Amanda Mars, Lucía Abellán

La tregua ha terminado para Donald Trump. La Administración estadounidense ha decidido reactivar los nuevos aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%) importado de la Unión Europea, México y Canadá que había dejado en suspenso hasta este viernes, 1 de junio, con el fin de abrir una negociación que le reportase otras contrapartidas. Washington impulsó estos gravámenes el pasado marzo, pero eximió temporalmente a los citados países, entre otros, mientras trataba de pactar algún tipo de limitación a sus exportaciones, lo que no ha fructificado. Las previsibles represalias por parte de la UE abocan a la guerra comercial.

“Es puro y simple proteccionismo. Estados Unidos no nos deja otra opción que proceder a presentar el caso ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) e imponer más aranceles a una serie de importaciones de Estados Unidos”, ha anunciado el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en un comunicado. Bruselas presentará este mismo viernes ese procedimiento legal contra Estados Unidos en la OMC.

Wilbur Ross, secretario de Comercio, anunció este jueves que los gravámenes entrarán en vigor a medianoche. Esta semana Washington también dio por terminado el alto al fuego con China y advirtió de que los aranceles por valor de 50.000 millones de dólares se concretarán el 15 de junio. Aun así, Ross viaja mañana viernes a Pekín para seguir con las conversaciones y, según dijo en una conferencia teléfonica con periodistas, el objetivo de Washington es que la negociación con los socios europeos también prosiga pese a los gravámenes.

Pero con Europa el sistema trumpiano de abrir las negociaciones con rehenes sobre la mesa (con aranceles sobre productos concretos ya anunciado y acto seguido congelados) no ha funcionado. Bruselas ha indicado que desistirá de cualquier negociación comercial con Estados Unidos si hay aranceles nuevos. Además, tiene diseñada la represalia a Washington, una serie de gravámenes sobre 350 productos -de whiskey a calzado, pasando por motocicletas- cuyas ventas anuales suman unos 6.400 millones. Las ventas de acero y aluminio a Estados Unidos suman esos 6.400 millones al año.

Cuando Trump lanzó su primera amenaza contra el acero y el aluminio europeos, la Comisión Europea, con competencias exclusivas sobre la política comercial de la UE, ya notificó la lista de aranceles a la Organización Mundial de Comercio para poder actuar con rapidez si Washington abría la guerra comercial. El Ejecutivo comunitario calcula que podría activarlas ya a mediados de junio, aunque antes volverá a consultar con los Estados miembros de la UE.

El momento exacto de la aplicación dependerá de los tiempos que maneje Washington, pero el contenido seguramente coincidirá con el anunciado. “Hoy es un mal día para el comercio mundial. Hemos hecho todo lo posible para evitar este resultado”, ha lamentado la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, que ha dialogado incansablemente -y en vano- con su homólogo estadounidense, Wilbur Ross, durante los últimos meses. Malmström no ha ocultado su frustración por el desenlace. “En estas conversaciones, Estados Unidos ha tratado de usar la amenaza de restricciones comerciales para obtener concesiones de la UE. Nosotros no negociamos así”, les ha reprochado.

También México ha advertido de que habrá respuesta. “México impondrá medidas equivalentes a diversos productos como aceros planos (lámina caliente y fría, incluidos recubiertos y tubos diversos), lámparas, piernas y paletas de puerco, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándanos, diversos quesos, entre otros”, dijo en un comunicado la Secretaría de Economía. Canadá, por su parte, había advertido ya el día anterior al anuncio de que habría una respuesta adecuada, sin más detalles.

Trump prometió desde candidato dar la batalla contra el déficit comercial de Estados Unidos, es decir, la diferencia negativa entre lo que exporta y lo que importa. Ese desequilibrio suma más de 550.000 millones de dólares y el magnate neoyorquino lo señala como gran mal del sector industrial estadounidense y de la clase media. China, que supone el grueso de ese desfase (375.000), está en el centro de sus desvelos, pero inmediatamente después aparece la UE (151.000).

Lo que Estados Unidos quiere de Europa para dejar de lados los aranceles no quedó claro este jueves. Ross insitió a los periodistas en que las negociaciones comerciales deben girar en torno a “una variedad de temas”, pero rehusó especificarlos. Con otros países, como Corea del Sur, ha sido posible un acuerdo de limitación de importaciones procedentes de dicha economía a EE UU. También Australia, Brasil y Argentina mantienen la exención de estos aranceles sobre el aluminio y el acero al haber llegado a acuerdos.

El miércoles por la mañana, en París, el secretario de Comercio de EE UU, Wilbur Ross, ya había dejado entrever que Washington se decantaba por reactivar los gravámenes a sus socios europeos. Lo hizo al recalcar que la imposición de esos gravámenes no debería estar reñido con un proceso negociador con la UE. “Puede haber negociaciones con o sin aranceles en vigor”, dijo en un foro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). “China está pagando los aranceles, que entraron en vigor en marzo, y no ha usado eso como excusa para no negociar con nosotros. Solo la UE insiste en que no podemos negociar si hay aranceles”, recalcó. Se pronunció en el mismo sentido este jueves, citando Pekín como ejemplo.

China y Estados Unidos han anunciado aranceles de forma recíproca para productos por valor de 50.000 millones en cada sentido y amenazado con rondas aún más voluminosas. Mientras, los únicos efectivos hasta ahora son esos anunciado en marzo mencionados por Ross, sobre importaciones por valor de 6.000 millones de dólares (3.000 por cada banda). Afectan al acero y aluminio chinos, por un lado, y la carne de cerdo, ciertas frutas, vino y tubos de acero que de EE UU, por otro. Es una cifra mínima con relación a los 630.000 millones que movió el comercio de estas dos potencia el año pasado.


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