En una entrevista publicada ayer en este Diario, el congresista de Peruanos por el Kambio y secretario general de ese partido, Salvador Heresi, expresa el deseo –presumiblemente compartido por otros militantes y dirigentes del mismo– de que la referida organización política “tenga una vida más allá” de la personalidad de su líder, el actual presidente de la República. “El partido tendrá una visión de futuro”, proclama Heresi, manifestando una aspiración que, razonable como es, no se distingue de la que manifestaron todas y cada una de las agrupaciones que surgieron alguna vez en el país en torno a una figura política… y luego se extinguieron junto con ella.

Pensemos solamente en los ejemplos más recientes. ¿Qué ha quedado de Perú Posible o del Partido Nacionalista después del paso de Alejandro Toledo u Ollanta Humala por el poder? Muy poco o nada. Y no se puede atribuir esos marchitamientos partidarios a las acusaciones de corrupción que hoy pesan sobre ellos, pues los procesos de agostamiento empezaron mucho antes de eso y tienen que ver, en esencia, con la escasa trascendencia de los gobiernos que tales personas encabezaron, cuando no con sus efectos perniciosos para el futuro del país.

La historia de tales líderes y sus respectivas organizaciones políticas fue la de una necesidad mutua para acceder y ejercer el poder, que dejó de tener sentido cuando ese poder se agotó. La pregunta que cabe hacerse ahora, en consecuencia, es si Peruanos por el Kambio está en el mismo camino.

Pues bien, un primer indicio sobre el grado de institucionalidad de ese partido lo da el nombre o, para ser más precisos, las siglas con las que se lo conoce. Estas, ya se sabe, gracias a una torsión ortográfica (escribir ‘cambio’ con ‘k’) coinciden con las de Pedro Pablo Kuczynski. Y difícilmente puede alguien imaginar un gesto más tributario de la personalidad de un líder –y, por lo tanto, menos institucional en la vida de un partido– que ese.

Pero no es el único. A través de sus voceros en el Parlamento y fuera de él, Peruanos por el Kambio ha reclamado reiteradamente una mayor presencia de sus cuadros en el Gabinete. Ya sea sumándose a la crítica sobre el exceso de tecnócratas y el déficit de políticos en el equipo ministerial o de una manera más directa, no han ocultado ellos sus expectativas de ver algunos fajines distribuidos entre la militancia. Y en la entrevista con Heresi el asunto no está ausente.

“No puedo negar que en dirigentes de nuestro partido hay un sinsabor por los dirigentes apristas en el Gabinete”, dice él en respuesta a una pregunta sobre la eventual ‘reconciliación’ entre el Gobierno y el partido. Lo que difícilmente podría ser interpretado como una ojeriza particular contra el Partido Aprista Peruano. Se trata, más bien, de una contrariedad por el hecho de que los convocados no fueron de Peruanos por el Kambio.

La demanda, por supuesto, va matizada en la entrevista por aseveraciones como: “las expectativas de participar en el Ejecutivo son muy legítimas; sin embargo, tenemos que actuar con responsabilidad, tenemos que apoyar al presidente y la gobernabilidad” y concesiones del ‘beneficio de la duda’ a los ministros provenientes del Apra. Pero el principal sabor que deja es el de una organización política más interesada en conseguir cupos en el Ejecutivo que su trascendencia en el tiempo a través del impulso a reformas duraderas desde el gobierno al que apoyan. Digamos, más preocupada por el ‘reKambio’ (ministerial) que por el auténtico ‘Kambio’.

El tímido “hay que sacar normas destinadas a la reactivación económica” que asoma en alguna parte de las declaraciones no puede hacer las veces de una exigencia por sacar adelante la ‘revolución social’ que el jefe de Estado y la presidenta del Consejo de Ministros tantas veces le han ofrecido al país, y que es lo que la mayoría de peruanos espera de un gobierno y un partido que pretenden un sitio en la historia.


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