Un 29 de diciembre de 1986 falleció a los 54 años el director ruso más alabado, estudiado y venerado de la historia del cine. Tarkovsky es aún hoy una figura clave para entender el cine como arte. Para él, la poesía era una condición inapelable para afrontar el medio, y sus siete películas son celebraciones constantes y maravillosas de las posibildades expresivas de la imagen. Para entender mejor su estilo y guiarse a través de su corta pero intensa obra, aquí elaboramos una cuidada guía para no perderse y disfrutar de uno de los cineastas más talentosos que han existido jamás.

¿Quién es?: Extremo, íntimo, único. Andrei Tarkovsky puede considerarse el poeta por excelencia no sólo del cine ruso, sino del cine en su conjunto. Su obra sigue estudiándose en las escuelas de cine, y en su libro “Esculpir en el tiempo” recogió todos sus pensamientos acerca de lo que debe ser el arte cinematográfico. Se alejó de las convenciones comerciales y se centró en el existencialismo más profundo del ser humano, confeccionó películas que buscaban la reflexión y no el entretenimiento, películas que jamás quisieron ponérselo fácil al espectador. Exiliado de la Unión Soviética, murió de un cáncer de pulmón a los 54 años, mientras se encontraba en la postproducción de su última película, ‘Sacrificio’.

Señales de estilo: los elementos de la naturaleza tienen en su cine una presencia importante, y cada uno de ellos parecen representar distintos conceptos. Aunque él mismo negó que así fuera, es muy notoria la presencia del agua en todas sus producciones, que a menudo nos remite a la memoria y a la pérdida de la misma. Pero si hay algo constante y definitorio en sus films es la continua subversión de los clásicos géneros cinematográficos, lo que explicaba Pilar Carrera como mecanismos que “bajo argumentos o géneros aparentemente identificables, dentro de intrigas típicas, poco “sospechosas”, empezamos a detectar algunos elementos que convierten el reconocimiento en un efecto de lectura cuyo fin es – he aquí la paradoja – intensificar el desconocimiento, la conciencia de que lo aparentemente cercano está muy lejos”*. Esto es, un espejismo.

Filosofía: “La poesía es para mí un modo de ver el mundo, una forma especial de relación con la realidad”, afirma el propio cineasta en su libro “Esculpir en el tiempo”. Y así es exactamente su filosofía como artista: extraer la poética de las imágenes, indagar en ellas como un verdadero intelectual, como alguien dispuesto a emocionarse y a aprender de su condición humana a través del medio audiovisual. Para él, el objetivo del arte no era el de ser consumido como una mercancía, sino algo que “consiste en explicar por sí mismo y a su entorno el sentido de la vida y de la existencia”. Es decir: “explicarle al hombre cuál es el motivo y el objetivo de su existencia en nuestro planeta. O quizá no explicárselo, sino tan sólo enfrentarlo a ese interrogante”, escribió.

Fotograma de ‘La infancia de Iván’

Una frase célebre del director: “En cuanto cedes en algo que no crees, luego sucumbes y te conviertes en un conformista.”

Una frase que puedes decir delante de cinéfilos: “Sólo con muchas horas de cine vistas y un buen conocimiento del medio se puede entender la grandeza de Tarkovsky: un cineasta que esculpe el tiempo y la poesía a través de sus imágenes inmortales”.

Una frase que NO puedes decir delante de cinéfilos: “Si quiero ver cuadros rusos de tres horas, me voy al museo”.

Una escena memorable: En ‘Stalker’, los tres personajes protagonistas viven un momento onírico bañado en tono sepia y acompañado de una voz en off lejana. La imagen recorre una especie de río, y a través del agua observamos pedazos de historia, de memoria algo desgastada entre los vaivenes del tiempo. La escena es hipnótica y magistral, y es sin duda uno de los puntos clave del film.

 

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CUATRO PELÍCULAS PARA CONOCERLE MEJOR

1. ‘La infancia de Iván’ (1962): Basada en un cuento de Vladimir Bogomolov, este film supuso el debut en el largometraje de Tarkovsky, el primero en el que sentó las bases de su cine. El género bélico cobra aquí una forma y un sentido totalmente diferentes. “El material de este relato no son las heroicidades en operaciones de avanzadilla, sino la pausa entre esas operaciones”, afirmaba él mismo. Así, la película se centra en un niño desconcertante, Iván, en su patriótica misión de servir a la patria en la guerra que se está librando. Siguiendo las palabras del cineasta, es un film centrado en los momentos de pausa y no en las ofensivas bélicas. Una ópera prima que ya apuntaba maneras de todo un estilo que se fue consolidadando poco a poco.

2. ‘Andrei Rublev’ (1966): Tarkovsky se andentra en esta obra maestra en el mundo del biopic, aunque, recordemos, los géneros siempre los lleva a su terreno de lo desconocido. La persona central de la historia es la que nombra la misma: Andrei Rubliov, un pintor y religioso ruso con la misión de pintar los frescos de la catedral de la Asunción del Kremlin a principios del siglo XV. A través de una historia personal, el cineasta consiguió dibujar un retrato certero de la sociedad rusa de la época, con sus luces y sus sombras.

Fotograma de ‘Andrei Rublev’

3. ‘Stalker’ (1979): “En ‘Stalker’ sentí -quizá por primera vez- la necesidad de presentar de forma elaborada, clara y sin ambages ese valor positivo superior del que vive el hombre y su alma”, declaró el propio Tarkovsky. Y continuó: “Lo digo de forma abierta y yendo hasta las últimas consecuencias: el amor humano es ese milagro capaz de oponerse eficazmente a cualquier especulación sobre la falta de esperanza en nuestro mundo. Lo malo es que también nos hemos olvidado de qué es el amor”. Con estas reflexiones posteriores define el cineasta su propia obra, posiblemente una de las más fascinantes de su filmografía. ‘Stalker’ es una pieza de ciencia ficción existencialista (volviendo a los géneros reinventados) que imagina una zona mágica en la que tus más hondos deseos se hacen realidad, pero sólo algunos son capaces de llegar hasta allá y guiar a los visitantes. El viaje de un guía (un stalker) y dos hombres escépticos ocupará las tres horas de metraje, que se desliza entre los onírico y lo reflexivo. Lo que menos le interesaba a Tarkovsky era, como confesó más tarde, la ciencia ficción.

4. ‘Sacrificio’ (1986): obra póstuma, que se estrenó con gran éxito en el Festival de Cannes después de la muerte de su director. En ‘Sacrificio’, Tarkovsky deja al mundo su último grito de protesta contra el arte fútil y la falta de espiritualidad de la sociedad contemporánea a través de un hombre capaz de sacrificarse por sus más altos ideales. Es Alexander, un periodista que se reúne con su familia en su cumpleaños, momento en el que todos se enteran del estallido de la Tercera Guerra Mundial. El sacrificio será su única salvación.

Fotograma de ‘Sacrificio’

PARA SUBIR NOTA

1. ‘El violín y la apisonadora’ (1960). Fue su proyecto de fin de carrera y primer cortometraje dirigido por el cineasta soviético. En él, un niño apasionado por los violines, pero marginado y maltratado en el colegio, comienza una curiosa relación con un obrero, aquel que controla la apisonadora en las obras que se están realizando en la calle donde vive. Una buena muestra del primer Tarkovsky, y una oportunidad para ver la evolución de su cine: desde aquí hasta ‘Sacrificio’.

*Cita del libro ‘Andrei Tarkovski: La imagen total’, de Pilar Carrera. 


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