“Increíble y nunca antes hasta aquel momento era el arrojo y el encarnizamiento con que se batían los peruanos”, dice el historiador chileno Vicuña Mackenna.Dos fueron las batallas de resistencia heroica en Lima contra el ejército invasor chileno, en San Juan y Miraflores, libradas el 13 y 15 de enero de 1881, donde, militares, civiles profesionales, empleados, estudiantes, hacendados, milicianos, artesanos, voluntarios y hasta niños, enfrentaron a más de 25 mil chilenos bien pertrechados y armados.

Patricio Lynch encabezó la expedición que incendió puertos, dinamitó líneas férreas, trenes, saqueó valles agrícolas; los centros azucareros de toda la costa norte del Perú, hizo volar con explosivos máquinas azucareras e incendió y arrasó con todos los bienes de haciendas por orden expresa del gobierno de Chile, llevándose millones de pesos en plata y libras esterlinas en efectivo.

El 13 setiembre de 1880, antes de la invasión de Lima, mientras Lynch cañoneaba puertos, exigía cupos, saqueaba miles de toneladas de alimentos, animales, bienes y destruía la infraestructura productiva desde Tumbes hasta Moquegua, un torpedo artesanal peruano hundió, envuelto en una bola de fuego, al buque chileno Covandonga que cañoneaba Chancay, muriendo más de 110 chilenos invasores.

Tras las batallas de Tacna, conocida como Alto de la Alianza, y Arica, y tras largos meses de preparación, el general chileno Manuel Baquedano desembarcó en Lurín en diciembre de 1880, desde donde preparó el ataque y la invasión de Lima.

Chile nunca enfrentó a un ejército peruano regular y, en el caso de Lima, la resistencia peruana la integraban mayormente milicianos al mando del ególatra y dictador Nicolás de Piérola .

VENTAJA CHILENA
El historiador chileno Francisco Antonio Encina dice que “todo el ejército chileno se hallaba reunido en el valle de Lurín, al sur de Lima, salvo 800 hombres mantenidos en Pisco y el ejército “constaba de 26, 413 hombres, 2,503 caballos, 601 mulas, 80 cañones y 8 ametralladoras. En Antofagasta, Tarapacá y Moquegua quedaban 8,000 de reserva, además de 7,000 en el centro y sur de Chile, con lo que el total de fuerzas chilenas subía a 41, 413 hombres”.

Su colega chileno Benjamín Vicuña Mackenna, dice que Piérola organizo su ejército de manera “mucho más fantástica que efectiva”.

La raleada caballería peruana recibió, dos días antes de San Juan, nuevas carabinas Remington cuyo mecanismo no tuvo tiempo de aprender. Los peruanos no contaron con un solo cañón Krupp, “mientras los chilenos trajeron más de sesenta”.

El ministro de Guerra chileno José Francisco Vergara publicó en 1882 sobre los defensores de Lima: “no tenían sino unas insignificantes partidas de caballería cívica y muy escasa y mala tropa de artillería para servir cincuenta o sesenta cañones; siendo de notar que a lo menos las dos terceras partes de estas tropas eran bisoñas e incapaces de ejecutar ninguna maniobra en cuerpo”.

BATALLA DE SAN JUAN
La artillería peruana estaba distribuida en los cerros, desde el Morro Solar, hasta Marcavilca, Santa Teresa, San Juan, Pamplona, Monterrico y La Rinconada de Ate.

Tenía 10 cañones mayormente construidos artesanalmente en Bellavista que debían enfrentar a más de 80 cañones de montaña Krupp chilenos, de fabricación alemana de última generación, 1879 y 1880 .

Las líneas de San Juan estaban al frente del general Miguel Iglesias con 5,200 soldados, desde Villa en Chorrillos hasta Santa Teresa. El coronel Andrés Avelino Cáceres comandaba otra línea de 4,500 soldados hasta San Juan, el coronel Justo Pastor Dávila encabezaba otra con 4,300 hombres hasta Pamplona, que era el fin de la línea. El coronel Belisario Suárez, al mando de 2,800 soldados, se ubicó en la retaguardia, a la altura de San Juan. La caballería sumaba apenas 1,050 corceles.

La batalla empezó poco antes de a las 4 y 30 de la madrugada del 13 de enero, cuando las fuerzas chilenas iniciaron el avance al mando de Patricio Lynch, y los coroneles Pedro Lagos y E. Sotomayor .

