Carlos Ganoza Durant

Cada cierto tiempo resurge en el Perú un debate bizantino sobre si la minería debería ser la base de nuestro crecimiento o tenemos que buscar otros motores. La dicotomía es falsa porque no son opciones excluyentes, pero además un sector minero pujante y competitivo es nuestra mejor apuesta para generar desarrollo industrial.

El profesor de Harvard Dani Rodrik ha hecho notar que hoy los países emergentes enfrentan un grave problema de desindustrialización prematura por causa de la tecnología y la mayor competencia de China.

Frente a esta situación, el Perú tiene la gran ventaja de que la minería tiene características únicas que se pueden aprovechar para impulsar desarrollo tecnológico e industrial.

La escala del sector, el tamaño y sofisticación de las compañías, y la presencia local de grandes multinacionales, ofrecen en conjunto una gran plataforma de demanda privilegiada para empresas locales que atiendan las necesidades del sector con productos innovadores, con la posibilidad de conectarse fácilmente con las cadenas de valor globales de la industria. No hay otro sector en el Perú que reúna estas características.

Por eso los desafíos de eficiencia del sector minero pueden ser una base potente de innovación tecnológica y diversificación productiva.

Ya hay un puñado de empresas que exportan productos y servicios con tecnología para la minería mundial, pero para que esto se convierta en un fenómeno extensivo se necesita mucho más que la acción de la mano invisible. Las experiencias de Australia, Canadá y Chile muestran que es indispensable el uso de políticas públicas inteligentes que superen tres barreras: asimetrías de información, fallas de coordinación y mercado de capitales incompleto.

El conocimiento sobre los problemas del sector minero y las capacidades tecnológicas que existen en el país es disperso y difícil de adquirir. Un investigador puede estar trabajando en una tecnología, pero sin saber si tiene aplicaciones en la industria. El gerente de la compañía minera conoce su problema pero no el universo de posibles soluciones que existen afuera de la empresa. El emprendedor conoce la tecnología pero no tiene suficiente información sobre los problemas de la empresa minera. Se requiere reducir esas asimetrías de información y facilitar la coordinación entre los tres. Nadie por sí solo tiene incentivos para hacerlo, sobre todo porque con un mercado de capitales incompleto faltan fuentes de capital de riesgo para financiar innovación.

La respuesta en otros países ha sido lanzar programas público-privados de innovación abierta en minería, que crean un espacio para que las empresas mineras compartan sus desafíos de eficiencia y productividad, los investigadores, proveedores y emprendedores se unan para desarrollar productos innovadores que los atiendan, y se financien los esfuerzos más prometedores conforme vayan mostrando resultados.

Iniciativas como esta complementan políticas transversales de diversificación productiva como las que inició el entonces ministro de la Producción, Piero Ghezzi. Chile ya está en ese camino y tiene como meta exportar US$4 mil millones en productos de valor agregado para la minería en el 2035.

Si logramos que la minería crezca de manera sostenida y usamos políticas inteligentes para promover innovación en torno a la industria, podemos superar la meta chilena.

(Este artículo fue escrito por el economista y cofundador de Quantum Talent, Carlos Ganoza)


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