Ayer establecimos lo central de nuestra posición sobre el indulto otorgado al ex mandatario Alberto Fujimori. A ella nos remitimos en lo que respecta al fondo del asunto. Hoy toca abordar una de las consecuencias más inmediatas que, en base a lo que se puede ver hasta ahora, parece haber traído: una reconfiguración significativa del tablero político.

Este cambio tiene dos aristas principales: la del fujimorismo, dueño de la mayoría absoluta en el Congreso, y la del antifujimorismo, hasta ahora el principal apoyo del gobierno en los momentos claves. Para resumir lo que ha pasado con ambas fuerzas habría que decir lo siguiente: el fujimorismo es hoy menos fuerte y el antifujimorismo ya no está con el gobierno.

Lo primero, desde luego, abre un nuevo camino, mucho más libre para el gobierno en lo que le queda de mandato. Esto, tanto si se consolida una nueva bancada fujimorista que ya no responda a Keiko Fujimori, sino a Alberto y Kenji; como si se consolida una nueva unión de toda la bancada de Fuerza Popular. En el primer escenario, la situación es clara: Keiko Fujimori ya no tendría mayoría absoluta en el Congreso. Este solo hecho significaría un cambio radical en la cancha en la que ha venido jugando el gobierno hasta hoy; cambio que se traduciría en lo siguiente: el Ejecutivo tendría ahora mucho más espacio para moverse. No solo eso: además de la mayoría del Congreso, en este escenario Keiko perdería el apoyo de buena parte de sus votantes, muchos de los cuales son más ‘albertistas’ que ‘keikistas’; lo que también repercutiría en un mayor aire para el gobierno.

El segundo escenario –el de la bancada unida– es menos favorable al Ejecutivo de Kuczynski, pero continúa presentándole un panorama mejor a aquel en el que venía moviéndose hasta antes de la votación del jueves pasado y del indulto. Y es que esta bancada unida de Fuerza Popular solo podría salir de algún pacto entre Alberto Fujimori y su hija. Con ello, el Ejecutivo ahora tendría que enfrentar una mayoría congresal con liderazgo compartido y ya no monolítico, siendo uno de los líderes de esa nueva bancada alguien que debe su libertad al actual presidente.

En cuanto al antifujimorismo que ya no está con el gobierno, su partida significa también un cambio radical para el gobierno. El antifujimorismo es, tal vez junto con los conservadores de movimientos del tipo #ConMisHijosNoTeMetas, el sector mejor movilizado y vocal de nuestra calle política. Su pérdida, en esa medida, no es menor para el Ejecutivo. La pregunta está en qué tanto podrá ser compensada por la reconfiguración antes descrita del fujimorismo y por el efecto de la “mayoría silenciosa” que está a favor del indulto (65% según la encuesta de noviembre de El Comercio-Ipsos).

Esta pérdida del apoyo antifujimorista, por otra parte, tiene también una expresión en votos congresales: los de la bancada de Nuevo Perú y los de los tres miembros de la bancada oficialista que han renunciado a la misma. Tres miembros con los que, dicho sea de paso, la bancada de Peruanos por el Kambio ha perdido no solo tres votos sino también a algunos de sus más elocuentes y activos integrantes.

Habrá que esperar a los próximos días para ver cómo terminan de caer las piezas (ciertamente, los nuevos nombramientos que se vienen en el Gabinete darán nuevas buenas claves), pero los dos mencionados son cambios estructurales que, salvo grandes sorpresas, ya parecen vislumbrarse con claridad.

Vivimos, no cabe duda, tiempos interesantes.


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