Andrés P. Mohorte

Revolución y transformación. Si bien estas dos palabras se ajustan como anillo al dedo al negocio de la música, modificado transversalmente durante los últimos diez años gracias al crecimiento incontenible del mercado digital, ¿hasta qué punto son ciertas cuando nos acercamos al proceso de producción, de manufacturación de un disco? Ya tratamos en Xataka las diferencias entre publicar un disco en la década de los noventa y hacerlo en la segunda década del siglo XXI, y hoy nos queremos centrar en los aspectos más puramente tecnológicos de su fabricación. En su grabación y producción.

Del mismo modo que el mercado musical ha visto cómo las nuevas herramientas tecnológicas permitían la irrupción del negocio de Internet, del streaming y de la venta única y exclusivamente por cauces digitales, el campo de la producción se ha visto afectado del mismo modo por la democratización a gran escala de la tecnología. Si en el primer caso son la gran industria y los grandes intermediarios entre creador y consumidor quienes más han perdido, en el segundo, a priori, deberían ser los estudios de música quienes se hayan visto más afectados por la progresiva y definitiva proliferación de los estudios caseros y los programas de producción y edición también a disposición de los usuarios no expertos.

El estudio de Paco Loco: un centro neurálgico

¿Ha sido así? Hasta cierto punto. Nosotros hemos intentado trazar un mapa de las diferencias entre grabar en el pasado y grabar ahora, tanto desde el punto de vista del trabajo en el estudio como desde el punto de vista de la producción casera. Y si bien es cierto que ha habido modificaciones y evoluciones, especialmente en lo relativo a lo segundo, el impacto se puede considerar algo menor al que se ha visto en el negocio de difusión y comercialización de la música. ¿Por qué?

“Puedes grabar en casa, pero no consigues que tu grabación tenga el carácter de grabarlo en un sitio donde tienes más posibilidades y estás trabajando con gente que conoce el equipo”

Como punto de partida, debemos considerar que los objetivos y los motivos que empujan a un artista a grabar en un estudio de grabación profesional o casero son distintos. No se trata meramente del abaratamiento de costes o de lograr la mayor difusión posible (e incluso de no quedar sometido a los dictados de la industria), como en el caso del negocio de distribución, sino de posiciones artísticas que no han de solaparse de forma automática. La tecnología ha irrumpido en el negocio de la música como conflicto: Internet y la revolución digital compiten cara a cara con el modelo tradicional, el prensado de discos y la cadena de distribución entre producción, sello discográfico, vendedor y consumidor.

Por el momento, la mayor facilidad para grabar un disco en condiciones no profesionales no interfiere en el ámbito profesional. “Hoy grabas en tu casa y puede ser de mucha calidad”, explica Paco Loco, uno de los productores más reconocidos del panorama musical nacional, “puedes hacerlo, pero no consigues que tu grabación tenga el carácter de grabarlo en un sitio donde tienes más posibilidades y estás trabajando con gente que conoce el equipo y sabe hasta dónde puede llegar”. Grabar en un estudio aún hoy significa hacerlo con una personalidad sonora determinada. Loco, que tiene uno de los estudios más concurridos de la península en Cádiz, pone como ejemplo el movimiento Lo-fi norteamericano durante los noventa: “Lo que se intentaba entonces era tener tu propia personalidad. Todo el movimiento Lo-fi fue un rollo de mucha personalidad, y hacía que sonase diferente”.

Paco Loco

La estética de baja fidelidad surgió en los noventa como un postulado ético y artístico que desplazaba el foco de atención creativa de los estudios y la industria a los garajes caseros y la autoedición. Y aún hoy, grabar en casa o en condiciones amateur tiene mucho que ver con eso, y no tanto, o no necesariamente, con la revolución tecnológica o la capacidad de autoproducir un disco. Todo ello sin que sea posible negar que existe tal abaratamiento, que las barreras de entrada en este campo se están viniendo abajo.

Grabar un disco, sin embargo, no es una tarea sencilla. Manejar un programa de edición y producción de audio desde tu casa conlleva destinar largas horas de aprendizaje y estudio. Como explica Javier Carrasco Cobo (nombre detrás de Betacam y miembro de otros grupos como Templeton, con los que ha grabado la BSO de Hora de Aventuras en español):

Realmente es como aprender un instrumento. Requiere esfuerzo, constancia y tiempo. Y una cierta soltura con la informática, claro. Los programas ya no cuestan las fortunas que costaban antes, aunque siguen siendo caros en términos absolutos. De todas formas se encuentran de forma relativamente fácil en Internet.

