Tom C. Avendaño

Jair Bolsonaro va aupado a los hombros de sus seguidores sobre la multitud por la calle. La imagen de un día más su campaña por la presidencia de Brasil. Hoy lleva una camiseta amarilla, promocionando su agrupación, el Partido Social Liberal. Saluda triunfalmente a la multitud de una acera levantando un brazo y abre la boca, sonriente. Se gira para saludar a la otra acera, hace amago de levantar la otra mano y entonces ocurre. En una fracción de segundo se encoge sobre sí mismo, con las manos en el abdomen y la sonrisa ahora convertida en gesto de dolor, y se desploma sobre sus portadores. Es el momento, capturado en varios vídeos, en el que el ultraderechista Jair Bolsonaro, el candidato a la presidencia brasileña al que más votos y a la vez más rechazo otorgan las encuestas, recibe una puñalada en el abdomen. Un hombre, Adélio Bispo de Oliveiro, de 40 años, se le había acercado cuchillo en mano y le había infligido una herida que le llevó directo al hospital de Juiz de Fora (Minas Gerais), donde tuvo que recibir una intervención quirúrgica.

Ni en el peor momento de esta caótica campaña, ni en los otros sufridos por la primera potencia latinoamericana en su reciente democracia, se había visto algo nunca. Nunca un candidato había sido agredido y menos con un arma. Todos los pesos pesados de la política brasileña se han apresurado a condenar el ataque y subrayar el daño que ha sufrido hoy el proceso democrático. Desde el presidente Michel Temer hasta muchos de sus rivales en la campaña, como Lula da Silva, Ciro Gomes o Geraldo Alckmin. El Tribunal Electoral y la Orden de Abogados de Brasil también emitieron sus comunicados: “La democracia no aguanta este tipo de situaciones”.

La seriedad simbólica del suceso es prácticamente de lo poco que se puede confirmar del suceso Se sabe que el agresor fue detenido, pero no sus objetivos exactos. Que Bolsonaro está vivo, pero su familia ha ido cambiando las noticias sobre la salud: primero parecía que era una herida superficial, luego anunciaron que había tenido que ser operado y que no se sabía cuando sería trasldado a planta. También se sabe que ha suspendido temporalmente su campaña pero no cuándo volverá al redil, armado ahora con la autoridad que otorga ser superviviente, y con pruebas de que quienes ha estado llamando enemigos durante años son realmente peligrosos.

Que se sepa es tan solo un enemigo. Adélio Bispo de Oliveiro, exmilitante del Partido Socialista entre 2007 y 2014, un hombre retratado por su perfil de Facebook como defensor del presidente venezolano Nicolás Maduro y crítico frecuente de Bolsonaro. En referencia a su costumbre de defender la dictadura militar brasileña (1964 – 1895) y de decir que tendrían que haber matado más, Adélio escribió: “Da asco oír que la dictadura debería haber matado a unos 30.000 comunistas”. Otro de sus objetivos frecuentes: la “derecha masónica”.

El ataque viene precisamente tras uno de los días más desagradables dentro de una campaña que Bolsonaro ya venía inyectando de odio y llamadas a la violencia. El ultraderechista, famoso por su nostalgia por la dictadura, por su filosofía de que “el único bandido bueno es un bandido muerto”, por su plan de legalizar las armas en uno de los países más violentos del mundo, había subido el tono de sus discursos en su primera parada por Brasilia. Repitió una vez su amenaza de “fusilar” a los miembros del Partido de los Trabajadores (el de Lula da Silva): “Vamos a darle una patada en el culo al comunismo”, dijo. Se había reído de un periodista gay que le hizo una pregunta: “Tú tienes pinta de que te pintabas las uñas de pequeño”. Y por último, había cuestionado la legitimidad del proceso electoral brasileño. “Gane quien gane las elecciones va a estar bajo sospecha, sin duda”, había dicho.

Luego remató el día con una estupenda noticia: había vuelto a subir en las encuestas, de un 20% hace unas semanas a un 22%. Seguía siendo el favorito a la presidencia (solo por detrás de Lula da Silva, quien cumple pena en prisión y fue vetado como candidato el viernes pasado). Y también alguien a que el 44% del electorado se negaba a votar. El mayor rechazo de ningún otro candidato. A menos hasta que una tragedia impredecible cambie ese panorama.

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