Luis Alegría

El Gobierno Peruano se ha planteado dos objetivos para la inversión pública en el 2017. El primero es que el indicador crezca 7,5% en términos reales, como señala el Marco Macroeconómico Multianual 2018-2021 (MMM). El segundo, ejecutar el 80% del presupuesto de inversión, según dijo hace unos meses la entonces viceministra de Economía, Claudia Cooper, en entrevista con El Comercio.

La primera meta luce desafiante, pero factible. En los 10 meses transcurridos este año, el gobierno ha invertido unos S/19.840 millones ajustados por inflación y, para lograr dicho objetivo, la cifra debería ascender hasta S/ 30.492 millones en diciembre.

Para alcanzar ese monto, se tendría que gastar unos S/ 10.652 millones en los dos meses restantes, es decir, un 25% más en términos reales de lo que se ejecutó entre noviembre y diciembre del 2016. Dado que en ese par de meses la inversión pública sufrió importantes caídas, el efecto de rebote estadístico hace probable un salto de esa magnitud, incluso ligeramente inferior al crecimiento observado este último mes de octubre.

Sin embargo, cuando se evalúa la meta de ejecución presupuestaria, sí se encuentra que el Gobierno muestra un rezago mayor y más complicado de cerrar. Al mes de octubre, se ha ejecutado el 47,4% de los S/42.613 millones asignados para el año, por ahora lejos del 80% objetivo.

Si el Estado quiere alcanzar este objetivo, tendría que ejecutar casi S/13.000 millones adicionales entre noviembre y diciembre. Ello representa un incremento de 47% respecto a lo visto en el último bimestre del 2016. Así, al rebote estadístico le tendría que sumar un incremento en la capacidad de ejecución efectiva del Estado. De no ocurrir esto, lo más probable es que el ratio de ejecución se quede bordeando el 70% a fines de año.


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