Por siglos se han pasado defendiendo su territorio y ahora se sienten amenazados por DL de la selva . Estas etnias que tienen una larga historia de lucha estuvieron presentes en las violentas protestas de Bagua .

Miguel Gutiérrez R.

Aproximadamente 68 mil nativos indígenas de la familia etnolingüística jíbaro- jíbaro pueblan las provincias de Condorcanqui y Bagua del departamento de Amazonas.

Los jíbaro-jíbaros están presentes en esa región desde hace 4 mil años agrupados en tres principales comunidades: los aguarunas (awajún)- huambisas (wampis) y los achuares ocupando una superficie de 22 mil 700 kilómetros cuadrados.

Las comunidades aguarunas viven en las orillas del río Marañón y sus afluentes como el río Cenepa y la parte media y baja del río Santiago. Los nativos huambisas se ubican en la parte media y alta del río Santiago hasta la frontera con Ecuador, mientras que los achuares se encuentran en la cuenca de los ríos Pastaza y Morón, también frente a la línea fronteriza con el vecino país del norte.

Un mundo invisible

Para los nativos aguaruna-huambisas como para la mayor parte de los pueblos amazónicos, además del mundo físico existe otro invisible pero real, donde están seres ancestrales que manejan el destino de los hombres.

“La llave para ingresar a ese “mundo verdadero” es mediante el chamanismo y la ingestión del ayahuasca, un poderoso alucinógeno”, explica el experto en Amazonas Roger Rumrill.

“La religión indígena se basa en una relación con los espíritus del bosque, de los ríos, de las lagunas, la tierra, de las plantas y de los animales”, dice Rumrill.

Esta cosmovisión es explicada por su milenaria interacción con la naturaleza. Ellos creen en un ser supremo, pero que solo ha creado el mundo y se mantenía distante de los asuntos humanos. A diferencia de la percepción occidental, los nativos indígenas de esta zona consideran que las personas manejan su destino a través de sus propios esfuerzos antes que apelar a la ayuda de Dios.

Las grandes deidades son protectores de los lugares importantes de la naturaleza y hay una serie de creencias que motivan a los aguarunas y huambisas a preocuparse por la conservación de la biodiversidad.

Líderes naturales

La comunidad es considerada una entidad política y sus autoridades la representan frente a entidades ajenas que pueden ser los colonos o las empresas petroleras. Las organizaciones y federaciones nativas creadas desde los años 70 son sus recursos cuando se trata de discutir sobre territorio y áreas protegidas. Tienen una gran capacidad para movilizar a la gente y crear alianzas con otras comunidades. Ante el Estado han expresado su interés por capacitarse para cumplir nuevas funciones ya sea como comunero o dirigente indígena, lo que explica que en los últimos años los aguarunas-huambisas ocupan puestos de responsabilidad en el Estado siendo elegidos alcaldes y regidores en las provincias de los departamentos de Amazonas, San Martín y Loreto. Ellos se desempeñan también como profesores bilingües y promotores de salud aguaruna-huambisa contratados.

Nuevos peligros

A fines del siglo XIX la obsesión de Europa por la explotación del caucho en esta zona significó la esclavitud y explotación laboral de estos nativos. En 1904, hartos de los abusos de los caucheros, los aguarunas y huambisas se organizaron para destruir los puestos de los caucheros, y matar incluso a sus patrones. Durante el conflicto con Ecuador en 1995 dejaron a un lado su fuerte vínculo a sus comunidades y se pusieron al servicio de las Fuerzas Armadas en calidad de soldados y guías, hasta el punto que se vieron obligados a combatir a sus propios hermanos achuares del lado ecuatoriano.

Con el hallazgo de petróleo en la zona en 1960 y ahora desde el 2005 con el otorgamiento de las concesiones petroleras y mineras en la frontera con Ecuador, los conflictos entre estos nativos y las autoridades del gobierno central han aumentado. Como en siglos pasados, los pueblos indígenas perciben que es una versión del foráneo que amenaza su territorio.

Claves

Alimentación. Los aguarunas-huambisas se dedican desde siempre a la caza, la pesca y a una agricultura de subsistencias, basada en el cultivo de la yuca, considerado como su alimento por excelencia.

Idioma. Los idiomas de las comunidades aguaruna-huambisa figuran en la lista de la Unesco como una de las lenguas nativas milenarias que están en peligro de extinguirse.

Expulsado. El primero de diciembre de 1978 los aguaruna expulsaron de la comunidad al cineasta alemán Werner Herzog y su equipo de producción, quienes sin el consentimiento de los pobladores pretendían filmar la película “Fitzcararraldo”, la historia del barón del caucho Fermín Fitzcarrald.

Velasco logró convencerlos

Los aguaruna-huambisas se autodenominan los aénts, que en su idioma significa “los hombres verdaderos”. Hasta hace unas décadas, estas comunidades eran temidas por reducir las cabezas de sus enemigos.

Los incas pretendieron dominarlos, pero se retiraron sin conseguirlo. En 1549, se enfrentaron a las expediciones españolas que querían despojarlos de sus tierras mediante las “encomiendas”.

En 1599 se rebelaron contra los extractores de oro y lograron finalmente su expulsión. La resistencia a los foráneos se mantuvo hasta la década del setenta cuando, gracias a un entendimiento con el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado, permitieron la instalación del oleoducto.

Además de conservar los recursos naturales, quieren participar en el control directo de las actividades extractivas, así como garantizar la participación indígena en la toma de decisiones vinculadas a las reservas.


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