Avina, Rafael

Matenme… porque me muero!

Sobreviviente de un pais sin cine, o tal vez, de un cine sin pais?, la producción fílmica nacional intenta encontrar ese camino perdido, recuperado y nuevamente extraviado en esta inacabable crisis del cine mexicano que no se remonta simplemente al sexenio salinista. No, la caída de la industria puede localizarse en los anos de la creación del Banco Cinematográfico a principios de los 50, cuando el gobierno toma las riendas del cine perdiendo mercados naturales, promoviendo amiguismos y corruptelas y financiando elefantes blancos y conste que no hacemos referencia al cine mexicano de los 90.

Se trata de una crisis en cascada en la que, asimismo, han aparecido como culpables los exhibidores, productores, directores, guionistas, actores, los temas, las modas e, incluso, la critica y el publico mismo. Todos y nadie son responsables de esa crisis fílmica que solo puede superarse haciendo cine; por ello, tiene razón el director Daniel Gruener al afirmar: “Las películas que han funcionado tienen mucho que ver con el talento individual de unos cuantos y muy poco con una infraestructura”.

En ese sentido, el reportaje adjunto elaborado por Blanca Ruiz resulta muy aleccionador para conocer las diversas posturas acerca de los problemas que la industria fílmica mexicana ha sufrido en su largo y sinuoso peregrinar, sostenido tan solo por la nostalgia de una epoca dorada. Con la ironia y puntualidad que la caracteriza, Blanca Ruiz reúne y contrasta la opinion de un grupo de personajes clave en este entramado en imágenes: directores, instituciones, productores privados, críticos, cineastas independientes, y el panorama no resulta muy alentador que digamos.

Dios los crea… Imcine productor o arbitro?

El cine mexicano se acerca cada vez mas a la utopía, aunque las instituciones, sus funcionarios y sus realizadores consentidos se encarguen de demostrar lo contrario mostrando un panorama distinto e irreal. Es un hecho que la cinematografía nacional se pierde en el olvido: no solo se producen menos cintas al ano, para colmo, la gran mayoria de ellas se exhiben varios anos despues y en ocasiones sin promocion alguna, como ocurrio con En el aire de Juan Carlos de Llaca y amenaza con suceder en la cinta de Lictor Saca, En el paraíso no existe el dolor. Para un pais en crisis moral, política y económica, un cine a la medida de su corrupción y su desamparo.

La cultura oficial aquella encargada de manipular y promover no solo el cine es un monstruo sin control. Una suerte de sociedad secreta que se alimenta del autoelogio y el culto al anquilosamiento. Instituciones, productores, directores, guionistas, actores e, incluso, criticos, forman parte de un circulo vicioso y tenebroso donde impera la ley del compadrazgo y el amiguismo. Es la cultura del presupuesto y la mentalidad festivalera donde se derrocha el dinero, y Arturo Ripstein aparece como la carta fuerte e incuestionable. Se mediatiza el talento y se desecha al que no se alinea como ha sucedido con cineastas como Ulises Guzman y el citado Victor Saca, por ejemplo.

Una cultura del fraude que es de hecho una practica cotidiana aplicada en todos los medios y niveles y que ha servido para eliminar a los acerrimos criticos de las instituciones; sin embargo, donde se agudiza el problema es precisamente en la cinematografia debido a lo cerrado del circulo y a la poca importancia que los ultimos sexenios le han prestado al cine. Mas grotesco aun resulta que las comisiones evaluadoras son generalmente las mismas que apoyan a su vez a los mismos cineastas y guionistas; una absoluta falta de pluralidad que se extiende a los Arieles, becas, promociones…, etcetera, etcetera.

Mucha razon tienen los productores privados como Rodolfo de Anda al afirmar que al Imcine le toca coordinar y no competir; curiosamente su mas reciente trabajo, Alta tension, fue rechazado en el pasado Festival de Guadalajara a pesar de encontrarse por encima de la mayoria de las elegidas. De hecho, el mismo Diego Lopez, cineasta y el unico funcionario al que la comunidad filmica le otorga ampliamente su voto de confianza reconoce que debe “regresarse al productor el papel fundamental que ha tenido en la cinematografia” asi como la importancia de la iniciativa privada en el fortalecimiento de una industria que ya no existe.

El cine no ha muerto, prevalecen los cineastas y las peliculas; una evidencia consignada en la asistencia masiva a cintas como Cilantro y perejil y Elisa antes del fin del mundo, un fenomeno antes visto con Rojo amanecer, El bulto o El callejon de los milagros. El caso de Elisa antes del fin del mundo resulta interesante porque mas alla de su vaguedad argumental conto con una inteligente campana publicitaria promovida por Roberto Gomez Bolanos, quien tiene la oportunidad y tal vez la capacidad de cambiar la imagen negativa sobre su persona que prevalece en los circulos “culturales” y a su vez la de poner en marcha una infraestructura filmica paralela en vias de levantarse como verdadera industria.

