Sinopsis

Tras un largo tiempo de ausencia, Abril (Emma Suárez) vuelve a México para reencontrarse con sus dos hijas. Clara (Joanna Larequi), la mayor, y Valeria (Ana Valeria Becerril), la menor, viven en Puerto Vallarta. Allí, Abril descubre que Valeria está embarazada y que ella y su novio han decidido continuar adelante. Cuando nace el bebé, la incapacidad de ambos para criarlo hará que Abril tome una serie de decisiones que nos descubrirán a un personaje mucho más oscuro de lo que parecía.

El mexicano Michael Franco (Chronic, Después de Lucía) escribe y dirige esta historia que protagonizan Emma Suárez (Julieta, La próxima piel), Joanna Larequi (La Caridad, Bienvenida Realidad), Erique Arrizon (El Cesar, Como dice el dicho), Hernán Mendoza (Purasangre, Más negro que la noche) y la debutante Ana Valeria Becerril.

Con apenas 38 años, el mexicano Michel Franco se mueve como pez en el agua en el circuito de festivales europeos desde que en 2009 pisara por primera vez La Croisette con Daniel y Ana. Franco ha ganado laureas en el certamen de la Costa Azul con Después de Lucía (Un certain regard, 2012), Chronic (Mejor guion en la competición oficial en 2015), y Las hijas de Abril (Un certain regard, 2017); todas películas que cuentan historias impúdicas sobre el empobrecimiento moral de un estado donde lo cruel y lo sanguinario campa a sus anchas hasta sanguinario. En Las hijas de Abril, su último filme, no obstante, la amoralidad posee otra nacionalidad en el pasaporte: España.

Las hijas de Abril - Cartel Tal vez la lectura más provechosa de esta alocada huida hacia delante de una madre que se desmadra como pocas veces se ha visto en el cine es su carácter alegórico
y lo bien que se presta a ciertas lecturas políticas. Emma Suárez, la malvada madre, casi una madrastra de cuento de hadas (no hace falta decir que está estupenda), es una mujer española que viaja hasta Puerto Vallarta (México) cuando se entera de que su hija pequeña, menor de edad, está embarazada; y lo que comienza como un retrato de madres e hijas se transforma en un viaje de pesadilla sobre una villana capaz de arrebatárselo todo a su descendencia. Esa relación de abuso entre la antigua madre (patria) que regresa para robar todo aquello que caprichosamente desea está en las imágenes naturalistas y afiladas de Las hijas de Abril; que no pretende juzgar a sus desvaídas criaturas pero que de manera irremediable recoloca la mirada del espectador hacia un lugar muy concreto.La otra lectura, más simple, nos habla de una familia disfuncional y de una mujer decidida a vivir una segunda juventud a cualquier precio. Franco, que sabe dibujar perfiles complejos femeninos, despliega un catálogo de mujeres perdidas que se dejan llevar por el rumor de los acontecimientos sin tomar las riendas, pero cae y se regodea, como sucede con demasiada frecuencia en cierto cine de autor contemporáneo, en un arquetipo de lo femenino que se presenta perturbado, despiadado y voraz. Quizá sea ya el momento de transformar esas visiones de lo femenino.A favor: La inquietante perversidad de Emma Suárez.
En contra: El uso de mujeres desequilibradas como imagen dañina.


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