La seguridad de ponerse en manos de un productor experto, acceder a recursos de grabación profesionales, la certidumbre de una calidad notoria en el sonido. Grabar en un estudio continúa ofreciendo una serie de beneficios a los grupos que no pueden encontrar si decidieran hacerlo por sí mismos. Las nuevas tecnologías han introducido conflicto en ambos campos, pero es más suavizado, se matiza más que en el caso de la distribución del producto final. Lo que no cambia, como es natural, es el precio a pagar por entrar a un estudio a grabar: es más caro.

Analógico, digital y el abaratamiento de costes

“Uno de los primeros discos que yo grabé, el primero que hicimos con Australian Blonde, fueron 250.000 pesetas, unos 1.200 euros, más o menos. Y el último que hice, que fueron más días, fue más o menos el doble”, señala Loco. Aunque lo habitual, matiza, es entre 1.500 euros y 1.600. Todo depende de la cantidad de días que el grupo invierta en el estudio, que es al final el punto determinante a la hora de aumentar o rebajar el precio de grabar en un estudio. Aquí es donde otro cambio tecnológico está jugando un papel fundamental dentro del circuito de estudios: el paso de la grabación analógica a la grabación digital. La evolución y desarrollo de esta última ha cambiado los usos habituales del estudio, del proceso creativo, del número de días destinado a la creación del disco y, en última instancia, del precio final.

“Cuando haces una grabación analógica lo que grabas es lo que grabas y no tienes que pegarte un día editando ni haciendo las voces. Es más rápido”

¿Ha abaratado la grabación digital el coste de producción de un LP? Depende, responde Paco Loco. “En principio parece que sí”, responde, “pero claro, cuando haces una grabación analógica lo que grabas es lo que grabas y no tienes que pegarte un día editando ni haciendo las voces. Es más rápido. En analógico has hecho una toma y ahí se acabó”. Al contrario, la grabación digital sólo es más barata a mismo número de días destinado al estudio, principalmente porque no se invierte tanto en elementos de hardware (la cinta). ¿Pero cuál es el inconveniente de la grabación digital? “Si luego haces una toma y te tiras unas cuatro horas por canción editándola, lo que haces es encarecer el producto”. Al final, según Loco, es más rápida la grabación analógica que la digital, y si es más rápida también estás abaratando costes.

Para entender esto hay que comprender las diferencias entre grabar en analógico y grabar en digital, una brecha que antes no existía. La grabación analógica, más clásica, es también más directa. “Lo que estás grabando es lo que va a salir”, en palabras de Paco Loco. En digital la situación es diferente: “No es que te preocupes menos, pero de una manera inconsciente sabes que se pueden cambiar muchas cosas, que se puede editar. Antes cuando se mezclaban los discos, se mezclaban. Ahora cuando se mezclan te permiten estar retocándolo todo”. Como consecuencia, la grabación analógica es “más difícil” que la digital:

En digital tienes unas reglas, y si no te las saltas ya está. Tienes que grabar hasta un volumen, y ahí se acabó. En analógico te la juegas: hay que buscar el mejor momento para buscar el volumen más adecuado de nivel para la cinta, ya que si es muy bajo vas a tener ruido de fondo, y si es muy alto vas a tener distorsión. Es un poco más complicado. Cuando consigues un grabador ajustado o una buena grabación, es mucho mejor.

¿Cuál es la tendencia, dadas las ventajas y los inconvenientes de cada uno? La mejora en fiabilidad del sistema digital ha permitido que más gente grabe en digital, instalándose de forma total en el circuito de estudios y grabaciones. No es su caso, afirma Loco, dado que él emplea un sistema híbrido. A un tercer nivel, están todos aquellos que sólo utilizan el sistema analógico. Al igual que en el caso de la grabación casera y profesional, no es tanto una cuestión de calidad sino de lo que busca el productor y el artista a la hora de diseñar el sonido del disco.

Grabadora

La pregunta, de nuevo, es muy tentadora: ¿ha permitido la grabación digital, la introducción de nuevas técnicas de grabación a priori menos caras, que los grupos accedan más al estudio? ¿O por el contrario la crisis económica, la caída de las grandes discográficas, el descalabro del volumen de ventas, hace que hoy sea más difícil acceder a una grabación profesional? “Yo creo que es más fácil, porque los precios han caído, pero no esperes que un sello te pague esa grabación”, dice Carrasco. “Ha habido un trasvase del factor riesgo: ahora es el grupo/artista el que lo asume en vez del sello. Hoy cualquiera puede grabar en un estudio mejor o peor. El asunto es que esa música le llegue a alguien más que su red de contactos de Facebook/Twitter”.

