El escritor italiano Donato Carrisi debuta en la dirección con La chica en la niebla, adaptación de su novela homónima, thriller policiaco alrededor del inspector Vogel (Toni Servillo) encargado de la investigación alrededor de la desaparición, en una localidad montañosa, de una joven adolescente. La película se estructura a partir de un flashback en el que Vogel cuenta a un psiquiatra, Flores (Jean Reno), cómo arrancó la investigación hasta ese preciso momento, en el que ha sido detenido con manchas de sangre. No es La chica en la niebla en su estructura y desarrollo una película esencialmente original en su planteamiento; tampoco intenta serlo, dado que esa clara adecuación a una plantilla muy particular del género, con sus tropos bien identificados, acaba teniendo un sentido muy amplio que, sin embargo, exponerlo de manera clara impondría el revelar elementos fundamentales de la trama.

La chica en la niebla posee dos primeras imágenes que resultan muy extrañas. En la primera, la joven que luego sabremos ha desaparecido, abandona su casa, la cual aparece fotografiada de manera irreal. La segunda es una maqueta del pueblo, que aparecerá puntualmente en la película, que no solo ubica el espacio de la acción, también deja patente en todo momento su carácter de juego, mostrando las piezas físicas de su desarrollo. Una forma de remarcar el carácter de ficción tanto de la película como de la historia, de nuevo, en estrecha relación con el devenir policiaco y su resolución.

En este sentido, La chica de la niebla es una película muy interesante, aunque se sitúa por debajo de sus ambiciones reflexivas, las cuales acaban teniendo más peso que su propia ficción, entendemos, algo heredado de la obra literaria de Carrisi. Sin embargo, a nivel visual, el cineasta intenta impregnar a su adaptación de elementos cinematográficos, en sus imágenes, que aporten discurso a lo que en la novela era reflexión sobre el género y sus tropos. Así, conforman un espacio cinematográfico, como decíamos, que expone la ficción desde ciertos aspectos irreales, a la vez que, ubicando la historia en el presente, la localidad en la que se desarrolla la acción, y, especialmente, la comunidad religiosa a la que pertenece la joven, parecen surgir de otra época debido a su radicalidad casi fanática, la cual Carrisi no acaba de exponer y usar de manera conveniente, quedando en un interesante segundo plano, pero poco más. Importa más a la larga conducir la confesión de Vogel hacia una sorpresa final que desnuda la ficción y al propio detective.

Porque Vogel usa a los medios de comunicación, en una mirada muy interesante y certera sobre la manipulación emocional actual y la posibilidad de construir monstruos de la nada, para acorralar a su principal sospechoso a través de una ficción que él va creando en todas las esferas, sabedor de que, en la actualidad, verdad y mentira son conceptos que han perdido, en gran medida, su sentido. Que la nueva ficción reside en aquella que se construye mediáticamente. Aunque La chica de la niebla no termine de ahondar en lo que propone, queda una interesante evaluación de nuestra realidad en cuando a la fácil manipulación que se puede ejercer a través de los medios para construir personajes y, a la vez, para poder hundir una vida. Del mismo modo, también arroja buenas ideas sobre cómo un hombre, una vez constituido en culpable y devenido monstruo, nunca podrá ser el mismo y recuperar su vida. Aunque, a este respecto, la película guarda una sorpresa que, además de giro comprensible dentro del género, se convierte en reflexión sobre la propia ficción de Vogel, y su utilización desde otra perspectiva.

Elementos que hacen del debut de Carrisi una película mucho más interesante que su adecuación a un modelo detectivesco que, quizá, es lo menos interesante de la propuesta, porque donde gana es en su capacidad para transformar una trama muy liviana y, en muchos sentidos, carente de tensión, en una mirada hacia un presente amoral en el que todo parece valer.

A favor: Que la película se desvía de lo criminal para exponer elementos muy trascendentes de nuestro presente.

En contra: Que exigía más tensión y menos distancia y frialdad.