Por Pablo Llerena

Este es uno de los patrimonios culturales más notables de la capital. En tiempos prehispánicos fue la sede del curacazgo de Lima. La perfección y magnificencia de Mateo Salado la convierten en una auténtica joya arquitectónica llena de historia. Después de siglos de saqueo, invasión e indiferencia, la huaca ha sido finalmente rescatada. A partir de julio próximo será expuesta al público.

A escasos metros de la Plaza de la Bandera se levanta la Huaca Mateo Salado, conocida también como Cinco Cerritos por los promontorios de tierra que escondían cinco pirámides originales.

Este sitio arqueológico fue un monumental complejo de edificios y hoy su recorrido asombraría hasta al más distraído de los limeños. Basta recorrer sus estrechas callejuelas, caminos amurallados y sus pirámides aterrazadas que superan los 14 metros de altura para convencerse de que la huaca ya está libre de invasores, traficantes de terrenos, mecánicos ambulantes y fabricantes de ladrillos. En suma, el abandono quedó atrás y hoy las ruinas lucen un nuevo rostro.

Miles transitan a diario por aquí. Es el límite entre Lima, Breña y Pueblo Libre. Entran por Tingo María y doblan por Mariano Cornejo. O viceversa. Y nunca han logrado divisar, tras el cerco de cemento que protege el recinto, los viejos monumentos piramidales que se elevan como pequeñas montañas de adobe en medio de la ciudad. Muchos se habrán preguntado qué antigüedad tienen estas ruinas y a qué cultura pertenecen. Pues bien, Mateo Salado pertenece a la cultura Ichma (1100d.C.-1450 d.C.) la sociedad más representativa de la Lima Prehispánica. La huaca está constituida por cinco pirámides monumentales distribuidas en un área de 17 mil metros cuadrados. Se considera como parte del complejo un tramo de la muralla aledaña a la cuadra 16 de la Av. Tingo María. Este complejo administrativo-ceremonial fue tan influyente en su época que a mediados del siglo XV fue conquistado por tropas incas.

Puesta en valor

El año 2007, a partir de una iniciativa gubernamental, el Instituto Nacional de Cultura (INC) elaboró un proyecto de puesta en valor. A mediados del mismo año se empezó a trabajar en la pirámide A, bajo la dirección de la arqueóloga Alejandra Figueroa. En julio del 2008 el proyecto continuó en la pirámide B, bajo la batuta del arqueólogo Pedro Espinoza Pajuelo. Actualmente, el complejo se encuentra bajo la administración del Instituto Nacional de Cultura (INC) y cuenta con vigilancia permanente.

Basta recorrer unos minutos el sitio para reconocer de inmediato el valor arquitectónico de Mateo Salado, con un patrimonio casi desconocido y hasta hace poco apenas valorado. Los avances y descubrimientos científicos más recientes son significativos: uno de los ramales de la red vial del Qhapaq Ñan (Gran camino) costeño ingresa directamente a Mateo Salado, cruza el complejo y luego se prolonga hacia el grupo arqueológico Maranga.

Los trabajos de conservación en la pirámide A ya concluyeron. Hoy se trabaja en la pirámide B. Las otras tres pirámides también pasarán por fases de excavación, conservación y puesta en valor.

Los imponentes contrafuertes del frontis sur de la pirámide A, son prueba de la monumentalidad del complejo. Para tener una idea: el edificio mide 164 metros de largo y alcanza los 15 metros de altura. Se encuentra sobre una gran explanada rectangular. En la cima hay varios patios, en los que se hallaron hileras de hoyos para asentar vasijas.

Lamentablemente, el recinto principal de la pirámide A fue destruido por un inmenso forado perpetrado por saqueadores. Dicho forado ha sido aprovechado para construir una escalera que permita el acceso a la cima. Entre 1935 y 1941 el investigador Julio C. Tello fue el primero en denunciar el atropello que cometían allí los fabricantes de ladrillos. Nadie se sumó a su protesta. No obstante, a él le debemos los primeros planos y descripciones científicas de Mateo Salado.

El sol está arreciando, pero seguimos hasta llegar a la pirámide B. “Es probable que haya sido el principal edificio de Mateo Salado en época inca; residencia de gobernantes y administradores, así como un centro para la congregación de la población en las plazas y el acopio de tributos”, explica Pedro Espinoza.

Si bien sus monumentos arquitectónicos son los signos más visibles del esplendor de la cultura Ichma, también lo son sus textiles, fragmentos de cerámica, una talla de spondylus en forma de camélido y una tapa de madera decorada con incisiones. La evidencia cultural más importante es una talla de madera que representa a un personaje sentado, con una copa en la mano y un ave posada sobre su cabeza. Resulta difícil saber si es la imagen de un dignatario o de una divinidad.

La pirámide C mide 85 metros de largo por 73 de ancho y 9 de altura. Fue graficada por Pedro Villar Córdova en 1941, quien la llamó “Pirámide Sepulcral”. Villar observó una rampa de acceso en el frontis norte (contiguo a la Av. Malinowski) y varios recintos en la cima separados por un corredor central. La pirámide D es la más alejada del conjunto, tiene 8 m de altura. En la cima del montículo se pueden apreciar dos patios y recintos que habrían sido depósitos de alimentos. La pirámide E es la más pequeña: alrededor de 50 metros de largo por 40 de ancho y 6 metros de altura aproximadamente.

A la luz de los resultados, no cabe duda de que el equipo de recuperación integrado por arqueólogos, técnicos en conservación y personal obrero especializado, está realizando un trabajo excepcional. Al culminar el trayecto, Espinoza expresa un anhelo que solo el tiempo y la práctica científica confirmarán: “Mateo Salado puede dar la oportunidad de adquirir un conocimiento más amplio de lo que fue la organización social durante el periodo Intermedio Tardío, aún en penumbra”.

¿Cómo es posible que durante casi un siglo los limeños hayan vivido de espaldas a este centro ceremonial precolombino? No son pocas las respuestas a esta pregunta. Solo quedar decir que quienes ahora reverencian a la bandera roja y blanca en la plaza aledaña, también deberían inclinarse ante esta huaca monumental, patrimonio recuperado y novísimo orgullo de esta ciudad.

Datos

APERTURA. En julio de este año se abrirá a la comunidad el primer circuito turístico que abarcará la pirámide A y parte de la pirámide B, el recorrido será guiado y tendrá una duración de 45 minutos. A mediano plazo, se ha proyectado la construcción de un museo de sitio.ANTIGÜEDAD. Al complejo arqueológico Mateo Salado se le asigna cronológicamente los períodos Intermedio Tardío (1000 -1470 ) y Tawantinsuyo (1470-1532 d.c).

MATHEUS SALADÉ. El complejo arqueológico debe su nombre a Matheus Saladé (1528-1573), un francés protestante que vivía en la huaca y que, en los tiempos del virreinato, fue acusado de hereje por el tribunal de la Santa Inquisición; murió quemado en la hoguera. Fue una de las primeras víctimas de la Inquisición aquí.


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