Por: Lester Rojas

Ilan Chester es uno de los cantautores más reconocidos del país. Aunque nació en Israel en 1952, desde pequeño, su pasión musical fue influenciada por los ritmos afrocaribeños.

Cuando tenía un año de edad llegó a Venezuela, debido al trabajo diplomático de su padre, que le permtió conocer también otros países. Desde muy pequeño dominó algunos instrumentos musicales, como el piano, y tocaba melodías judías, francesas e italianas. Está casado con Mercedes Merci y tiene siete hijos.

A través de sus letras y música, que están dedicadas al amor y al sentimiento, logró convertirse en una referencia en el mercado latino. Su última presentación en el país fue en febrero de 2016. Actualmente se encuentra residenciado en Florida, y ahí sigue siendo un exponente de la música venezolana y latinoamericana.

La larga trayectoria del interprete de temas como Mujer sin medida y Canto al Ávila, será reconocida por la Academia del Grammy Latino, que le otorgará el Premio a la Excelencia Musical, en una ceremonia especial que será celebrada este miércoles 15 de noviembre, en Las Vegas.

–¿Qué significa para usted  recibir el Premio a la Excelencia Musical del Grammy Latino?
–No puedo negar que el reconocimiento y el respeto ajeno son sabrosos. Estoy de verdad agradecido por la aceptación de mis canciones por la gran audiencia que Dios me otorgó.  Menos mal que no me tocó mucho más grande, ya que no creo que hubiera podido manejar la vanidad que genera el éxito. La vanidad se pega a la conciencia como un chicle.

–Muchos de sus seguidores en Venezuela no saben qué está haciendo Ilan Chester en materia musical. ¿En qué trabaja actualmente?
–Si bien sigo presentándome en varios formatos, en distintos países, estoy dedicado casi a tiempo completo a la composición. Tan pronto como tenga algo nuevo, lo compartiré.

–Sus canciones más reconocidas se refieren al amor, y al afecto al país y a la ciudad,  ¿qué cambió en su inspiración cuando se fue de Venezuela?
–Lo que me motiva y me mueve hacia la composición y el canto, en cualquier lugar donde me encuentre, son los temas del amor y la belleza.  Me resulta fastidioso el intento de componer por componer, o por la rutina de mantenerme competitivo en el mercado de la música. El Canto al Ávila surgió a partir de un sentimiento de aprecio por nuestra montaña.

–¿Cómo asume el desarraigo del exilio?, ¿ha permeado su manera de componer?
–La verdad es que yo no me siento en el exilio por no estar en Venezuela. Me siento más en el exilio porque  estoy en el planeta equivocado. En ese sentido estoy en el exilio, y curiosamente mis canciones están motivadas por el deseo de volver a casa, de donde somos todos, los que están y los que no estamos en Venezuela.

–¿El haber emigrado no es una forma de retirarse?
–No, para mí es haber entrado en otro cuarto de una misma casa.

–¿Qué presencia tienen los músicos venezolanos en el mercado estadounidense?
–Hay grandes músicos venezolanos. No solo están músicos del jazz de la talla de Otmaro Ruiz y Silvano Monasterios, hay otros muy activos, como Pacho Flores, Alexis Cárdenas y Eddy Marcano. También los tenores Aquiles Machado y Víctor López, y, por supuesto, los que representan la nueva música autóctona venezolana, como C4 trío, Rafael “Pollo” Brito y Jorge Glem.

–¿Considera hacer un crossover al mercado de Estados Unidos?
–Para nada. Ni me lanzo, ni hay agua en esa piscina para mí.

–¿Volveremos a ver y escuchar a Ilan Chester en Venezuela?
–Seguro que sí. Tengo muchas ganas de recorrer el país y compartir música y cariño.

–¿Cuáles considera usted que son los mayores escollos a los que se enfrenta la música venezolana?
–Por lo general la música tradicional venezolana no es bailable, y esa es una notable desventaja. Ese género tardará en ser reconocido, pero ahí está Óscar D’León en la salsa y los reguetoneros, que han tenido mucho éxito. La industria de la música en sí (y también en fa) está sufriendo unos cambios radicales. Sin embargo, por lo menos en la Florida hay varios venezolanos que han podido elevar el nivel de su vida familiar, y hasta comprar casas nuevas, con las composiciones cantadas por los que mejor están amarrados al mercado.

–¿En sus más de 40 años de trayectoria ha percibido algún cambio en el público? ¿Cómo se conecta con las nuevas generaciones?
–Todo cambia, la música, el público y la conexión entre los dos. Personalmente no me conecto con las nuevas generaciones. Existe una brecha generacional natural y el gusto musical del público de hoy, naturalmente es diferente al de mi generación. Soy un hombre de 65 años. No veo cómo pudiera conectarme con las nuevas generaciones haciendo la música que naturalmente estoy generando. Sin embargo, me veo conectado con todo tipo de público, exponiendo la herencia cultural que he recibido de la cultura ancestral de India.

–¿Qué ha sido lo más difícil para usted y su familia de vivir en otro país?
–Lo más difícil ha sido sentir, en la distancia, el sufrimiento del pueblo venezolano, y en Estados Unidos hemos palpado muy de cerca el sufrimiento del pueblo norteamericano. El planeta entero está sufriendo.

–¿Cuál es el mejor regalo que le han dado la vida y la música?
–El mejor regalo es el amor recibí de mi maestro espiritual. La música ha sido mi mejor aliada para expresar esa infinita gratitud que siento por él.


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