No queda claro viendo The Square si su director, Ruben Östlund, se ríe del arte contemporáneo y todo lo que lo rodea o se está riendo también de sí mismo, ya que incurre en defectos conceptuales, supongo que de forma asumida, que son propios del arte que está ridiculizando. Más expansivo y generoso en todos los sentidos (metraje, personajes, situaciones) que en su anterior largometraje, Fuerza mayor, el realizador sueco cambia de tercio a nivel genérico: si aquel era un drama ribeteado de momentos de comedia negra, esta es una comedia sarcástica, hasta cierto punto salvaje, trufada con elementos de drama.

The Square - Cartel

Su protagonista principal, Christian, es el manager de un museo de arte contemporáneo de Estocolmo que tiene prestigio, cierto, pero menos medios económicos que otros centros culturales del país. La campaña promocional de la exhibición que está preparando, titulada como la película y centrada, es un decir, en la recuperación de los valores humanos ante el derrotero de los acontecimientos globales, no es más que el acicate para que salgan a la luz una variada gama de situaciones y personajes, siempre en relación a este atractivo pero no muy listo, simpático pero torpe, curator de los tiempos modernos, o mejor dicho, contemporáneos.

Las situaciones son más íntimas y breves (la relación con sus dos hijas; de la esposa separada no sabremos apenas nada), más fugaces (la comparecencia del artista que encarna Dominic West en el museo, cuya conferencia es saboteada por un individuo con síndrome de Tourette), estrambóticas (la performance provocadora de un actor que simula ser un simio durante una cena de etiqueta en el museo) o definitorias pese a que tampoco ocupan demasiado metraje: el encuentro sexual del manager con una periodista (encarnada por la también televisiva Elizabeth Moss) y los reproches posteriores de ella al considerar que Christian se sirve de su cargo en el museo para atraer a las mujeres.

Östlund es en este caso menos sutil, tanto en la crítica diáfana a un sistema de valores sociales, económicos y culturales, como en sus pinceladas de humor absurdo que a veces se inclinan hacia lo grueso. Pero es también un cineasta muy efectivo que se maneja estupendamente en situaciones en las que parece que no pasa nada pero ocurren muchas y significativas cosas. 

No hay mejor secuencia en la película que aquella en la que Christian se cree un héroe por haber detenido a un individuo híper-agresivo que quería pegar a su esposa en plena calle. No desvelaré cómo termina dicha escena (la maldita tiranía, también contemporánea, del spoiler), pero es la que define mejor lo que es el personaje, lo que es la película y buena parte de lo que es el mundo en estos momentos.

A favor: El comedido trabajo del actor protagonista, Claes Bang, y la salpicadura de momentos absurdos y situaciones en las que nos podemos reconocer.

En contra: Un humor a veces demasiado grotesco y un cierto ensimismamiento.


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