Santiago Ángel de la Paz Antúnez de Mayolo Gomero nació entre dos cordilleras: la Blanca y la Negra. El 10 de enero de 1887, en la provincia Aija, Ancash, donde se encontró con sus primeros libros. La secundaria la inició en el centro educativo San Agustín de Huaraz y la concluyó, en 1904, en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe junto a nuestros brillantes escritores Abraham Valdelomar y Federico More. Fue, en todos los centros que ha estudiado, un alumno ejemplar.

En 1905, ingresó en la Sección de Matemática de la Facultad de Ciencias de la Universidad de San Marcos (UNMSM), donde conoce, entre otros, a los maestros García Godos, José Granda, Enrique Hermosa, Federico Villarreal. Este último lo motivó para estudiar la teoría física-matemática del polaco Hoené Wronski que le sirvió para hurgar en la física.

En setiembre de 1907 obtuvo el grado de bachiller en Ciencias por San Marcos y, el mismo año, fue el primer latinoamericano en matricularse en la Universidad de Grenoble, en Francia, donde se tituló de ingeniero electricista y obtuvo un diploma de electroquímico. Como siempre, entre aplausos. Luego, su avidez por la ciencia lo lleva a Suiza, Austria, Alemania, Dinamarca, Suecia, Inglaterra, Estados Unidos.

Cuando estaba en Noruega, en las fábricas de Notodden y Saahein en Rujkan, notó que las caídas de agua producían riqueza y pensó: “Con esfuerzo y dedicación las caídas en el Callejón de Huaylas también pueden producir igual o más riqueza”. Luego su trabajo concretaría su pensamiento. No fue un turista, sino viajero interminable por y para el conocimiento en beneficio de su patria: el Perú. Fue formal en el amor. Primero la boda. El 28 de junio de 1912, en Estados Unidos, se casó con la noruega Lucie Kristiana Rynning.

En 1960, con María Teresa Ramírez Alzamora Cobos, familiar de Claudio Ramfrez Cobos, quizá, el más grande biógrafo del sabio. De vuelta al Perú, en 1913, laboró en la Compañía Hidroeléctrica del Cañón del Pato, donde elaboró los proyectos de una central y una fábrica de fertilizantes. Fue contratado por la Empresa Minera Huallanca en 1914 y luego por las Empresas Eléctricas Asociadas. En 1923, se doctoró en Ciencia Matemática por la UNMSM con la tesis “Teoría cinética del potencial newtoniano y algunas aplicaciones a las ciencias físicas” en la que plantea sus revolucionarias teorías que lo consagraron como sabio.

Luego incursionó en política de manera fugaz. No duró. Lo suyo era la ciencia. Hubo ocasiones en que fue docente en tres lugares: UNMSM, Escuela de Ingenieros y la Escuela Nacional de Artes y Oficios. Enseñó, entre otros, Física General, Física Nuclear, Electroquímica General, Tracción Eléctrica, Centrales Hidroeléctricas. Después de sus clases, en las tardes, se dedicaba a sus investigaciones en el campo de la física. Forjador de la patria, apasionado en los misterios del átomo.

Precursor En 1924, presentó su “Hipótesis sobre la constitución de la materia” en el Tercer Congreso Científico Panamericano en Lima, en la cual intuyó la existencia de un “elemento neutro” en la composición del átomo. Ocho años más tarde este hallazgo fue confirmado, en laboratorio, por el inglés James Chadwick (descubrió el neutrón). La gloria, entonces, se la llevó Inglaterra y Chadwick obtuvo el Premio Nobel. Paradojas de la vida, mezquindad científica. Actualmente, en ninguna obra especializada sobre el neutrón se menciona la predicción de Antúnez de Mayolo, ni siquiera en Historia del Neutrón de Donald J. Hughes. Santiago Antúnez de Mayolo fue un científico visionario.

Predijo, asimismo, la presencia del electrón positivo en los rayos cósmicos poco antes de que lo demostrara en laboratorio el norteamericano Carl Anderson (que lo llamó positrón). Para presentar este trabajo en la Academia de Ciencias de París (vitrina de las investigaciones científicas en ese tiempo) pidió ayuda al dictador Sánchez Cerro y, por supuesto, le negó un pasaje. Pero lo envió gracias a Francisco García Calderón, que ocupaba un cargo de gobierno en ese entonces.

Más tarde, estos descubrimientos revolucionaron la física moderna. Otro que le ayudaba en ese afán era su amigo Louis de Broglio, Premio Nobel de Física. La característica principal de la producción intelectual de Antúnez de Mayolo fue su originalidad. Planteó hipótesis novedosas, abrió nuevas trochas en el conocimiento. Su sabiduría abarcó los campos más diversos: física, matemática, química, arqueología, historia y más.

En su expedición a Chavín de Huántar, en 1915, hizo una descripción maravillosa de lo que después sería llamado OBELISCO. Fue amigo de Max Ulhe y de Julio C. Tello. El primero se interesó por los trabajos del sabio y quiso publicarlos en Alemania. El segundo le pidió prestado los mapas y los planos de sus expediciones a las ruinas de Chavín. Asimismo, tuvo inquietud por la historia y lo demostró con un excepcional relato de las causas y acontecimientos principales de la sublevación indígena par Pedro Pablo Atusparia en Huaraz, en marzo de 1885.

Dejó en luto al Perú entero cuando saltó a investigar los misterios de la muerte, en 1967. “La obra de Dios esta escrita en todas partes, pero está escrita en jeroglíficos que hay que saber descifrar.” Escribió el octogenario maestro Luis Jaime Cisneros, el 14 de agosto de 1959, en el 50 aniversario del sabio: “Los cincuenta años que cumple usted tiene que ser, ciertamente, para quienes hemos aprendido a admirarlo por su ciencia y a quererlo por su hombría de bien, acontecimiento que nos enorgullece como peruanos. Siento que la memoria de mi padre vuelve a recordarme muchas veces que tuvo su nombre listo para exhibírmelo como modelo de dedicación, de modestia, de patriotismo”.


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