortable?

Continuing with questions: What would it mean to be an architect? Even further, who could be considered as an architect beyond being able to do a building? The mayor part of constructions all around the world has been, and it is yet, not built precisely by architects. In relation to the value of anonymous architecture, B. Rudofsky justifies the objective of his legendary book Architecture without architects, writing: “The present work is the vehicle of the idea that the philosophy and know-how of the anonymous builders presents the largest untapped source of architectural inspiration for industrial man. The wisdom to be derived goes beyond the economic and aesthetic considerations, for it touches the far tougher and increasingly troublesome problem of how to live and let live”2.

Therefore, the statement “Who is an architect?” is not an insignificant question and could not be answered by categories commonly assumed. Answering it in depth means to address the proper condition of architecture.

Let’s continue questioning: Must all the buildings that could be done, done, or only these that must be done? The unavoidable repercussions that derive from construction make this question necessary. Do not answer categorically means passing the buck, ignoring the last question, maybe the most important…

Knowing if a building should be or not done further or closer defines the architect, even this knowledge was not by itself the only definition of the essence of an architect.

N. Bilbeny remembers that Plato wrote in the Euthidemus that “a profession is not a simple “making”, but a “knowing to make” that implies, for that, knowing the sense and the utility of this done”3.

It seems from that deducing that the ethical dimension of the architectural knowledge issue does not be separated, to the contrary, from the dimension of utility. Next to the what it is situated the Socratic question for what.

For those who pursue to know, the most important aspect is to have curiosity and the ability to explore, that it is the same as the necessity of questioning. From the world of art, Chillida expressed this idea fantastically: “The desire of experimentation, of knowing, makes me to take frequently, to take to my work a discontinuous rhythm; maybe the reason is that I am more interested in the experimentation than in the experience, also I prefer knowing than the knowledge”4.

Architectural knowledge is not only to be aware about a technical fact, laws of geometry, or historic data, neither be able to construct a building.

The appropriate knowledge of architecture is possible in an integrator set of wisdoms: these that come from culture and these that derive from civilization. The first, emanated from the knowledge of architectural history, of how architects were bringing answers to the necessities of the society thought contrasting times, in parallel to the capability to express their proper meaning of inhabiting as an expression of their way to understand their being in this world. The second, from the set of technological wisdoms that civilization were bringing to the architects’ disposition and that are holders of meanings by themselves. Mies van der Rohe used to say, almost seventy years ago, referring to the dialectic discussion between past and present in the technical world: “We must understand that all the architecture is based on its own time, could only be manifested in alive tasks and in its own epoch. Never has been in another way”5.

From another Mies text, it is deducible the interest that he had in a third source of knowledge in architecture, which is the individual ability to sense, if not understand, changes that each renewed present produces: “Just as we procure a knowledge of materials – just as we acquaint ourselves with the nature of the uses for which we build, so we must also learn to comprehend the spiritual and intellectual environment in which we find ourselves.That is a prerequisite for proper conduct in the cultural sphere. Here, once again, we must know what exists, for we remain dependent upon our epoch. That is why we should know the basic and progressist forces of our time. We must undertake an analysis of its structure and the functional and spiritual materials”6.

In any case, it consists on offering answers with conviction and from the aim to convince, not from the passive acceptance of multiple possibilities. Searching for the truth requires profession of faith, decision making, ideological struggle, not a softy attitude of anything goes, or everything has something positive.

And, naturally, without forgetting that searching knowledge does not lead us to a definitive architectural truth but only to abandon ignorance and to an experience with which we could face the eternal changing requests of each epoch.

I would like to refer now, not to a wisdom, but to a valuable methodology of architectural knowledge: I refer to the discussion, or rather controversy, using Socratic ideas, to the dialogue.

