Tras la entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, que se produjo el 26 de julio de 1822, el general José de San Martín le escribió una carta donde hace referencia del encuentro que sostuvieron en la ciudad ecuatoriana y en el que se discutió la liberación de Perú y la forma de gobierno para los nacientes estados sudamericanos. “Los resultados de nuestra entrevista no son los que yo tenía previstos para dar un final rápido a la guerra. Por desgracia, estoy completamente convencido de que o bien usted no ha estimado sincero mi ofrecimiento de servir a sus órdenes con las tropas a mi mando, o mi persona le resulta molesta. Las razones que usted adujo –que su tacto no le permitiría nunca darme órdenes y que, aunque ése fuera el caso, el congreso colombiano no lo autorizaría a separarse del territorio de Colombia- no me han parecido muy plausibles”.

Pide ayuda. En la misiva escrita el 29 de agosto de 1822, el comandante argentino solicita la colaboración de todo el ejército colombiano. “Estoy convencido de que, si usted expresara sus deseos, encontraría aprobación unánime, puesto que el objetivo es terminar la campaña que iniciamos y en la cual estamos comprometidos, con su cooperación y la de su Éjército, y de que el honor de llevarla a término recaería en usted y en la república que usted preside”.

Anuncia su retiro del país. Asimismo, San Martín le señala al libertador venezolano que se retira del país a fin de que él llegue al Perú y consolide la independencia. “Sea como sea, general, mi decisión está irrevocablemente tomada. He convocado al primer Congreso de Perú para el día 20 del mes próximo y, al día siguiente de su instalación, me embarcaré rumbo a Chile, convencido de que mi presencia es el único obstáculo que le impide a usted venir a Perú con el ejército a sus órdenes. Para mí habría sido el colmo de la felicidad terminar la Guerra de la Independencia a las órdenes del general a quien América debe su libertad. El destino ordena otra cosa y debemos resignarnos a él”.

Advertencia. Finalmente, le indica que es necesario guardar silencio sobre la situación del ejército libertador en aquel momento para evitar que los realistas (fuerzas formadas por españoles europeos y americanos para la defensa de la monarquía española) y los intrigantes saquen provecho. “Le he hablado, general, con franqueza; pero los sentimientos expresados en esta carta quedarán enterrados en el más profundo silencio. Si se conocieran, los enemigos de nuestra libertad podrían aprovecharse de los motivos de nuestros pesares; los intrigantes y ambiciosos sembrarían la discordia”.


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