Lucía Abellán

Europa se adentra en un territorio del que siempre receló: la defensa. Los ministros de Exteriores y de Defensa de la UE inauguraron este lunes la cooperación permanente en materia militar, un proyecto que aglutina, de entrada, a la inmensa mayoría de los Estados miembros (23 de 28). A través de esta alianza, los países reforzarán y coordinarán sus labores defensivas en un momento de mayor inseguridad interna y externa para el continente. Los primeros proyectos se aprobarán en diciembre. La jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, habló de un “logro histórico” en la integración de la UE.

La firma, uno por uno, de los ministros implicados en este proyecto alrededor de una gigantesca mesa redonda marcó el inicio de una nueva tarea para la UE. Los 23 países signatarios (todos menos Reino Unido, Dinamarca, Portugal, Irlanda y Malta) escenificaron así la constitución de este Schengen de la defensa. En sus inicios, el proyecto europeo ya planteó construir este pilar, pero abandonó la idea por las reticencias que generaba en Francia. Este Estado es precisamente hoy —junto con Alemania, Italia y España— el principal impulsor de la cooperación estructurada permanente (PESCO, por sus siglas en inglés). Mogherini quiso reconocer el liderazgo de estos cuatro Gobiernos.

El ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, explicó ese cambio de actitud en toda Europa. La iniciativa “responde a los atentados” sufridos en Europa, pero también nace “como respuesta a la crisis de Crimea”. Esa doble vertiente de acontecimientos internos y externos que han desestabilizado a Europa en los últimos años ha llevado a los Estados a tomar más conciencia de la necesidad de reforzar su seguridad, que dejó de ser prioritaria tras el fin de la Guerra Fría. “En el pasado hubo muchas reticencias, países que pensaban que suponía duplicar proyectos de la OTAN. Pero se trata de aprovechar capacidades”, argumentó la ministra española de Defensa, Dolores de Cospedal.

La lista de países finalmente adheridos a la iniciativa —hasta diciembre aún pueden sumarse otros— revela que, en la disyuntiva entre proyecto ambicioso que reclamaba Francia y la de proyecto inclusivo que preconizaba Alemania, ha vencido esta última opción. El documento aprobado por los ministros menciona ambos términos y recoge una serie de compromisos que asumen los Estados. Uno de ellos es el financiero. Esta nueva política nace sin abrazar la meta de gastar al menos un 2% del producto interior bruto en defensa, como pide la OTAN, pero sí fija otros parámetros. Los países aceptan incrementar esos presupuestos y lograr que la inversión real del capítulo de defensa (excluidos, por ejemplo, los salarios de los militares o el mantenimiento de infraestructuras) represente al menos el 20% del total. Para garantizar la modernización militar, el gasto en investigación y desarrollo debería suponer el 2% del gasto en defensa.

Ciberseguridad

Más allá de los criterios económicos, los países deberán esforzarse más en ciberseguridad —en la actualidad, uno de los principales retos— e informar a sus colegas (a través de una base de datos) sobre cuáles de sus fuerzas pueden ser desplegadas en el caso de una misión. Para evitar suspicacias, el texto aclara que la pretensión no consiste en crear una fuerza de acción rápida, como la que mantiene la OTAN. Las posibles fricciones con la Alianza Atlántica han sido uno de los argumentos históricamente esgrimidos por algunos detractores de este proyecto para frenarlo. Hoy esas reservas parecen vencidas. El propio secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se ha reunido con los titulares europeos de Defensa en el marco del Consejo Europeo y ha declarado que el proyecto es “bueno para Europa, pero también para la OTAN”.

Pese a la adhesión mayoritaria, la iniciativa aglutina a países de sensibilidades diferentes. Algunos (Francia y en cierta medida también España) confían en que sirva de germen para una verdadera unión de la defensa, con capacidad para hacerse cargo de ambiciosas operaciones militares en la UE. Otros, capitaneados por Alemania, ven en el proyecto una plataforma para cooperar en el desarrollo de proyectos militares (por ejemplo drones) y evitar duplicidades. “Gastamos el 50% que EE UU en defensa, pero sólo tenemos un rendimiento del 50% porque todos hacemos lo mismo y no nos coordinamos”, criticó el ministro alemán de Exteriores, Sigmar Gabriel.

De momento, el texto recomienda mantener “un adecuado equilibrio” entre los planes dedicados al desarrollo de medios militares y los de misiones específicas. Habrá una evaluación anual del papel de los Estados miembros en esta nueva estructura.


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