Remember, for example, this that Cassini and Perrault conducted referring to the construction of the new Observatory building in Paris: it was not an election of forms but criteria to adopt. They faced directly two powerful ideas and they carried out with an enormous repercussion in the present and future architecture, because the dialectic tension that was developed opened deep furrows, new perspectives that will make possible to overcome both ideas. There, the question was the confrontation between beauty and effectiveness and the consequences that both should have in the architectural organization of the new Observatory. Each one sustained their ideas but this confrontation, years after, lead to overcome positions in a new synthesis.

In the 20th Century, when the terms of this controversy were overcome, Le Corbusier and Karel Teige renew it, updating it (Fig. 01). Both define themselves as functionalist, modern, and they think they understand the value of utility. The question was focused on seeing the utility as a crucial step for beauty, or if the concept beauty derives automatically from the strict utility.

This interesting controversy reflects the confrontation of two sensitive minds to the spirit of the time, who fight to clarify an order of priorities, deploy their truths and, besides these, the power and finesse of their arguments. Both attend the rules of the game, putting the objective only in the clarification of the respective ideas. And with their confrontation, they are producing the more interesting result: a field of reflection and knowledge to architects of that time and future ones.

The set of debates about the flat roof that took place in Europe, which ends in the first third of the past century, threw light on about the confrontation between language and constructive effectiveness. Their teachings overcome the occasional discussion, which is overtaken when technical reasons and the effective construction assure the successful results of the flat roof.

Le Corbusier and Perret opened a controversy around the windows form: vertical or horizontal, and more recently and in another order of issues, K. Frampton and A. Colquhoun, referring to the Critical Regionalism and its scope as a terminology able to understand the confrontation between globality and identity. It could be possible to add quite more examples illustrating this kind of deepening in the analysis, in the definitive but not achieving searching of truth.

On other matters, sometimes the tension to knowledge follows anticipatory ways from immature proposals for an immediate application, but with fertile perspectives as an incubator ideas. The architectural thoughts of Chernikhov (Fig. 02) show the passion of this Constructivist architect to investigate in the architectural profundities, but Chernikhov manages by himself, in the writings that accompany the drawings, to clarify that he is not proposing architectures, his architectural fantasies or romances do not expect to be built. His exploration does not lead to the immediate but towards the investigation, he is expecting that future conditions could allow to build that his imagination unleashed. This is the deep consciousness about the expectations of his work: to be useful in a future moment to encourage innovative ways; he pursued to act as a catalyser for new possibilities. This is the enormous difference between his thoughts and so much banality present today.

Sometimes the architectural research leads to logical, constructible, valued typologies but it needs to be contrasted with real existence, and they could not pass the test momentarily. Many times, I asked myself why the Narkomfin of Ginzburg (Fig. 03), or the InmueblesVilla of his alter ego, Le Corbusier, have resulted isolated experiences or they had never been constructed and, in any case, with few results. Surely, they were ahead of their time. These proposals lean on solid, functional and technical impeccable arguments but they did not exist social groups that could find in adequate comfort. After years of languishing, today, the Unité d’Habitation of Marseille (Fig. 04) is an ambitious place for living and the new constructive artefacts in researches that try to accommodate ageing people, young or immigrants, are based on these lines opened by Ginzburg or Le Corbusier. It was only a matter of time.

The architectural knowledge, as in any other activity, does not have as an aim the social recognition. Nevertheless, in our days, many times the main objective is searching for an immediate success. Are not certain F. Purini when writes: “After being given in the rituals of “marvellous”, to the decorative adventures, to the rhetorical intemperance, to the symbolistic exasperations, the collapse of that civic tension is denounced, this which is necessary to revive a considerable research, and which necessary is finishing with suspicious about concessions in favour to the private. Over the ruins of this called “International Style”, we see a new International of the systematic evasion of casual praise, of personalist solution, which is an answer to the necessity of subjectivity through caricature”7.

When with arguments of legitimate aspiration of technic solutions, new materials are used and abused disproportionately, are we falling into a wrong rhetoric of them or are they selected only by banal snobbism? Peter Palchinsky, the notable engineer executed by Stalin in 1929, claimed that “graduates of engineering Russian schools believe that all the problems are technical, therefore, they suppose that any solution that includes the last scientific advances are the better ones”8.

