John Rodríguez Asti

El Huáscar es mucho más que una nave. Es un símbolo de resistencia ante la adversidad, un santuario en el que un puñado de peruanos entregó sus vidas enfrentado a un enemigo mayor y más poderoso. En estos días se cumplen 150 años de su construcción en los astilleros ingleses. Aquí la historia.

La segunda mitad del siglo XIX en el Perú se caracterizó por ser una época de bonanza económica debido a los abundantes recursos obtenidos por la explotación del guano. Entonces, a inicios de 1862, el mariscal Ramón Castilla, recordado por querer convertir el país en una potencia marítima, tuvo el propósito de dotar a nuestra escuadra de buques blindados similares a los empleados durante la Guerra de Secesión en Estados Unidos (1861-65). Este conflicto había revolucionado la guerra naval con proyectiles explosivos, buques a vapor blindados y torpedos y minas que habían vuelto obsoletos los viejos barcos de madera impulsados por el viento.

El objetivo era que nuestra Armada pudiera proteger el litoral y nuestra principal fuente de riqueza, las islas guaneras. Sin embargo, esto se frustró al dejar Castilla el poder, hecho que coincidió con el llamado incidente de Talambo (4 de agosto de 1863), el cual motivó la presencia en aguas americanas de una escuadra española, bajo la forma de una expedición científica. Pronto la crisis escalaría hacia una guerra.

En esas circunstancias, en abril de 1864, el gobierno del general Juan Antonio Pezet comisionó a sus mejores oficiales para que se encargasen de adquirir buques y artillería en Estados Unidos y Europa. El objetivo era enfrentar la escuadra española que contaba con la fragata Numancia, una de las más poderosas de su tipo.

Dos temidos blindados peruanos
En Inglaterra se contrató la construcción de dos buques. El primero fue la fragata blindada Independencia, cuya construcción fue inspeccionada por el capitán de fragata Aurelio García y García. El segundo fue el Huáscar, un blindado tipo torreón que estuvo bajo vigilancia del capitán de navío José María Salcedo. El contrato se firmó en el astillero Laird Brothers de Birkenhead, el 12 de agosto de 1864.

La entrega de ambos blindados era un asunto prioritario. De esta manera, el Huáscar fue lanzado al agua el 7 de octubre de 1865, mientras que la Independencia lo había hecho el 8 de agosto. Finalmente, nuestro monitor zarpó de Birkenhead hacia Brest el 17 de enero de 1866, en donde se encontró con el Independencia. Ambos buques iniciaron su viaje hacia las costas chilenas para encontrarse con la escuadra aliada peruano-chilena que libraba combate con las naves españolas.

Sin embargo, la llegada de ambos buques fue tardía: arribaron a Ancud, Chile, el 6 de junio, un mes después de ocurrida la derrota española frente al Callao, el 2 de mayo de 1866. Pese a ello la inminente presencia de los blindados fue suficiente para que el español Méndez Núñez apurara su infructuosa acción frente al Callao y su posterior partida definitiva.

La gloria en combate
Durante su servicio, el Huáscar fue protagonista de importantes acontecimientos. Desde su cubierta, en 1872, Miguel Grau —su más notable comandante— proclamó su famoso manifiesto en defensa del orden constitucional, en contra de la revolución de los hermanos Gutiérrez. Luego, el monitor se enfrentó con los buques ingleses Shah y Amethyst en aguas de Pacocha el 29 de mayo de 1877.

Como bien se sabe, su gloria llegó durante la campaña naval de la Guerra del Pacífico, gracias a la magistral conducción del capitán de navío Miguel Grau. Hombre y buque conformaron un dúo legendario y sus hazañas mantuvieron a raya a la mucho más poderosa escuadra adversaria. Para Jorge Basadre, el Huáscar “era un buque inferior a cualquiera de los blindados enemigos, y sin embargo mantuvo la lucha como dueño del mar. Con él, el Perú mostró audacia, arranque de acometida, comando sobre los acontecimientos. Con él, entrevió una ilusión de victoria”.

Grau y su valiente tripulación sabían que tarde o temprano llegaría la hora de enfrentar a los blindados enemigos, lo que  ocurrió la madrugada del 8 de octubre de 1879 frente a Punta Angamos. Cada uno cumplió con su deber, y antes que rendir la nave, se ordenó inundarla y hundirla.

El Huáscar fue el más famoso buque de su tipo y de su tiempo, escenario y testigo de actos de heroísmo inolvidables.


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