Antonio Calvo Roy

Frances Colón (San Juan de Puerto Rico, 1974) es neurobióloga del desarrollo, aunque desde siempre pensó que le interesaban más las políticas públicas que la vida en el laboratorio. Licenciada en Biología por la Universidad de Puerto Rico, se doctoró en la Universidad de Brandeis, en Boston y, en el último año se empezó a interesar “por la política y a trabajar en campañas locales”, cuenta. Ha sido asesora científica de Hillary Clinton en la Secretaría de Estado y en la actualidad trabaja en el sur de Miami “para poner en práctica todo lo que ha aprendido”. Ha venido a España para participar en el tercer encuentro sobre diplomacia científica, organizado por la Fundación Areces y por la Fecyt.

Pregunta. ¿Qué convirtió a una doctoranda en neurobiología del desarrollo en una activista política?

Respuesta.  Mi doctorado coincidió con un momento histórico, [1997-2004, administración Bush], en el que se tomaron decisiones sobre el futuro de la investigación con células madre, y aunque eso no tenía impacto directo en mi investigación, me preocupó pensar cómo se habían tomado, de qué manera la ciencia estaba influyendo en la política. Lo digo de manera diplomática, pero pensaba ‘¿quiénes serán estos morones, estos necios, que toman decisiones que no están fundamentada en la ciencia?’. De ahí empecé a envolverme en campañas políticas con candidatos que tenían otra visión de la ciencia y me convertí en activista.

P. ¿Cómo dio el paso definitivo?

R. Cuando me quedaba un año para terminar me hablaron de una beca de la AAAS [Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, la unión de científicos en EE UU] para trabajar como científica en el Gobierno. Cada año 250 científicos acceden a estas becas de dos años en las ramas ejecutivas del Gobierno y aunque no hay seguridad de quedarse, dos tercios suelen encontrar trabajo en la gestión pública.

P. Y usted se quedó.

R. Pasé dos años en el Departamento de Estado, de 2006 a 2008, con la administración Bush, trabajando con países del medio Oriente en la capacitación científica de jóvenes. Me fascinaba el trabajo y aprendí a convertir mi vocabulario de científica en vocabulario diplomático. Cuando ganó Obama me ofrecieron ser asesora de asuntos científicos y ambientales para Latinoamérica y Canadá, y ahí comenzó un trabajo muy intenso. Empezamos, por ejemplo, a hablar para usar la ciencia como vehículo de cooperación de Cuba, una conversación imposible antes. Me ocupaba de una iniciativa para cooperar con los países del área en cuestiones relacionados con el cambio climático. Cuando llegaba a las reuniones ellos esperaban al americano y yo decía ‘buenos días, soy yo’. EE UU han cambiado y yo soy parte de ese cambio.

P. ¿Cuándo abandonó el Departamento de Estado?

R. Salí el día anterior a la toma de posesión de Trump. Pensé que con qué cara podría pararme frente a las comunidades a las que pertenezco, las mujeres, la ciencia, los latinos, siendo representante de una política pública que buscaba eliminar el progreso de la ciencia, de las mujeres y de la comunidad hispana. Decidí que podía ser más efectiva y tener más impacto si no estaba comprometida con esa Administración. Tomé la decisión de ir al nivel local y nos mudamos al sur de Florida, donde estoy involucrada con las políticas locales. Aún estoy definiendo cómo, pero mañana [por el viernes, día 8] salgo corriendo de vuelta porque llega el Irma y quiero estar allá, es mi sitio.

P. Precisamente en la zona de los huracanes y del impacto del cambio climático.

R. El sur de Florida tienen unos centros de investigación sobre cambio climático muy reconocidos y mi visión es poder canalizar ese conocimiento para mejorar la calidad de vida de los residentes del sur de Florida, pero también de todo el país, de todo el mundo. La Florida es un territorio de alto riesgo por el cambio climático, así que debería estar liderando la conversación de políticas públicas sobre cambio climático.

P. Pero con la actual administración es un mal momento para esa conversación. El recién nombrado director de la NASA es negacionista del cambio climático, por ejemplo.

R. Y otros, como el director de la Agencia de Evaluación Ambiental y el jefe científico del Departamento de Agricultura. Sí, es un momento de gran desilusión después del trabajo que se hizo con Obama. Por eso creo que tenemos que afianzar la labor local, con los estudiantes, con los científicos que se pueden involucrar en la agenda social. Me siento esperanzada de la alianza nacional del clima, surgida a raíz de la decisión de la Casa Blanca de salir del Acuerdo de París, formada por alcaldes, gobernadores, presidentes de universidades… Personas que se remangan para tener un impacto donde están las personas. Es al pueblo al que hay que movilizar, al que hay que decirle ‘te convienen mejores prácticas porque eso tiene que ver con tu salud, con el futuro de tus nietos, con tu propiedad, y es importante que se basen en buena ciencia.’ Creo que los científicos deben moverse, decidir en qué emplean su tiempo.

P. De ahí la propuesta, que usted impulsa, para que los científicos empleen el 10% de su tiempo involucrándose en la sociedad.

R. Sí, es una idea de varios científicos ya anunciada. Es un llamado a la comunidad para emplear tiempo involucrándose, dando una charla en una escuela o escribiendo un artículo en un periódico. Lo veo como parte de su responsabilidad, porque no hay mejor defensor de la ciencia que los científicos y si se mueven suficiente, tendremos muchos más defensores.

P. Esa actitud de desprecio a la ciencia de la actual Administración, ¿cree que durará mucho?

R. No he visto indicios de cambio de actitud todavía, pero creo que en las últimas semanas han aprendido lecciones muy duras con el huracán Harvey, el Irma de estos días y el José, que está llegando, a la vez que manejan fuegos forestales muy intensos en California. No podemos taparnos los ojos a la evidencia, se puede negar un tiempo pero viene el huracán y las inundaciones, con intensidades nunca vistas, y se tendrán que enfrentar a esas realidades, aunque no las llamen por su nombre.

P. ¿La sociedad se dará cuenta del efecto del cambio climático? ¿Exigirá, por ejemplo, no quemar carbón impunemente?

R. Sí, la sociedad tiene que pedir cuentas. Cuando se inunda tu casa y ni hay categoría para esa intensidad de huracán, cambia tu manera de pensar. Creo que se hicieron promesas durante la campaña presidencial que el mercado no va a apoyar, porque no es bueno para el medio ambiente ni para el mercado, así que va a haber comunidades que van a sufrir una desilusión al ver que no se cumplirán esas promesas. El mercado le dice a la Casa Blanca que hay que enfocarse en energías renovables, por ejemplo. Los huracanes terminarán convenciéndoles de que hay que tener mejores políticas públicas de cambio climático.

P. Uno de sus caballos de batalla es a favor de que las mujeres puedan ocupar mejores puestos en ciencia ¿Es partidaria de las cuotas?

R. No creo en las cuotas como tal necesariamente, pero sí en los incentivos. Es un tema muy divisivo y creo que hay maneras de que las personas cambien su perspectiva sobre inclusividad, que no sea obligatorio. No sé cuánto duraría si va en contra de lo que una persona piensa.

P. Pero si no hay mujeres en los tribunales, por ejemplo, nunca se seleccionan mujeres.

R. No estoy en contra de las cuotas. Estoy segura de que hay mujeres extremadamente capaces para llenar esas cuotas, y hay mujeres listas para entrar en esas posiciones, pero creo que, si se logra por convencimiento y no por obligación, el cambio será más duradero. Hay que hacer un cambio cultural, pero creo que las cuotas, que dan resultado antes, no cambian la cultura.


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