Babilonia en tiempos de Hammurabi

Aunque realmente Babilonia se fundó mucho antes (hay menciones a la ciudad en el siglo XXIII a.C.) fue en principio una ciudad anodina, sin importancia política ni económica, sin poder alguno y sin arquitectura reseñable. Se podría decir que durante el Imperio acadio fue una simple “ciudad de provincias”.

El Primer Imperio Babilónico

Sin duda la época dorada de la ciudad en este periodo fue el reinado de Hammurabi, en la primera mitad del siglo XVIII a.C., aunque todo comenzó unos siglos antes, a finales del XXI a.C.

En torno a 2002 a.C. caía el poderoso imperio de la III dinastía de Ur que ejercía el control de la zona. Su caída provocó una atomización de la región en pequeños reinos controlados por ciudades-estado, bajo dominio de las dinastías amorreas.

Cuando Hammurabi llegó al poder, en 1792 a.C., la ciudad-estado de Babilonia era una mediocre ciudad de la llanura mesopotámica. A su muerte, cuarenta y dos años después, Babilonia era la capital de un imperio que controlaba toda Mesopotamia.

Con el arma poderosa que me habían prestado el divino Zababa y la divina Ishtar, con la agudeza que me dio el divino Ea, con la fuerza que me donó el divino Marduk, aniquilé a los enemigos de arriba y abajo, extinguí la resistencia y volví placentera la vida del País.

El Código de Hammurabi

Como capital del Imperio paleobabilónico, Babilonia fue en esta época un gran centro político y comercial (Mesopotamia era nexo comercial con Amurru y el Mediterráneo). Y ello condujo al gran impulso de Hammurabi: la unificación de la lengua, la religión y la ley de la región.

Y aquí es donde entra el celebérrimo código legal que lleva su nombre. El cometido del Código de Hammurabi era, básicamente, unificar y estandarizar las diversas leyes de las ciudades mesopotámicas, que no sólo cambiaban de una ciudad a otra, sino que además cada juez aplicaba a su manera.

Código de Hammurabi
Bajorrelieve de la parte superior de la estela del Código de Hammurabi

Su importancia es doble: no sólo fue una de las primeras iniciativas legislativas de la historia, sino que además establece el carácter inmutable (grabado en piedra) de la ley, garantizando que ni siquiera el rey podía cambiarla. Un concepto innovador en la época.

Seis cosas que quizá no sabías sobre el Código de Hammurabi

  • No sólo es un compendio de delitos y penas sino un código civil y penal completo, ya que también establece cosas como la jerarquización de la sociedad, los precios y salarios (estableciendo el salario mínimo) o la responsabilidad profesional, entre otras.
  • A pesar de su importancia no es el código legal más antiguo conocido. Este privilegio lo tiene el código de Ur-Nammu, de la ciudad de Ur, del siglo XXI a.C.
  • Las penas consisten básicamente en la aplicación de la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente), aunque incluye otros castigos muy duros como el empalamiento o ser quemado vivo (para el incesto, por ejemplo).
  • Las penas son diferentes según la clase social y el género del acusado. Así, las agresiones de un hombre a otro de clase inferior (de un hombre libre a un sirviente o un esclavo, por ejemplo) se saldaban con una multa en lugar de aplicarse la Ley del Talión, o se permitía que un hombre tuviera relaciones extramatrimoniales, pero para una mujer eso suponía la muerte (atada y arrojada al Eúfrates junto a su amante).
  • A pesar de lo duro de algunos de los castigos, el código incluía también una de las primeras formas de presunción de inocencia estableciendo la muerte del acusador que realizara una acusación capital y no pudiera probarla.
  • El Código de Hammurabi siguió vigente aún después de la caída de Babilonia, sirviendo como guía legal durante siglos. De hecho, copiar el texto en tablillas de arcilla siguió siendo una tarea habitual de los aprendices de escriba, y estas leyes se han encontrado en tablillas datadas en el siglo V a.C., más de un milenio después de la época de Hammurabi.

Decadencia

El legado de Hammurabi no duró mucho debido a unos sucesores mediocres. Ya durante el reinado de su hijo el Imperio babilónico perdió muchas provincias.

Esta pérdida de poder progresiva llevó, en 1595 a.C., a una invasión hitita con saqueo incluido, que destruyó la ciudad y acabó definitivamente con su imperio.

Babilonia en tiempos de Nabucodonosor II

Tras esto vino un periodo bastante mediocre para la ciudad. Casi un milenio de gobiernos casita (con cierta bonanza económica gracias a un reparto más equitativo de las tierras de labranza) y asirio, con breves periodos de independencia.

En estas estábamos, con Babilonia bajo gobierno asirio, cuando en 627 a.C. el rey asirio Assurbanipal muere casi al mismo tiempo que su rey títere en Babilonia. Un vacío de poder que aprovechó un jefe caldeo, Nabopolasar, para hacerse con el trono y alzarse frente a Asiria.

