Arturo León

El extremo peruano terminó con una sequía de 36 años sin goles de Perú en los Mundiales. Su velocidad, destreza y gambeta lo ubican como el mejor del equipo de Gareca en Rusia 2018

Existe solo un barrio de Lima en el que las camisetas de Guerrero no predominan. Tampoco las de Jefferson Farfán. Ambos son las máximas estrellas de la selección peruana, pero en la urbanización Los Próceres de Surco hay un cariño especial por André Carrillo. Ese niño de pelo corto que ahí corría diferente al resto, era más movedizo de lo normal y marcaba diferencia con la gambeta. Un niño que aprendió temprano a ser correcto, responsable y ordenado. A luchar siempre un lugar en el equipo titular -comenzó como suplente en Esther Grande Bentín- para crecer de a pocos. Los sacrificios nunca son en vano y en algunos casos te pueden llevar a lo más alto.

Con 27 años André Carrillo tiene la vida asegurada. No importan si pasan 10, 30 o 50 años, su nombre siempre será estará ligado a la historia. Puede ser asistente, entrenador, dirigente, consejero y hasta periodista. Ha marcado el gol número 20 de Perú en los Mundiales. Un golazo. Le pegó de volea, como venía. Con la derecha, su pierna más hábil. Lo hizo con la confianza de todos los peruanos y también con una pesada mochila atrás: 36 años sin anotar un tanto, 40 sin ganar y 88 sin cerrar una Copa del Mundo con un triunfo. La eliminación duele, pero los números son brutales. Carrillo, muy tranquilo en conferencia, parece no asimilarlo todavía.

Destacar a André solo por el gol contra Australia sería una injusticia. Fue el mejor jugador peruano en el Mundial Rusia 2018. Hasta Pogba –sí, la estrella que costó más de 100 millones de euros- lo reconoció. Carrillo no ha dejado de ser el futbolista que siempre quiso ser de niño: desequilibrante, regateador y lujoso. Los que criticaban sus problemas para finalizar –palabra más usada en su caso- las jugadas tienen que reconocer que ha mejorado. Lo hemos visto habilitar con mayor frecuencia y hacer remates francos de gol. Es el jugador que más peligro genera y cada vez repite menos eso que le llamamos “una de más”. ¿Puede perfeccionarse todavía? Sí. Como tampoco se le puede pedir 100% de efectividad en los centros o pases desde la línea final de la cancha. No existe un jugador así.

¿Cómo es posible que sea suplente en el Watford? Es lo que me pregunté en Saransk, Ekaterimburgo y Sochi desde los palcos de prensa. Por su velocidad y habilidad simplemente no se entiende. Con la vida asegurada por delante, Carrillo solo tiene un pendiente: romperla en su próximo club. O en el Benfica, donde todavía tiene contrato. Tienes todo para hacerlo, André.


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