Bobby Ray Simmons Jr., cuyo nombre artístico es B.o.B, es un rapero estadounidense conocido tanto por haber vendido cientos de miles de copias de sus discos —su álbum debut, publicado en 2010, entró directamente en el puesto número uno de la lista Billboard, siendo el decimotercer artista masculino de la historia en conseguirlo—, como por defender la teoría de que la Tierra es plana. Fue a principios del año pasado cuando comenzó a explicar sus ideas a los más de doce millones de personas que le siguen en sus redes sociales, provocando la respuesta del astrofísico y escritor Neil deGrasse Tyson, con quien mantuvo una encendida discusión. Para poner fin a la misma, B.o.B publicó la canción Flatline, que ha terminado convirtiéndose en el himno oficial de los terraplanistas.

La semana pasada, el ídolo del hip hop lanzó una campaña de crowfunding con el objetivo de reunir al menos un millón de dólares, cantidad con la que pretende financiar un ambicioso proyecto: enviar un satélite “lo más lejos posible” para demostrar que nuestro planeta, lejos de tener forma esferoidal, se parece a una especie de disco cuyo centro es lo que la ciencia denomina “polo norte” y en cuyo contorno, a lo largo de toda la circunferencia, se halla un muro de hielo que podríamos asociar a la Antártida. En concreto, pretende probar que ni siquiera fotografiando la Tierra desde una distancia lo bastante lejana podrá apreciarse “la curva”, es decir, la curvatura propia del planeta.

Conspiración global

Y esto sucederá porque éste es plano. En enero de 2016, B.o.B subió una fotografía a Twitter donde se puede observar una gran planicie en la que se hallan dos ciudades separadas por más de veinticinco kilómetros de distancia. En el texto, el rapero se pregunta dónde está la curva. Según sus teorías y las de la Sociedad de la Tierra Plana, las imágenes de una Tierra redonda obtenidas en las diferentes misiones de la NASA forman parte de una conspiración a nivel global —es un decir— en la que participan científicos de todo el mundo, así como la Organización de las Naciones Unidas y los gobiernos de todos los países para perpetuar la idea de que la forma del planeta es la de una esfera achatada o esferoide oblato. B.o.B., sin embargo, se niegaa aceptarlo.

Y en el fondo es normal. El modelo de la Tierra plana se basa en un sistema denominado “astronomía zetética” creado por el inventor inglés Samuel Birley Rowbotham a mediados del siglo XIX a partir de la interpretación de determinados preceptos bíblicos. La Sociedad de la Tierra Plana, con base en Dover, Inglaterra, y fundada en 1956 por Samuel Shenton, recoge el sistema propuesto y lo desarrolla basándose en el sentido común. Y es precisamente en la lógica más aplastante en la que se apoyan los razonamientos sobre la curvatura terráquea que aporta B.o.B., quien también atribuye el engaño de la población mundial a una conspiración de la ciencia a través de las agencias espaciales.

¿Existe acaso alguien tan insensato como para creer que hay personas cuyas huellas están más altas que sus cabezas? ¿Que las simientes y los árboles crecen cabeza abajo?

Han sido muchos los que han aplicado la lógica antes que él. El pensador Lactancio, por ejemplo, afirmaba: “¿Existe acaso alguien tan insensato como para creer que hay personas cuyas huellas están más altas que sus cabezas? ¿Que las simientes y los árboles crecen cabeza abajo? ¿Que las lluvias y las nieves caen hacia arriba hacia el suelo?”. Otros como Lucrecio o el propio San Agustín entendían que la mera hipótesis de que pudiesen existir hombres viviendo boca abajo resultaba ridícula. A este respecto, el padre y doctor de la Iglesia católica escribió: “Sobre la fábula de que existen los Antípodas, es decir, hombres que viven en el lado opuesto de la tierra, donde el sol se levanta cuando para nosotros se pone, hombres que caminan con sus pies opuestos a los nuestros, eso no es creíble en modo alguno.