Y, contra todo pronóstico, venció a los poderosos asirios (que además se habían aliado con Egipto), devastando y saqueado su gran capital, Nínive.

El legado de Nabopolasar

Nabopolasar consiguió el control de Mesopotamia y el Imperio asirio había caído bajo su empuje. Ésa fue la herencia del hijo de Nabopolasar, Nabucodonosor II: un imperio recién constituido y una capital que había sido destruida pocos años antes por el rey asirio Senaqerib tras una revuelta babilonia. Una herencia difícil.

 Y la gestionó tan bien que pasó a la historia como Nabucodonosor el Grande. No sólo reconstruyó la ciudad: levantó la megalópolis más esplendorosa de su tiempo, con construcciones que aún hoy provocan admiración, como la Puerta de Ishtar, los Jardines Colgantes, la Avenida de las Procesiones o el gran zigurat Etemenanki.

Babilonia
La Babilonia de Nabucodonosor II

Sin embargo la conquista de Jerusalén y de Judá que llevó a cabo hizo que la Biblia no le tratara muy bien, lo que desprestigió su imagen de cara a la posteridad. La función propagandística de los textos sagrados.

La puerta de Ishtar

Casi la mitad de las ochocientas cincuenta hectáreas que abarcaba la ciudad de Babilonia estaban protegidas por un sistema de muralla doble de unos siete metros de ancho, más un foso conectado al río, con torres cada cincuenta metros (unas trescientas cincuenta en total) y rejas de hierro sumergidas en el Eúfrates (que dividía la ciudad en dos partes desiguales) allí donde terminaban las murallas, para que no pudiera ser vadeado. Eran tiempos difíciles.

Ocho puertas franqueaban el sistema defensivo (una más se añadió más tarde, cuando se cerró la muralla en el tramo del río). La principal de ellas, y la más imponente sin duda, era la Puerta de Ishtar.

Puerta de Ishtar

La Puerta de Ishtar, de catorce metros de alto y diez de ancho, daba acceso al recinto interior de Babilonia por su lado norte.

Estaba fabricada de ladrillos de adobe y cerámica vitrificada de color azul y dorado, formando con los de este último color figuras de dragones, toros y leones. Dentro del arco de la puerta habían también dos esfinges, que lamentablemente se han perdido.

Avenida de las Procesiones de Babilonia
Reconstrucción (maqueta) de la Avenida de las Procesiones, tramo exterior a la Puerta de Ishtar

Imagínate por un momento caminando por la Avenida de las Procesiones (la vía principal de Babilonia), a través de la ciudad más grande de su época, donde todo estaba construido en adobe y predominaban los tonos marrones y rojizos, y llegar ante la imponente puerta azul y dorada flanqueada por dos esfinges. Eso debía impresionar a cualquiera.

Los Jardines Colgantes

Nabucodonosor se casó con la princesa Amytis, hija del rey medo Ciáxares, para sellar la alianza entre ambos imperios. Pero la princesa echaba de menos las montañas de su tierra natal, y el rey ordenó construir unos jardines que emularan aquellos montes.

Hay que decir que entre Ecbatana, capital de Media, y Babilonia distaban más de quinientos kilómetros. Imagina esa caravana portando esquejes, semillas, flores e incluso árboles completos.

Jardines Colgantes de Babilonia

Los jardines, distribuidos en terrazas, fueron una de las Maravillas del Mundo Antiguo. Sí, sin duda la Babilonia de Nabucodonosor II sería uno de los destinos obligados si alguna vez llegara a existir un dispositivo de desplazamiento temporal una máquina del tiempo.

Por desgracia, tras la decadencia del Imperio neobabilónico los jardines se fueron abandonando (imagina el mantenimiento que necesita una cosa así) y para cuando Alejandro Magno entró en la ciudad en 331 a.C ya estaban completamente abandonados y en ruinas.

Etemenanki, la Torre de Babel

Otra de las grandes construcciones monumentales de Nabucodonosor el Grande en Babilonia fue Etemenanki, un zigurat de siete pisos y más de noventa metros de altura en cuya cúspide se situaba el templo dedicado al dios tutelar de la ciudad, Marduk, y que se identifica con la bíblica Torre de Babel.

Etemenanki, la Torre de Babel

Etemenanki en realidad ya existía antes de la época de Hammurabi, pero había sido destruido por Senaquerib. Tras la reconstrucción de Nabucodonosor tampoco duró mucho tiempo, ya que los ejércitos persas de Jerjes lo dañaron seriamente en el siglo V a.C.

Cuando Alejandro entró en la ciudad también estaba en estado ruinoso. De hecho estaba en tal estado que ordenó derruirlo para reconstruirlo por completo. Lamentablemente, su muerte truncó el proyecto.