“Hay una escena un poco más grande que te permite cobrar muy poco, vender algún disco y entre cinco tíos ahorrar para grabar un disco”

Por paradójico que pueda parecer, la situación hoy, en este sentido, es mejor que ayer. Paco Loco de nuevo: “Hoy los grupos tienen un poco más de nivel adquisitivo. Cuando yo empecé nadie podía plantearse grabar una maqueta, primero porque no llegaría a ningún sitio. Hoy en día la mayoría de grupos que graban tienen algún ingreso de una u otra manera”. Y cita el caso del circuito de salas de conciertos actual: es más extensa, y aunque no se gane mucho, a lo largo de un año se puede ahorrar lo suficiente para entrar a un estudio. “Hay una escena un poco más grande que te permite cobrar muy poco, vender algún disco y entre cinco tíos ahorrar para grabar un disco”. La bajada de los precios de alquiler de los estudios, el abaratamiento del hardware y la proliferación de estudios que tratan de apoyar a grupos que están comenzando han sido otros factores que, en su opinión, han ayudado a esta tendencia.

De Betacam a Panda Bear: cómo es grabar en casa

Está bien: no se graba en un estudio igual que se grababa antes, la brecha digital ha introducido novedades, pero continúa siendo un universo propio, más o menos, con personalidad propia. ¿Qué hay de las grabaciones caseras, entonces? Lejos de quedar directamente enfrentadas a la idea del estudio profesional, suponen otra vía a explorar donde la tecnología y la revolución digital de los últimos años sí está jugando un papel crucial y absolutamente determinante. La caída de precios, el desarrollo de múltiples programas de grabación caseros y la mayor autonomía creativa y técnica de las nuevas generaciones de artistas contribuye a que la producción casera haya mejorado y se esté expandiendo exponencialmente. ¿Cómo exactamente? Responde Carrasco:

Ahora puedes plantearte grabar un disco. Hace diez/quince años como mucho podías pensar en hacerte una maqueta apañada. Habría gente que podría hacerse un estudio fuera del estudio, tipo Radiohead con el Kid A, pero no era algo tan extendido y accesible como ahora. Como Panda Bear, que ha grabado su último disco en un cuartuco en su casa de Lisboa con poco pero brutal equipo; o Bigott, que se fue con cuatro micros y un grabador a grabar a Brasil.

Es evidente que en este caso la proliferación de herramientas tecnológicas de nuevo cuño durante la última década ha permitido, de forma muy notoria, grabar más en casa que antes. Como señala Carrasco, antiguamente tan sólo los grabadores de cuatro pistas de cinta o los novedosos grabadores digitales (Zoom o Fostex) permitían algo parecido, lo que no siempre era atractivo, más allá de los nichos artísticos dedicados en exclusiva a ello, o posible para todos los artistas.

“Ahora, quien más, quien menos, se graba aunque sea con el micro del ordenador”. Algo que no sería posible sin los programas de grabación. Los dos más célebres, utilizados también por productores profesionales en los estudios, son Cubase o ProTools, citados también por Paco Loco. En casa las cosas eran y son diferentes. Mientras antes, afirma Carrasco, “algunos sólo podíamos aspirar al Cool Edit”, ahora los programas semejantes son múltiples, variados y adecuados a los requerimientos de cada uno, unido todo ello al desarrollo progresivo de plugins que los complementan (Carrasco utiliza Ableton Live). No sólo eso: “En segundo lugar, ha mejorado mucho la comunicación músico/máquina. Ahora, con una tarjeta de sonido USB de 100 euros y un micro de 50 tienes lo mínimo necesario para grabar voz, guitarra, teclados, etcétera”.

Tanto Loco como Carrasco coinciden: todo esto ha llevado a que las grabaciones amateur, caseras, tengan cada vez más calidad. No sólo se trata de una democratización de la producción y de una eliminación progresiva de las barreras de entrada, sino también de un producto que, con muchos menos recursos, y sabiendo apretar las teclas adecuadas, puede resultar de lo más atractivo para el oyente. En ese sentido, uno de los puntos clave para que la grabación casera sea efectiva y tenga cierto estándar de calidad de sonido, hay que escoger con cautela el lugar donde se va a efectuar el trabajo. En un estudio eso viene por defecto. En un ático, un garaje o una habitación, la situación es más complicada. Carrasco de nuevo:

Lo ideal sería un espacio acondicionado acústicamente. Aislado de ruidos y con los menores rebotes posibles. Sin vecinos que te molesten o a los que molestar. Por lo general, en una casa común no tienes todo eso. Sin ir más lejos, yo grabo en el salón de mi casa, que es un pequeño apartamento de 40 metros/cuadrados. Junto a la ventana y con el micro cerca del ordenador. A veces se cuela la calle, la propia (horrible) reverberación de la casa y, según las ganas que tenga de alejarme, el ventilador del ordenador. Está lejos de ser un espacio ideal, pero o bien he aprendido a disimular los ruidos, o ha dejado de importarme.