En conjunto al esfuerzo de productoras privadas y cooperativas independientes como aquellas promovidas por Gabriel Retes y Oscar Blancarte, Televicine llego a convertirse momentaneamente no solo en el Coco del Imcine y sus cineastas consentidos, sino en una nueva opcion para la reactivacion de nuestra alicaida industria. El injustamente vapuleado Jean-Pierre Leleu, al frente de ese nuevo Televicine que parecia dejar de lado las trepanadas Risas en vacaciones y cintas para lucimiento de estrellitas televisivas, visiono un cine de calidad comercial no siempre con resultados optimos pero alentadores.

La tijera de oro

Por ultimo, un tema en el que coinciden todos los sectores de nuestro cine es el aspecto legal. Es decir, las urgentes modificaciones a la ultima Ley Cinematografica auspiciada por Salinas de Gortari. La pesadilla del tiempo en pantalla para el cine nacional que paso del 50 por ciento al 30, y que en la practica solo funciona en una tercera parte de ese porcentaje o menos. Y de hecho, la comunidad filmica exige el 70 por ciento de las salas para la exhibicion de un cine mexicano inexistente.

En efecto, nada mejor para proteger y promover la cultura de un pais como su cine, debido sobre todo a la pobreza y la idiotez de nuestra television, por desgracia la produccion filmica nacional ha descendido de manera violenta de 120 cintas promedio a menos de diez. No obstante, la peticion de los cineastas acerca de recuperar un mayor tiempo en pantalla debe ser considerada si tomamos en cuenta la cantidad de peliculas mexicanas de esta decada lanzadas sin promocion, sin apoyo y en condiciones adversas.

Asimismo, podria rescatarse aquel cine mexicano de los anos 70 y 80 que rara vez es transmitido por las televisoras locales. Un concepto filmico que desconocen las nuevas generaciones, al igual que el cine de la llamada epoca de oro que ha sido arrinconado a transmisiones televisivas plagadas de anuncios comerciales, que suele sufrir mutilaciones de dialogos y escenas, e, incluso, severos cortes a secuencias completas para ajustar las peliculas a los tiempos comerciales.

Un punto final que merece sin duda un amplio reportaje: los realizadores, aquellos que con seguridad tendran que esperar varios meses o anos para ver proyectado en condiciones normales su trabajo, necesitan tambien un cambio de mentalidad por parte de esos otros protagonistas de nuestro cine. Hablamos de los exhibidores, quienes en ocasiones suelen despreciar lo que se filma en Mexico y a ese publico que acude a sus peliculas, compra en sus dulcerias y en ocasiones abarrota sus salas. Parafraseando a Tin Tan, de cuyos filmes hemos tomado algunos subtitulos, el cine mexicano no necesita que le den, sino que lo pongan donde hay…

Algunas propuestas:

* La creacion de un extenso circuito de pequenas salas, entre las que debieran incluirse los auditorios y salas filmicas de universidades, preparatorias y otras instituciones culturales, sean estatales o privadas, en donde pudieran exhibirse ciclos de cine mexicano reciente apoyados con retrospectivas.

* Ampliar la distribucion de cine nacional al mercado del video y la television, haciendo mas flexibles los derechos de exhibicion, para que las peliculas mexicanas tengan otras opciones, sobre todo para un publico que ha dejado de ir a las salas y que muy dificilmente se acerca a estas. Sin embargo, esto no debe ejecutarse de manera aislada, sino constante, creando una campana especial para el cine mexicano en video y adecuando espacios permanentes y horarios fijos por television.

* Eliminar la distribucion del cine nacional a traves de cualquier institucion burocratica. La promocion y distribucion deberia estar regida por organismos privados e instituciones culturales independientes, con campanas realizadas a su antojo, de tal manera de que la promocion no se cinera a una sola propuesta publicitaria.

* Renovar la Ley Cinematografica, para instituir de manera obligada la exhibicion del cine mexicano en un cincuenta por ciento del total de las salas de cine en nuestro pais. Esto, a traves de la creacion de pequenas salas y fomentando la reestructuracion de algunos cines para dividirlos en dos o tres espacios.

* Finalmente, imponer una suerte de impuesto aplicable al boleto de entrada y a los anuncios publicitarios en television y video para crear asi un excedente que sirviera para un fondo revolvente destinado a la elaboracion de proyectos cinematograficos, en los cuales pudieran debutar alumnos de las escuelas de cine o similares.


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