Segunda decadencia

Poco después de la muerte de Nabucodonosor un nuevo poder surgió en Media. En el principado de Anshan, vasallo del Imperio medo, subió al trono Ciro II, al que se acabaría conociendo como Ciro el Grande.

Ciro se rebeló contra Media, conquistándola, ante la pasividad de su aliado el Imperio babilónico, regido ahora por Nabónido. Sin embargo, cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Cuando Ciro conquistó Lidia, en Asia Menor, Nabónido buscó una alianza con Egipto, pero ya no sirvió de nada. En 539 a.C. Ciro II entró en Babilonia, que terminó así sus días de independencia, pasando a formar parte del Imperio aqueménida persa fundado por Ciro.

Como has podido ir viendo, el deterioro de la ciudad fue progresivo y en el siglo IV a.C., cuando Alejandro Magno entró en ella, se encontraba en estado ruinoso. Alejandro tenía para Babilonia grandes planes de reconstrucción, pero su prematura muerte (que sucedió precisamente allí, en Babilonia) hizo que no se llevaran a cabo, y la ciudad acabó siendo paulatinamente abandonada.

Babilonia en tiempos de Saddam Hussein

Las excavaciones arqueológicas de la ciudad comenzaron en 1899 a cargo de la Deutsche Orientgesellschaft (Sociedad Oriental Alemana), y en 1900 ya se habían encontrado la Puerta de Ishtar, la Avenida de las Procesiones y los cimientos del zigurat.

Actualmente hay excavado cerca de un treinta por ciento de las ruinas de la ciudad. Se trata, obviamente, de la Babilonia de Nabucodonosor el Grande, ya que la ciudad antigua había sido totalmente destruida por Senaqerib como hemos visto más arriba.

Además, como el Eúfrates ha cambiado algo su curso, la mayor parte de los restos de la parte occidental de la ciudad están ahora bajo las aguas del río.

Un sitio arqueológico víctima de la megalomanía

En 1979 Saddam Hussein se hizo con el poder en Iraq. Dejando a un lado el resto de su política (y cómo la España de Franco, Estados Unidos, Francia y la URSS le apoyaron, que ya habrá tiempo de hablar de eso en otro apunte), su régimen fue un desastre para las ruinas de Babilonia.

La idea de Hussein era devolver a Iraq la grandeza que un día tuvo el Imperio babilónico. Y otra cosa no sé, pero la propaganda la dominaba al dedillo. Como cualquier dictador que se precie, claro.

Así que ordenó volver a levantar la gran Babilonia sobre sus ruinas, que comenzó en 1982 con la reconstrucción del palacio de Nabucodonosor II. Un horror.

Ruinas de Babilonia
Reconstrucción del palacio real de Babilonia

Se utilizaron ladrillos de barro y mortero directamente sobre las ruinas de las construcciones originales. Ladrillos que, por cierto, comenzaron a agrietarse pasados unos años. No se realizó protección alguna sobre el material antiguo. Y en cada ladrillo la inscripción:

En la era de Saddam Hussein, protector de Iraq, que reconstruyó la civilización y reconstruyó Babilonia

Por supuesto, frente al palacio real del gran Nabucodonosor no podía faltar otro palacio real para el “gran Hussein”. Uno de seiscientas estancias estará bien, debió pensar. En torno a todo el sitio arqueológico ordenó la construcción de un canal artificial. Todo un despropósito.

Palacio de Saddam Hussein en Babilonia
Palacio de Saddam Hussein en Babilonia

El hecho de que los ladrillos utilizados en la reconstrucción llevaran el nombre del dictador los hizo objeto de la ira del pueblo cuando éste fue derrocado. Además, la humedad y las filtraciones procedentes del canal están dañando los materiales originales.

Para colmo, cuando las tropas estadounidenses invadieron Iraq en 2003 les debió parecer adecuado establecer un campamento junto a las ruinas. El tráfico de soldados, camiones y helicópteros no ayudó precisamente a conservar lo que aún quedaba de ellas.

La inestabilidad política en la zona ha hecho imposible un plan arqueológico sostenible y continuado, y las ruinas de Babilonia son un tesoro que, de no poner remedio, pronto será irrecuperable.

Viendo este vídeo puedes hacerte una idea del estado general del sitio:

Además de todo esto, algunos restos se trasladaron y ahora se exponen en diferentes lugares. Además de algunas tablillas y paneles de ladrillos en Londres y Estambul, el principal lugar donde puedes encontrar restos de Babilonia es en Berlín, debido al expolio gracias a la recuperación de restos que realizó la Deutsche Orientgesellschaft.

Concretamente la Puerta de Ishtar y la fachada de la sala del trono del palacio de Nabucodonosor II fueron desmontados, numerados y reconstruidos (a escala reducida) en el Museo de Pérgamo de Berlín, donde pueden visitarse en la actualidad.

La Puerta de Ishtar en el Museo de Pérgamo
La Puerta de Ishtar en el Museo de Pérgamo

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