Blanca Cia

Entre las cosas y trastos de la mudanza de un piso de Barcelona hace más de dos décadas, apareció un libreto encuadernado de una composición musical: la ópera Schiava e Regina, de Lluïsa Casagemas, una de las compositoras modernistas de más renombre de Cataluña y hermana del pintor Carles Casagemas, amigo de Pablo Picasso. Se sabía de la existencia de la composición porque era singularmente importante, se trataba de la primera ópera compuesta por una mujer en España que tuvo fecha de estreno: el 7 de noviembre de 1893 en el Liceo de Barcelona, el día del atentado anarquista que mató a 20 personas. “Nunca más se llegó a programar el estreno pese a que hubo varios intentos en el mismo Liceo”, explicaba Maria Teresa Garrigosa, autora de una tesis doctoral sobre las compositoras catalanas del siglo XIX. Un movimiento que fue importante y del que Casagemas, junto con Carmen Karr, Narcisa Freixas e Isabel Güell, fue una de sus exponentes. Casagemas fue considerada como una igual por músicos coetáneos, como Isaac Albéniz o Amadeu Vives: “fue la primera que entró en un circuito hasta entonces reservado a los hombres”, puntualizaba Francesc Cortès, profesor de Musicología de la Autónoma de Barcelona.

Casagemas, de una familia acomodada de la burguesia barcelonesa, llegó a componer 300 obras —algunas de ellas sinfónicas— y la ópera la culminó cuando solo tenía 17 años. La composición fue reconocida con un premio en la Exposición Universal de Chicago de 1893 aunque no se llegó a interpretar. A su muerte, no se supo más de esas composiciones y los descendientes de Casagemas —solo sobrevivió una hija de los cinco que tuvo y que fallecieron por tifus— tampoco supieron dar noticia de las obras. Se han localizado 42 originales “muchos de ellos han aparecido en mercados de viejo, cosas que salen cuando se vacían pisos”. Y eso es lo que ocurrió en el caso del manuscrito de la ópera que está dedicado de puño y letra por la compositora —que aparece en una fotografía— al que fue su maestro en el conservatorio del Liceo: Francesc de Paula Sánchez i Gavagnach.

“Soy el responsable casual del hallazgo de la partitura. La encontré al vaciar el piso de mis abuelos maternos hace 25 años. Entonces no había Google y la decidí conservar”, apunta Francesc Bofill. El nexo de unión entre Casagemas y el piso de Barcelona donde se halló hay que buscarlo en la relación de amistad que tenía el abuelo materno de Bofill y el maestro Sánchez i Gavagnach: “Al parecer, el maestro llegó a vivir un tiempo en la casa de mi abuelo y allí es dónde se quedó la partitura”. Un libreto encuadernado con lomos de piel y con anotaciones de puño y letra de la compositora. La partitura estuvo años en casa de Bofill: “un día vi un reportaje en TV3 —en marzo de 2015— que hablaba de la compositora modernista y de la ópera nunca encontrada. Fui a mirar el libreto y vi que se trataba de la misma, Schiava e regina. Me puse en contacto con la investigadora inmediatamente”.

Representación futura

La partitura, que se ha digitalizado, solo se llegó a representar de forma parcial—algunos pasajes— en el Palacio Real de Madrid ante la familia real en abril de 1893. Ahora, los responsables de su hallazgo retoman la idea de proseguir con su empeño de que la obra suba a un escenario de un teatro de ópera: “es uno de los objetivos que tenemos, por supuesto”, subrayaba Garrigosa. Schiava e regina, con libreto de Josep Barret —que estuvo vinculado al Liceo— tiene un estilo italiano, idioma en el que está escrita.

Tiene tres personajes principales, uno de ellos un mago que es el que debe ayudar a un joven príncipe a encontrar una mujer “pura” para casarse. La joven doncella y el príncipe son los otros dos papeles principales de la obra que mezcla la trama amorosa, la magia —una rosa permanece blanca solo si la mujer es “pura”— y el complot político. La acción se sitúa en Persia y, según la autora de la tesis, no se le puede negar “cierto aire kitsch”.

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