Los anuncios desde París se agolpaban el martes. La aseguradora AXA y el banco ING sacarán su dinero de las empresas más carboneras; el Banco Mundial dejará de financiar las extracciones de gas y petróleo a partir de 2019; un gigantesco grupo de fondos de inversión —entre los que figuran el HSBC y el mayor fondo de pensiones de trabajadores públicos de EE UU— realizará un marcaje a las 100 multinacionales que más gases de efecto invernadero emiten en el mundo para que combatan el cambio climático…

En la cita organizada por el presidente Emmanuel Macron para conmemorar los dos años del Acuerdo de París se sucedieron las propuestas desde el sector financiero que ponen a los combustibles fósiles —principales emisores de gases de efecto invernadero— en el punto de mira. Fue un carrusel de declaraciones similar al que se ha repetido en las últimas cumbres del clima que organiza la ONU. Pero, al margen del impacto concreto que tienen estas declaraciones de intenciones de billonarios fondos y bancos, lanzan un mensaje a toda la economía.

“Son señales que van a tener un efecto muy potente”, resume Xavier Labandeira, director de Economics for Energy. Señales que “desincentivan a determinados sectores” —como el de los combustibles fósiles— e “incentivan otros” —por ejemplo, el de las renovables—. “Tienen un efecto indirecto”, apunta Teresa Ribera, directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales, sobre los anuncios del martes. “Los fondos se van a pensar muy bien qué financian”, añade. “Y los actores económicos van tomando nota”.

“Ya hay empresas que han tenido dificultades para financiar determinados proyectos”, explica Alberto Amores, socio de Monitor Deloitte y experto en energía. “No es algo muy generalizado”, pero es un “movimiento incipiente” que “hace cinco o seis años no se daba”, destaca este experto.

La agencia de calificación Moody’s advertía esta semana del “riesgo” que corren las plantas de carbón más viejas, ineficientes y costosas de ser sustituidas por las renovables y la generación térmica más eficiente, que son más baratas y que emiten menos o ningún CO2, el principal gas de efecto invernadero. Y el riesgo es mayor, advertía, en EE UU y la UE.

Beneficio verde

Un ejemplo ilustrativo es el de las dos plantas de carbón que Iberdrola tiene en España y que quiere cerrar pese al rechazo del Ministerio de Energía. Fuentes del sector aseguran que la compañía realizó consultas informales con algunos fondos de inversión chinos para intentar venderlas. Y rechazaron la operación.

En muchos casos, no es una cuestión de conciencia medioambiental. “Hay fondos que buscan directamente las inversiones verdes”, explica Labandeira. Pero la mayoría persigue “proteger sus inversiones en el futuro”, añade. Y pactos como el Acuerdo de París, las políticas europeas contra el cambio climático o anuncios como los realizados en la cita de Macron lanzan el mensaje de que los activos vinculados a las energías fósiles corren el riesgo de “perder valor”, detalla Labandeira.

Ese “riesgo” de sustitución al que se refería Moody’s estaba muy focalizado en EE UU y la UE. Pero, ¿qué ocurre en los países en desarrollo cuya batalla es que su población simplemente tenga acceso a la electricidad? Ahí entra en juego el anuncio del Banco Mundial, cuya principal función es ayudar a esos Estados más pobres. El Banco Mundial, que ya decidió en 2010 dejar de lado la financiación de las térmicas de carbón, ahora da un paso más al anunciar que a partir de 2019 no respaldará las extracciones de petróleo y gas. Se alinea así con los estudios científicos que advierten de que, para que el calentamiento global no alcance niveles inmanejables, una parte de las reservas de hidrocarburos no deben sacarse de las entrañas de la tierra.

Aunque la institución añade una excepción un tanto ambigua —sí financiará los proyectos en países que tengan necesidades específicas de acceso a la energía—, Ribera cree que el anuncio “es muy importante”. “El Banco Mundial tenía una cartera de proyectos muy carbonizada”, señala en referencia a las energías fósiles. “Estas entidades multilaterales no son los grandes inversores”, añade Amores, pero sí “son una señal de referencia” para otros.