Acostumbrarse a nuevos programas, aprender a utilizarlos, buscar un lugar idóneo, lidiar con los elementos, con el ruido ambiental, con las dificultades inherentes a un proceso de aprendizaje autónomo. ¿De verdad merece la pena por ahorrarse el dinero que cuestan siete días de grabación en un estudio de grabación?

Libertad creativa total: la merecida recompensa

Javier Carrasco Betacam

Hemos hablado de cómo la baja fidelidad iba más allá de la cuestión económica (aunque no dejaba de ser clave, lo mismo se puede decir del Punk y sus distintas ramas) para insertarse en el romanticismo por una clase de sonido. Aquí la idea de un proceso de creación artística diferente, paralelo, no necesariamente beligerante con la industria del estudio se mantiene. Cortar, pegar, pensar, editar.

“En casa tienes la libertad total de darle vueltas durante horas a una idea. Es algo maravilloso y único. Esos instantes mágicos te reconcilian con todos los sinsabores de la música”

“En casa tienes la libertad total de darle vueltas durante horas a una idea”, afirma Carrasco, “de venirte arriba y grabar y grabar”. Al contrario que en el estudio, “donde el tiempo es oro”, en casa las ideas van y vienen y tienen espacio para tomar forma por sí mismas. “Es algo maravilloso y único. Esos instantes mágicos te reconcilian con todos los sinsabores de la música, que no son pocos”. Esta idea parece pesar aún más que la reducción de costes. La idea de un proceso creativo autónomo y libre, sin duda, es seductiva: para muchos artistas cuya impronta musical es muy personal, la posibilidad de alejar a factores externos de la obra final es más que prometedora.

Como en casi todo proceso de revolución tecnológica, y más en el tiempo convulso y alborotado en el que vivimos, el proceso de evolución de la producción casera y del trasvase de un número respetable de artistas del estudio a su apartamento ha traído también consecuencias negativas. La primera, la más evidente, la idea de que la calidad, esa definición abstracta a la que se suelen agarrar todos los amantes de la música, ha descendido. El abaratamiento de la producción musical se ha cobrado sus víctimas en forma de grabaciones de estándares más bajos. No sólo eso: las herramientas casi infinitas que las nuevas tecnologías han aportado a la música han permitido disimular las carencias y fabricar discos y canciones en serie.

Carrasco lo ilustra citando a Brian Eno, vanguardista sonoro radical de los setenta y defensor reconocido de la revolución digital: “En una entrevista reciente (Eno) reflexiona sobre si no nos estaremos pasando con las posibilidades de la tecnología. Antes necesitabas unas aptitudes y unas competencias que ya no son imprescindibles. Ahora dispones de mil tomas, mil veces editables de cualquier cosa”. Carrasco se refiere a cierta “alma” perdida en el tránsito de la hiperproducción de las canciones y de los discos, cierta soltura natural y espíritu espontáneo que permite a muchos discos sobreponerse a sus carencias técnicas gracias a su autenticidad. ¿A cambio qué se consigue? Trabajos que, como los difundidos por la gran industria, “suenan como un McPollo: perfectos, industriales, igual que el otro millón de productos industriales”.

“Antes necesitabas unas aptitudes y unas competencias que ya no son imprescindibles. Ahora dispones de mil tomas, mil veces editables de cualquier cosa”

Recapitulemos: es esencial diferenciar entre los efectos de la revolución digital y las nuevas tecnologías en el mercado/negocio musical y en el proceso de grabación/producción de un disco. Mientras en uno, como ya vimos, la tensión es grande, aquí ambas realidades, estudio profesional y grabación amateur, conviven de forma más o menos pacífica, permitiendo a un grupo explorar ambas posibilidades en función de sus objetivos artísticos, sonoros o, de forma más prosaica, de sus limitaciones económicas y técnicas. Parece evidente que el estudio va a seguir siendo el centro neurálgico de la grabación musical durante, al menos unos cuantos años, y que de forma paralela la grabación caseras irá ganando cada vez más adeptos.

Imac

¿Se reducirá la brecha hasta el mínimo posible, provocando una competencia directa entre un modelo y otro, como ha sucedido en el caso del negocio de distribución y venta de música? Seguramente. Aunque ese día quede lejos, es fácil prever un momento en el que la mejora de las herramientas de grabación y de los programas que permitan a cualquier persona crear un disco haga que muchos grupos se planteen de forma razonable si pagar un estudio, un productor, un ingeniero, merece la pena. Como decimos, es cuestión de esperar al futuro: por el momento, lo mejor que podemos hacer como oyentes es disfrutar de la increíble variedad de estilos, grabaciones y tecnologías que tenemos a nuestro alcance. A escuchar, en suma, a los mil y un relatos que los grupos introducen en nuestros oídos. Un oasis: aprovechémoslo.


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