Amanda Mars

La Administración de Donald Trump, caracterizada hasta ahora por su mano dura contra la inmigración irregular, ha empezado esta semana a mostrar algo de apertura respecto a un problema candente en Estados Unidos: los jóvenes migrantes que entraron sin papeles en el país cuando eran niños, pero han crecido como cualquier estadounidense y viven en un limbo legal. Son los dreamers. La Casa Blanca ha preparado un plan que abre la puerta a la ciudadanía a 1,8 millones jóvenes migrantes y que, como ya avanzó el presidente el miércoles, suponga la naturalización en un plazo de 10 o 12 años.

El plan de Trump para la inmigración se hará publico el próximo lunes después de unos días en los que la negociación entre demócratas y republicanos sobre los dreamers, con el cierre de la Administración como amenaza, no lograse avance alguno. El giro de Trump sobre la migración es mucho más amplio, pero el foco gira en torno a los dreamers desde el pasado septiembre, cuando el empresario decidió poner fin al programa que les protegía de la deportación, impulsado por Barack Obama (llamado DACA, por sus siglas en inglés). Así, dio un plazo de seis meses al Congreso para buscar una solución y convirtió su permanencia en el país en una moneda de cambio para otras medidas restrictivas en inmigración.

Esta semana han empezado a cambiar las cosas, Trump ha hablado de mantenerlos en el país e incluso de un horizonte de ciudadanía. Aunque oficialmente acogidos al programa DACA hay cerca de 700.000 personas, el colectivo de jóvenes en esta situación es mucho más numeroso. La propuesta del plan conlleva más seguridad en la frontera y, según una fuente de la Administración, “es lo máximo a los que va a ceder el presidente”.

Porque algo sobre lo que no piensa dar marcha atrás, y que ha supuesto una de las banderas de su carrera política hacia la Casa Blanca, es la construcción de un muro en la frontera con México. Trump quiere que el Congreso apruebe un fondo de unos 25.000 millones de dólares y para eso necesita apoyo demócrata, pues requiere 60 votos y los republicanos controlan 51 de los 100 escaños.

El muro constituye un proyecto incendiario, pese a que supone una ampliación (ya existen tramos de barrera entre ambos países levantados por otras Administraciones). El hoy presidente lo anunció cuando era candidato en 2015 en medio de un discurso insultante para los mexicanos. Llamó a los migrantes sin papeles de su país vecino “delincuentes” y “violadores”. Desde entonces, ese muro se convirtió es un símbolo racista para México.

Estados Unidos “debe tener las herramientas para detener la inmigración ilegal y la capacidad de sacar a individuos que han ingresado ilegalmente”, insistió una fuente del Gobierno este jueves. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, dio su brazo a torcer la semana pasada y ofreció apoyo para la construcción del muro a cambio de proteger a los dreamers, pero la Casa Blanca alega que no ofreció respaldo a los fondos necesarios para hacerlo realidad.

Por su parte, debido a la negativa a ofrecer compromisos sobre los jóvenes migrantes, Schumer retiró la oferta sobre el muro de la mesa. Ahora se han movido las posiciones en Washington, el lunes se conocerá la propuesta de la Casa Blanca con más detalles.


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