En la Av. Alfredo Benavides, rumbo al distrito de Surco, se ubica el que fuera el primer colegio nacional de mujeres, inicialmente denominado Colegio Nacional Experimental Reducto de Miraflores y fundado en 1945 por el entonces ministro de Educación, el historiador Jorge Basadre. Durante el gobierno de Manuel A. Odría, como todos sabemos, pasó a ser una Gran Unidad Escolar y hoy ostenta el título “emblemático”, aunque básicamente se le conoce por llevar el nombre de una célebre mujer peruana, conocida como “la abuelita de los niños”. Pero ¿quién fue realmente Juana Alarco de Dammert. Descúbralo en la siguiente nota:

Juana Alarco Espinoza de Dammert fue una filántropa y benefactora de la niñez peruana, conocida como La abuelita de los niños. Fundó la Sociedad Auxiliadora de la Infancia, que promovió la creación de una Escuela Maternal para el cuidado y la enseñanza de niños huérfanos de 7 a 12 años de edad, así como la primera cuna maternal para hijos de las madres trabajadoras. En ese sentido fue precursora de los servicios de asistencia social.

Nació el 27 de mayo de 1842 en Lima. Estudió en la escuela regentada por Cruz Andrade de Noel, y completó su educación con lecciones privadas de francés y de música. Contrajo matrimonio el 31 de diciembre de 1861 , en la iglesia el Sagrario de la Catedral de Lima, con Juan Luis Dammert Amsink, un prominente comerciante alemán. Viajó seguidamente a Francia y en París cultivó su personalidad mediante la lectura, y se interesó por la atención médica social a la madre y el niño. Al regresar al Perú en 1886, hubo de atender a la restauración de los estragos que la guerra y la ocupación extranjera causaran en sus bienes familiares. Ese mismo año, sufrió la muerte de su primogénito nacido en 1865, y concibió la necesidad de promocionar un movimiento de solidaridad social en favor de las madres y de los niños desvalidos.

En octubre de 1894, formó una sociedad llamada Auxiliadora para asistir a los heridos en los hospitales y a los presos en las casamatas. Recibió apoyo del presidente Andrés A. Cáceres y prestó invalorables servicios durante la guerra civil que ensangrentó las calles de Lima en 1895. En esta ocasión, instaló una ambulancia en la Plazuela del Teatro, que contó con 50 camas y tuvo que atender a 227 heridos. Durante los dos meses siguientes continuó como hospital de sangre provisional.

Al finalizar la guerra civil, todos regresaron a casa, pero fue entonces cuando quedó patente el desamparo de los niños que habían quedado huérfanos. Imbuido de un noble espíritu de solidaridad hacia los desvalidos, Juana convocó la colaboración de las damas de la sociedad, e impulsó el nacimiento de la Sociedad Auxiliadora de la Infancia, a la que habría de dedicar el resto de su vida. A través de dicha institución promovió la creación en 1896 de una Escuela Maternal, que se instaló en la calle Tayacaja, donde recibirían alimentación y enseñanza niños de siete años a doce años. Con tal fin, numerosas voluntarias fueron capacitadas como maestras, y como anexo se abrió un consultorio de atención médica gratuita. Como maestras destacaron Luisa Beausejour, Elvira García y García, y la propia hija de Juana, Luisa Dammert.

Sobre un terreno donado por la Beneficencia Pública fundó en 1902 la primera cuna materna para atender durante el día a los hijos de las madres trabajadoras. Esta cuna o guardería, que se instaló en la entonces calle Los Naranjos, en Barrios Altos, sirvió de ejemplo para superar la antigua casa de expósitos. Asimismo, inició la distribución de leche en las escuelas fiscales, convirtiéndose así en la precursora de los desayunos escolares. Promovió también el envío de los niños pobres a las playas y a otros lugares recreacionales, e insistentemente demandó un hospital destinado a la atención de los mismos.

Al celebrarse las bodas de plata de la Sociedad Auxiliadora de la Infancia (1919), se brindó reconocimiento público a la labor de Juana Alarco de Dammert y, tres años después, la municipalidad de Lima inauguró una estatua suya, en una plaza pública que hoy lleva su nombre, como testimonio de su labor benefactora de la infancia peruana. La estatua de bronce fue realizada por el gran escultor David Lozano.

Sus últimos años de vida estuvo rodeada del cariño de sus colaboradoras de la obra benéfica. Su hija siguió con la administración de la cuna maternal. El 2 de agosto de 1932, Juana Alarco de Dammert falleció en Lima. Nunca sería olvidada, durante muchos años, cada día de la madre se realizaban homenaje frente a su escultura en el parque Neptuno. Juana Alarco de Dammert fue tomada como ejemplo de mujer admirable, algunos colegios llevan su nombre. La historia peruana nunca podrá olvidarla.


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