RESISTENCIA HEROICA
Los chilenos rompieron la línea que defendía Cáceres en San Juan y dirigieron el ataque hacia Chorrillos donde se batió Miguel Iglesias con unos 5 mil hombres, pero el enemigo, apoyado por su escuadra desde el mar logró tomar el espacio donde se había producido una resistencia tenaz de los peruanos.

“Increíble y nunca antes hasta aquel momento era el arrojo y el encarnizamiento con que se batían los peruanos”, dice el historiador chileno Vicuña Mackenna refiriéndose a esta fase de la batalla que a las 2 y media de la tarde había concluido.

La confrontación se extendió hasta Chorrillos y el Morro Solar, que pese a la porfiada resistencia peruana, cayó en manos chilenas a las 2 de la tarde tras más de 8 horas de lucha. El coronel Lagos ordenó el incendio del balneario. La soldadesca chilena tomó Chorrillos y el dictador Piérola que resultó incapaz para dirigir la lucha se replegó a Miraflores. La cifra total de los muertos chilenos, según algunoscálculos de sus propios historiadores fue de cuatro a cinco mil en San Juan y en Chorrillos.

DESTRUCCIÓN Y DESMANES
Concluida la batalla de San Juan, los chilenos remataban a los peruanos heridos y asesinaron a un grupo de bomberos italianos que apagaban los incendios en Chorrilos.

El marino inglés William Acland relata el holocausto peruano y el desenfreno chileno en Chorrillos. “Casas, muebles y objetos eran destruidos, mujeres violadas, civiles inocentes asesinados. El cementerio se volvió un lugar donde soldados beodos celebraron orgías y hasta llegaron a desenterrar cadáveres de sus tumbas… El olor de los muertos y del incendio resultaba irrespirable. Entre aquellos estuvo un médico inglés de ochenta años, asesinado delante de la casa del ministro (embajador) de su país. En la misma noche comenzó a arder la población de Chorrillos; el incendio prosiguió por tres días. La destrucción fue sistemática. El 14 fue incendiado Barranco.”

El diario El Mercurio de Santiago, dijo el 24 de marzo de 1881, que en esos actos de barbarie chilena murieron entre 300 a 400 soldados invasores. Los chilenos que pagaban con sus vidas sus abusos y crímenes en las casas de civiles. Horas después el coronel Cáceres propuso a Piérola, atacar en ese momento de borrachera de los chilenos pero el dictador se negó.

INCENDIO Y BORRACHERA
Sobre el salvajismo de los invasores en Chorrillos el político chileno Manuel José Vicuña escribió en su folleto titulado Carta Política, impreso en Lima en 1881 para criticar la actuación del general Baquedano: “Recuerdo que, con el ministro de Guerra, hacíamos esta reflexión: ¡Cómo nos iría esta noche, si los peruanos, con un poco de audacia, vinieran a atacarnos en número de cuatro mil hombres, sólo de cuatro mil! Todo esto se lo llevaba el diablo, me decía el ministro y la obra de Chile se perdería miserablemente en una hora..”.

En el campamento peruano se hablaba de lo mismo. El coronel César Canevaro le decía a Piérola: Con mi fortuna y con mi vida le respondo a usted de que esta noche doy cuenta de los chilenos si me confía cinco a siete mil hombres para ir a sorprenderlos…” Pero el dictador jamás tomó ninguna decisión acertada.

El marino Theodorus Mason dice sobre los combatientes peruanos: “ estaban pobremente vestidos y peor calzados, a muchos regimientos se les había dejado que se consiguieran zapatos por sí mismos del cuero del ganado que se les daba para comer…”.

El diplomático argentino Dámaso Uriburu, dice:”Las tropas -peruanas- eran de indígenas quienes habían sido reclutados en las cordilleras y casi forzados a luchar… cientos de ellos nunca habían visto antes una ciudad”. En Miraflores murió combatiendo el niño mártir peruano Manuel Bonilla (13) y Néstor Batanero (14) en San Pablo en 1882, Augusto y Enrique Bolognesi hijos del Héroe de Arica entre otros.

MÁS DE 50 MIL VOLÚMENES A CHILE
El saqueo de Archivo y Biblioteca
Los chilenos ingresaron a Lima el 17 de enero dos días después de las batallas y el coronel chileno Lagos, fue designado Gobernador de Lima, tomando como residencia la Biblioteca de Lima, que fue saqueada por orden suya e incendiada después.

