El Primer Ministro Winston Churchill tuvo que tomar una importante decisión en las tensas 48 horas previas al desembarco de Normandía en 1944. Durante la delicada situación se vio obligado a enfrentarse con sus generales y los aliados norteamericanos antes del momento que se convertiría en el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial y de su carrera.

Jonathan Teplitzky (Un largo viaje) dirige este thriller basado en hechos reales escrito por el historiador Alex von Tunzelmann. Brian Cox (la miniserie Guerra y paz) es el encargado de interpretar a Churchill, mientras que Miranda Richardson (Testamento de juventud) será su mujer Clementine, John Slattery (Spotlight) el General Eisenhower y James Purefoy (High-Rise) el Rey Jorge VI. En el reparto también encontramos a Ella Purnell (El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares), Julian Wadham (La 9ª vida de Louis Drax), Richard Durden (la serie Brussel) y Danny Webb (la serie Humans), entre otros.

La primera escena de Churchill encuentra al susodicho en la playa, melancólico, atormentado, bregando con un pasaje posiblemente onírico, paulatinamente sangriento, y poseedor, sí, de cierta fuerza visual. La primera escena augura, al mismo tiempo, una narración intimista, acaso más interesada en desentrañar la psique del gran hombre que en sus hazañas políticas, y es prometedoramente interrumpida por la entrada anticlimática de Clementine Churchill, preguntándole a su marido que qué hace con su vida. Una música aterradoramente melodramática irrumpe, asoma el título, la trama comienza de verdad, y no volvemos a hallar ni rastro de esta estética, ni de estas ideas, ni de esta posible gran película. Hay en Churchill, dirigida por Jonathan Teplitzky, una constante voluntad de que el relato que desarrolla sea apasionante, épico, trascendente, pero todas las decisiones tomadas al respecto…


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