Let’s look now to something essential that is part of the identity of who aspires to the architectural knowledge: the capability of answer: What I want? Without this first issue, nothing that occurs could have decisive value or deep sense. We should remember that radical statement of Wright: “Unless some limitations or defined conditions are present – more specific the best – this will not exist a problem, nothing to work with, nothing to unravel. Therefore, what is the issue of the artist?”9.

One of the first steps towards the architectural knowledge is produced with the identification of the issue to unravel. And then this problem becomes the own identity of the architect, an identity which is not monolithic or inalterable, but in permanent reconstruction, in a way that the discoveries of exploration are transforming the knowledge itself.

We know about the admiration that Mies felt about Berlage, more than Behrens with who was working for an extended period, and maybe from this admiration of Berlage work could arise his issue, his searching for architectural knowledge. Mies said: “Berlage was a very serious man who would not accept anything false, he said that nothing clearly constructed could be built. Berlage did exactly this. And he did it with so intensity that his famous building in Amsterdam, the Exchange Building, had a Medieval character without being Medieval. I understood the idea of a clear construction as a principle to accept. It is easy to talk about this but not to do it. It is difficult to achieve a primary construction and building a structure after. As structure, we understand a philosophical idea. The structure is the whole, from up to down until the last detail – with the same ideas – This is that we name structure”10.

When the architect achieves clear convictions, facing well formulated issues, the mayor part of the work is done. Fuller assure this (I quote from memory): “In the correct formulation of the problem is the solution”. Knowing implies clarify the action, and therefore, implement it or refuse it, fully aware of that decision.

Come back to Wright and remember the value he applied to this, named by himself as, the architectural principles 11. The most important was just this, looking for and knowing the principles, the line of action, the values to arise. Knowing these, the project has just to follow them and the work is done. Principles are the fertility itself, Wright said.

We could add that this fertility is, known its raison d’etre, a joyful fertility, entirely satisfactory. The real and deep satisfaction of who that achieve the knowledge and, certainly, these who achieve the architectural knowledge. And it is a joyful fertility because principles seem to be attached to the Ulises ship’s mast for not being given in to the maddening melodies of sirens. Reason must assure its framework, to order its discourse. Without it, stimuli make to ramble, being lost in dreaminess. It is necessary to tie to the mast for not being thrown the ship’s rail over and over, for not giving in the deceits that penetrate through the face eyes, if we want to see with the sense eyes: “Architecture, pure creation of mind”, Le Corbusier reminds us12.

And great buildings, as fertile principles, are providers of deep reasons, to look at, to think about, with which confront, these that architect who aspires to the architectural knowledge must remember for not being given to the sirens song.

The painter Manolo Valdés said: “The only way to learn in painting is knowing these of the others make with the aim to add new experiences to this knowledge”, and he added: “To make a work of art is important to have enough skills stored in mind and see if it is possible to add a letter to this great alphabet”13.

Actually, the sentence “adding a letter” is a sufficient task, Aalto was satisfied with being able to invent a staircase.

I could not resist the temptation to bring to the present a memory of a poet, Pedro Salinas, that also talks us about the value of knowing about the past: “To know about where the others walked, teaches ourselves to know where we are walking”14.

Important moments in the architectural knowledge are those in where a principles reformulation takes place, in where a new vision is provided, a new way of making and a new meaning. This that had orientated, communicated and took care of humanity growing (Heidegger), modelled minds and fulfilled of aspirations was suddenly rejected, the irruption of a new knowledge, that is mainly a new way of seeing, made obsoleted the past. It arises with the power of the real creative architects, not of new shapes, but of new principles. For example, the search of Boullée, when he left the professional practice to avoid the distraction of the deep searching, when he success, he gave a new boost not only to the architects of his time but also to the architecture of future generations.

