Cada conflicto bélico genera sus propios imaginarios cinematográficos: la compleja realidad que emergió tras el 11-S ha tenido en Kathryn Bigelow a su más justa corresponsal, capaz de traducir en firme estilo visual la angustia de librar una batalla inagotable sin frentes delimitados contra un enemigo muchas veces invisible y de entender que esta realidad no era buen material para el cantar de gesta. Pero el patriotismo no entiende necesariamente de modernidad –ni tiene por qué- y sabe que la mejor manera de activar la maquinaria propagandística pasa por recuperar las esencias eternas: así lo ejemplifica este 12 valientes que, desde su mismo título, está desvelando su naturaleza de western por otros medios.

El danés Nicolai Fuglsig, fogueado en la realización publicitaria, recoge aquí la definición de patriota estadounidense que ya propuso Clint Eastwood en El francotirador (2014): aquel sujeto al que le hirvió la sangre cuando asistió a la retransmisión de la caída de las Torres Gemelas. Con producción de Jerry Bruckheimer –y las formas enfáticas y espectaculares que son marca de la casa-, 12 valientes es la gloriosa crónica, a partir del libro de no ficción Soldados a caballo del periodista Doug Stanton, de la primera misión de las Fuerzas Especiales del ejército estadounidense en suelo afgano tras el atentado que fundó nuestra nueva realidad. El resultado es un sólido ejercicio de cine propagandístico para multisalas que, por lo menos, se toma la molestia de construir personajes y deslizar alguna reflexión amarga sobre el futuro del territorio de conflicto.


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