Y, ciertamente, no se afirma que se haya aprendido tal cosa por conocimiento histórico, sino por conjetura científica”. Como le sucede a B.o.B, a los miembros de la Sociedad de la Tierra Plana y a los terraplanistas en general, San Agustín también acusaba a la ciencia de distorsionar la realidad mediante conjeturas para hacernos creer que la Tierra no es plana, sino redonda, cuando el sentido común nos lleva apensar que, si en la fotografía de B.o.B en Twitter no se aprecia curvatura alguna en una planicie de más de veinticinco kilómetros, es porque no hay tal curvatura.

Lo que diría Cristóbal Colón

Últimamente los científicos y los historiadores se empeñan en aclarar que es falso que durante la Edad Media se creyese que la Tierra era plana. Aseguran que, salvo los muy ignorantes, todo el mundo conocía la forma redonda de la Tierra. La reflexión que desmonta semejante argumento es muy sencilla: ¿Por qué iba a querer Cristóbal Colón viajar a las Indias hacia el oeste para demostrar que la Tierra era redonda si era algo que ya sabía todo el mundo?

Este sábado pasado, mientras daba un paseo por la noche, un pensador de mi pueblo me formuló la siguiente pregunta: “¿Qué está más lejos, Manuel, la luna o Pontevedra?”. Tras meditarlo un poco, y tal vez influenciado por los postulados científicos vigentes en la actualidad, contesté que la luna. Acto seguido, me hizo otra pregunta: “¿Y si está más lejos, por qué eres capaz de ver la luna desde aquí y sin embargo no eres capaz de ver Pontevedra?”. De nuevo, una lógica imbatible se imponía a mis certezas.

¿Y si está más lejos la luna que Pontevedra, por qué eres capaz de ver la luna desde aquí y sin embargo no eres capaz de ver Pontevedra?

Decidí entonces comprobarlo por mí mismo. Según los terraplanistas, la luna y el sol son dos discos de unos cincuenta kilómetros de diámetro que flotan sobre la tierra a una distancia de apenas 4.000 kilómetros. Si, como dicta la lógica, la luna está más cerca de mi pueblo que Pontevedra, la distancia entre la mencionada ciudad gallega y mi pueblo debería ser mucho mayor que esos 4.000 kilómetros. A la mañana siguiente cogí mi coche, puse el cuentakilómetros a cero y conduje hasta Pontevedra. Había exactamente ciento un kilómetros por la nacional 541. Ni se acercaba a los dichosos cuatro mil. Comprendí entonces que, a veces, aunque el sentido común parezca corroborar una determinada hipótesis, si la ciencia se empeña en demostrar con datos fehacientes un hecho es porque podría estar en lo cierto.

El fracaso del crowdfunding

Los cálculos de Eratóstenes en el año 240 a.C. sobre la circunferencia de la Tierra podrían no ir desencaminados. Los volúmenes de Ptolomeo sobre geografía podrían no ser papel mojado. El Tractatus de sphaera de Johannes de Sacrobosco podría no ser un disparate. La astronomía árabe podría no estar equivocada. La circunnavegación de Magallanes podría no ser una pantomima. Qué diablos, incluso las propias fotos tomadas en las misiones del Programa Apolo podrían ser auténticas y no formar parte de una conspiración internacional. Cabe plantearse, por tanto, que B.o.B podría estar equivocado y, contra todo pronóstico, la Tierra podría no ser plana.

Si entre esas dos ciudades no se aprecia curvatura alguna tal vez podría deberse a, qué se yo, la enorme circunferencia de la Tierra. Sin embargo, me gustaría que el rapero estadounidense reuniese ese millón de dólares de un modo u otro y se lo gastase en poner un satélite en órbita. Es esa clase de cosas que a uno le reconforta que sucedan. Por desgracia, desde que inició la campaña de crowfunding, B.o.B sólo ha logrado recaudar unos tres mil dólares. Invito desde aquí a todos los terraplanistas a que realicen su aportación a tan noble causa. Con todos sus ahorros, a ser posible.


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