Boullée was aware of not building his projects but he built the architecture of new, and the influences of his proposals would later arrive to the Modernity. The knowledge that Boullée provides abruptly make us mute of admiration (Fig. 05).

More recently, M. Ginzburg, trying to define the idea of Constructivism, stressed in two crucial aspects: The political and social revolution in the URSS and the characteristics of the machine era that were the context of that specific social moment.

Ginzburg understood the Constructivism “as one of the tasks of the modern life, born from the noisy life, imbued by the street smells, from a maddened noise, from its practical sense and its diary worries, from its aesthetic; incorporating voluntary the “palace of work” and the propaganda posters of popular celebrations, this is, undoubtedly, one of the characteristics of the modern style, that accepts the greediness of modernity in all its aspects, positive and negative”15.

Great architects arise from this capability to interpreter the world and then, architecture revives. Society for the common people is written and described, everything is run, assimilated. The general opinions are, certainly, usual places. The clever architect, the exceptional artist, provides new readings to the world. “It is necessary a special force and abstraction of re-knowledge, of implicit reference for reading the world and not the text of the world as it was encoded previously for us” , as it is remembered by G. Steiner16.

For the architect, there are two confrontations: the first one with the world, what this is in each moment and the necessity of being able to interpreter it; the second one, in front of the predecessor masters. To know how to see is inseparable from that others made. Answers are not unique or definitive and therefore, to confront with predecessors is, finally, inevitable.

This that an architect must propose, should know to make, is a discovering, the knowledge of an order, a concrete materiality that connects with the interiority of humanity and produces an answer from intellect and from feelings. Answers that are not unique, that are dependant both on who said something and who is listening to.

As it has been written about poetry and poets. What is remaining in architecture when data, descriptions, interpretations are finished? Only the real architects know how to answer this question.

Notes

1. Martin Heidegger, “Capitulo sexto. Construir, Habitar, Pensar” in: Conferencias y artículos (Barcelona: Ediciones del Serbal, 1944), 130.

2. Bernard Rudofsky, Arquitectura sin arquitectos (Buenos Aires: Eudeba. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1973), 6.

3. Norbert Bilbeny, Sócrates. El saber cómo ética (Barcelona: Ediciones Península, 1998), 30.

4. Eduardo Chillida, Aromas-Pensamientos (Donostia: Chillida-Leku, 1998), poem 10.

5. Mies van der Rohe, “Arquitectura y modernidad” en: Escritos, diálogos y discursos (Mucia:COAAT de Murcia, 1981), 31.

6. Mies van der Rohe. Op.cit., 46-47.

7. Franco Purini, La arquitectura didáctica (Murcia COAAT de Murcia, 1084), 32.

8. Loreb R. Graham, El fantasma del ingeniero ejecutado (Barcelona: Critica, 2001), 35.

9. Frank Lloyd Wright, “El estilo de la industria” in: El futuro de la Arquitectura (Buenos Aires: Editorial Posiedón, 2009), 74.

10. Mies van der Rohe, Escritos, diálogos y discursos (Murcia: COAAT de Murcia. 1981).

11. Wright, Op.cit., 74.

12. Le Corbusier, Towards a New Architecture (Nueva York: Dover Publication INC, 1986) 218 “Architecture, pure creation of mind”.

13. Eva Larrauri, “El pintor Manolo Valdés muestra en un curso cómo reinterpretar las aportaciones de otros artistas” entrevista en: El País (Madrid, 4 Julio del 2000).

14. Pedro Salinas, Jorge Manrique o tradición y originalidad, (Barcelona: Peninsula/HCS, 2003), 91.

15. Moisei Gínzburg, Escritos, 1923-1930 (El Escorial: El Croquis Editorial, 2007), 191.

16. George Steiner, Gramáticas de la creación (Madrid: Ediciones Siruela, 2001).


Fuente: Braña, Celestino García. Boletín Académico; Coruña N.º 7,  (2017): 175-188. DOI:10.17979/bac.2017.7.0.1998

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