El buen momento por el que transita la economía peruana es una realidad reconocida por propios y extraños. La recuperación del precio de los metales en el mercado internacional, la mejora de las variables macroeconómicas y el hecho de que los efectos del caso Lava Jato se disipan permiten vislumbrar un mejor escenario para el país y para la recuperación del crecimiento económico en el 2018.

La presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Aráoz, aseguró que el próximo año el producto bruto interno (PBI) crecerá por encima del 4%, frente al 2.8% con el que se prevé terminar este 2017, y subrayó que el Ejecutivo impulsa tanto la inversión privada como la pública, a fin de obtener este resultado.

El director del departamento del hemisferio occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, sostuvo la pasada semana que hay una importante aceleración en el ritmo de expansión de la economía peruana.

El representante del organismo internacional basa sus observaciones en buenos indicadores, como el consumo interno de cemento y la producción de electricidad, entre otros, los que muestran, a su entender, un cambio de tendencia hacia una aceleración en la dinámica económica.

Werner señaló que el Perú continúa siendo líder regional en crecimiento del PBI, con una economía que se ajustó bien al choque de los términos de intercambio, a pesar de Lava Jato y El Niño Costero.

Se podría asegurar que ahora la inversión será dinámica; pero no ha sido fácil llegar a esta situación. Recordemos que a los problemas mencionados se sumaban otros de política interna que dificultaban las inversiones, pero que empiezan a solucionarse con una nueva relación entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Debemos tener en cuenta que la economía nacional creció 2.28% en agosto, según el INEI, debido al mayor impulso de la inversión en obras públicas y la recuperación de la inversión privada.

Justamente, el gabinete Aráoz tiene en la inversión pública y privada dos elementos clave para garantizar el crecimiento económico. Un punto fundamental en esta coyuntura es que el precio de nuestros minerales de exportación, como el cobre y el zinc, han alcanzado precios superiores, lo que significa mayor recaudación tributaria, más interés por llevar adelante proyectos mineros y mayores ingresos por concepto de canon para las regiones.

En el tema de la inversión pública, el Gobierno hizo viable este año un conjunto de proyectos de infraestructura por 9,438 millones de dólares, de los 14,000 millones de dólares proyectados inicialmente, luego de destrabar obras que estaban prácticamente paralizadas.

Pero, además, este año se adjudicarán proyectos de asociación público-privada (APP) por 3,500 millones de dólares, lo que va en sintonía con los objetivos de crecer a 4% en el próximo período fiscal.

En resumen, los buenos vientos están presentes y hay que aprovecharlos al máximo; por eso es importante agilizar el proceso de Reconstrucción con Cambios y acelerar los trabajos para los Panamericanos en el 2019, aspectos clave en la inversión pública.


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