Al haber estallado ya la violencia como respuesta árabe en general y palestina en particular al reconocimiento por parte del presidente de EE UU, Donald Trump, de Jerusalén como capital de Israel, podría parecer que la primera pregunta a plantearse es cuánto durará, si acaso se agravará más aún y si es en efecto el comienzo de una tercera intifada, como ha proclamado la organización Hamas desde Gaza. Como en otros aspecto relativos al conflicto, los analistas israelíes que se han manifestado estos días al respecto no necesariamente coinciden.

En general, en Israel hay una clara renuencia a calificar a la violencia de estos días de nueva intifada, pero las grandes diferencias de opinión se producen cuando el tema a valorar es la gravedad de la situación actual. De fondo, en la cúpula de los responsables de seguridad y también a nivel político, parece haber bastante consenso acerca de que ni el liderazgo oficial palestino ni el Gobierno israelí tienen interés en verse enfrascados en un tercer levantamiento. Eso no significa sin embargo que se minimice la gravedad de la situación, porque la dinámica de violencia no siempre es previsible.

Ron Ben Yshai, un muy destacado analista de seguridad del portal israelí Ynet, considera que tanto el lado israelí como el palestino han reaccionado con una «contención» relativa a la declaración de Trump. «Israel no respondió con euforia», opina, señalando que del lado palestino «la violencia no parecía destinada a matar, como en ocasiones anteriores, sino más que nada a sacar vapor». Sin embargo, él mismo señala que en el momento en que desde Gaza grupos salafistas optaron por disparar cohetes hacia poblados civiles en el sur de Israel, la dinámica ha cambiado. Condujo a un ataque aéreo de Israel y complicó la situación. Insiste en la idea de que cuando hay crisis y violencia, es difícil saber de antemano cómo se controlarán las llamas.

Por su parte, el profesor Uzi Rabi, al frente del departamento de Historia del Medio Oriente y África en la Universidad de Tel Aviv, parece más preocupado sobre cómo puede desarrollarse esta crisis. «Israel debe prepararse con determinación y seriedad para la posibilidad de una amplia ola de protestas en Jerusalén y en los territorios de la Autoridad Palestina y quizás entre los árabes israelíes», dice. Está seguro de que los sectores más radicales, Hamas entre ellos, «intentarán aprovechar para promover agendas venenosas condimentadas con un virus religioso».

La otra gran pregunta es si hay en la situación actual algo que puede conducir a cambios de calado en la situación. Uzi Rabi considera que en la práctica, a pesar de lo que se está viviendo, se verá «más de lo mismo». En otras palabras: «Seguirá la coordinación de seguridad entre Abu Mazen (el presidente palestino) e Israel, porque eso garantiza calma en la arena palestina y es una barrera ante la infiltración de Hamas en Cisjordania». En cuanto al entorno regional, estima que «los países árabes suníes, especialmente Jordania, Arabia Saudí y Egipto, no suspenderán sus contactos disimulados con Israel y su apoyo a Estados Unidos».

Más optimista respecto al potencial positivo de la crisis actual –o mejor dicho el discurso de Trump, a pesar de haber desatado la violencia– fue el general (retirado) Amos Yadlin, quien encabeza el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional y que en el pasado fue jefe del Servicio de Inteligencia de Israel. «El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por la más fuerte potencia mundial es un desarrollo importante que crea más oportunidades que riesgos», escribió, agregando que «esto abra la puerta a paradigmas diferentes y nuevos para el proceso de paz».

Desde fuera de Israel puede resultar imposible entenderlo ahora, en medio de los choques violentos y las promesas de Hamas de que «se equivoca quien cree que nos detendremos en las manifestaciones» –lo cual da a entender que vendrán los atentados–. Pero Yadlin, que procura siempre ver el cuadro general, asegura: «El anuncio de Trump no ha eliminado la posibilidad de utilizar el marco de negociaciones aceptado para llegar a un acuerdo sobre los temas centrales». Cabe recordar que ya desde los acuerdos de Oslo, en el primer pacto israelopalestino quedó estipulado que el tema de Jerusalén sería postergado para el final, para la etapa de negociación sobre el acuerdo permanente. Yadlin, aunque sin entrar en detalles, da a entender que ambas partes deben aquí cambiar de política para poder avanzar. «Israel debe aprovechar este desenlace positivo y evaluar su propia flexibilidad en el tema palestino», señaló. «La declaración de Trump puede promover nuevos enfoques de cara a la paz. Ha llegado el momento de renunciar a políticas irracionales que intentan reiteradamente la misma estrategia esperando cada vez distintos resultados». En otras palabras: cuando se calme la violencia, sus líderes pueden hallar en el discurso de Trump la llave para avanzar hacia un acuerdo que incluya, entre los temas a tratar, también las reivindicaciones palestinas sobre Jerusalén.


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