Javier Lafuente, Carlos Salinas

Daniel Ortega ha iniciado este martes el ataque al gran bastión de la resistencia en Nicaragua. El país ha amanecido con la incertidumbre de lo que ocurrirá en Masaya, especialmente en el barrio indígena de Monimbó. Las primeras informaciones apuntaban a que entre 1.500 y 2.000 personas armadas, entre Ejército, Policía y paramilitares a las órdenes de Ortega, habían bloqueado los accesos a la ciudad heroica, situada a 35 kilómetros de Managua, para iniciar el asedio a uno de los lugares que hasta ahora se había mostrado impasible ante las fuerzas leales al presidente.

La estrategia de Ortega es clara. Cualquier atisbo de resistencia debe ser eliminado antes del jueves, cuando se cumplirán 39 años del triunfo de la revolución sandinista. El aniversario coincide con el momento de mayor represión del régimen hacia la población, después de casi tres meses de protestas, que han dejado más de 300 muertos. Si el fin de semana Ortega decidió atacar la Universidad Nacional de Managua (UNAN), el principal bastión de la resistencia estudiantil, ahora era el turno de Masaya.

El jefe de la Policía de Masaya, Ramón Avellán, advirtió el lunes que “limpiarían” la ciudad al costo que fuera. “La orden de nuestro presidente y de la vicepresidenta (Rosario Murillo, esposa de Ortega) es ir limpiando las calles. Y esa petición de la población de Monimbó, que es nuestro Monimbó, y nuestra Masaya, vamos a cumplirla. ¡Al costo que sea!”

“¡Atacan Monimbó! Las balas están llegando hasta la parroquia María Magdalena, en donde está refugiado el sacerdote. ¡Que Daniel Ortega detenga la masacre! ¡A la gente de Monimbó les ruego, salven sus vidas!”, tuiteó Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua en torno a las 8 de la mañana, anunciando el inicio de unos ataques de los que se tienen poca constancia. Los accesos a Masaya están bloqueados y la información que llega, la mayoría a través de las redes sociales, es muy confusa.

Masaya es considerada la capital del folclore de Nicaragua. Por sus calles se escuchan las marimbas que son fabricadas por sus artesanos y de los talleres cuelgan las máscaras que ocupan los danzarines para bailar su famosa danza negra. Esta ciudad es adorada en este país por su cultura y su larga lucha de resistencia. Ya sus vecinos se habían enfrentado con coraje contra la dictadura somocista, que en sus momentos de agonía ordenó bombardearla y desde abril se ha levantado en barricadas contra Daniel Ortega.

El epicentro de la resistencia es el barrio indígena de Monimbó, el barrio bravo de Masaya. Aquí se han organizado pequeños “comandos” de vigilancia que resguardan la seguridad de sus habitantes, gente indómita que siempre se ha negado a ser sometida. Es cierto que hasta hace tres meses este barrio declaraba cierta lealtad al Frente Sandinista, más por el pasado de la lucha contra la dictadura, pero desde el inicio de la represión de abril –cuando comenzaron las protestas contra Ortega– sus vecinos se rebelaron contra el régimen.

Masaya llegó incluso a declararse “territorio libre del orteguismo” y sus vecinos hablaron incluso de crear una Junta de Gobierno propia. La advertencia no gustó nada al régimen de Ortega, que comenzó un asedio brutal contra la ciudad heroica, que lleva ya tres meses de resistencia con decenas de muertos caídos en sus calles, uno de ellos un hombre que defendía una trinchera apenas con una honda. Dada esta gesta de valentía, el cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy le compuso una nueva canción a este barrio bravo en la que le expresaba su agradecimiento: “Monimbó, estaré siempre con vos”.

El lunes la primera dama Rosario Murillo volvió a criticar con dureza a los manifestantes que se oponen a Ortega y exigen su salida del poder. En una diatriba publicada en los medios afines al Gobierno, Murillo calificó de “diabólicos” y “terroristas” a los opositores al régimen y advirtió de que no lograrán sacarlos del poder. “¡No Pasarán! No han pasado y no pasarán. Esa atrocidad no va a gobernar Nicaragua, el terrorismo no va a gobernar Nicaragua, los diabólicos no podrán nunca gobernar Nicaragua”, aseguró la mujer del comandante.

La comunidad internacional ha intensificado este lunes la presión sobre el Gobierno de Nicaragua para que cese la represión y desarme a los paramilitares después de casi 300 muertos durante tres meses de protestas exigiendo la salida del poder del presidente Daniel Ortega. Estados Unidos, 13 países latinoamericanos y el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidieron al Ejecutivo de Ortega el fin de la represión de las manifestaciones que desde el pasado 18 de abril inundan las calles del país centroamericano. Guterres clamó por un cese inmediato de la violencia y se atrevió a señalar la responsabilidad del mandatario, al menos de manera indirecta.


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