Lagos, procedió al bárbaro saqueo de la Biblioteca Nacional y enviar grandes cargamentos de libros a Chile. Miles de legajos fueron destruidos y millares de documentos desaparecieron.

Desaparecieron del Archivo Nacional del Perú más de veinte mil documentos y expedientes, legajos, libros y protocolos, entre los que destacaban, documentos de la Inquisición de Lima, (El chileno T. Medina ha firmado este tema como suyo), las Temporalidades, Temporalidades de Jesuitas, Cajas Reales, Aduanas, Real Tribunal de Cuentas, Real Audiencia del Cusco, Caja de Censos y Tabacos y muchos más de la etapa colonial. Solo una parte mínima del botín ha sido devuelta en años pasados por Chile.

Lagos, también ordenó desvalijar la biblioteca y los gabinetes de ciencias de la Universidad de San Marcos, piezas artísticas de museos y hasta el mobiliario y finísima sillería del Congreso.

BILLINGHURST LE REGALÓ RELOJ DE ORO
Chileno suspendió fusilamiento
El escritor y periodista Pedro Dávalos y Lissón, que recogió el relato de don Guillermo Billinghurst, quien sería años más tarde presidente del Perú, y cayó prisionero, y fue puesto en la fila con otros para ser fusilados en el Malecón de Chorrillos: “Guillermo Billinghurst rompió la línea, dio algunos pasos al frente y encarándose con el sargento chileno que mandaba el pelotón de soldados, le dijo, pasando la vista por los prisioneros: El señor es el ministro de Guerra, el coronel Iglesias; el que le sigue es el coronel Carlos de Piérola, hermano del Presidente de la República, yo soy el jefe de Estado Mayor y los demás son militares de alta graduación. ¿No es de mayor honra y provecho para usted entregarnos vivos al general Baquedano y no decirle después de fusilarnos que nos ha victimado…?”. El sargento chileno suspendió la orden de fusilamiento y Billinghurst se acercó a él y le regaló su reloj de oro.

PIÉROLA DESACTIVÓ EJÉRCITO Y HUYÓ A LIMA
La lucha tenaz en Miraflores
A las 2 y 30 de la tarde del 15 de enero de 1881 se inició la batalla de Miraflores, cuando ambos ejércitos se hallaban separados por apenas 400 metros. La lucha se inició cuando el dictador estaba conversando en la casa del alcalde de Miraflores, el banquero Guillermo Shell, y el general chileno Baquedano, se encontraba al mando de las tropas chilenas.

Los reductos eran siete y se encontraban unos de otros distantes de ochocientos a mil metros, partiendo desde las orillas del mar, hasta las haciendas de Monterrico y Vásquez. Esta batalla fue la repetición de una estrategia errónea de Piérola, quien, sin tener ningún conocimiento militar, se puso al frente de la dirección de la guerra y peor aún, puso en puestos claves a numerosos amigos de su facción política.

En una tres horas y media la batalla se decidió a favor de los chilenos que rompieron las líneas de defensa en los reductos, gracias al cañoneo de sus naves, a su moderna artillería y mayor número de soldados.

REFUERZOS DE LAGOS

A las 3 de tarde el coronel chileno Lagos recibió el refuerzo de los regimientos Valparaíso y Zapadores. Y poco a poco fueron logrando diezmar a los peruanos que defendían los Reductos .Cáceres se replegó al Reducto 2, mientras la división de Lynch comenzó a llegar al frente a reforzar la brigada de Urriola. Combatieron 7,787 chilenos apoyados por 5,000 efectivos de Patricio Lynch, en total casi trece mil chilenos y sus bajas fueron a 2,124; dentro de ellas, 304 jefes y oficiales.

“YO TENGO MI PLAN”

Entre las 4 y 5 de la tarde el coronel Cáceres esperaba refuerzos en el ala derecha peruana, pero a las 17:15 Piérola, el eterno conspirador, disolvió el ejército sin consultar y huyó del campo de batalla con su guardia personal rumbo a Lima para proseguir a la sierra, obtener su pasaporte y vacacionar en Europa. Había mantenido increíblemente sin órdenes ni combatir 11 mil reservistas limeños en Ate.

Ramón Machado
Redacción, La Primera, 12.02.2015

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