Desde que sabemos que el hombre es un lobo para el hombre, las metáforas animales para describir la política humana han tenido grandes hitos, como los líderes machos alfa, los enfrentamientos entre halcones y palomas o los cerdos de la Rebelión en la granja. Y los especialistas en comportamiento animal no dejan de proporcionar oportunidades para popularizar otras nuevas. Por ejemplo, ¿quedaría bien decir que “en Europa votan como licaones”? ¿Y qué tal que “esa junta de accionistas funciona como una reunión de perros salvajes”?

Los licaones, una especie salvaje de la familia de los perros que habita en África, son unos animales muy sociales que salen en grupo a cazar. Como en manadas de otras especies, los licaones cuentan con líderes que, una vez tomada la presa, tienen ganada la jerarquía que les permite alimentarse antes que los demás. Pero los licaones, considerados los cánidos más sociales y los de mayor éxito cazando, han desarrollado un sistema muy peculiar para impedir que se imponga el poder absoluto de los miembros dominantes del grupo.

Los científicos que los estudian en Botsuana se habían preguntado durante mucho tiempo por los mecanismos que se activan en las vibrantes reuniones que congregan a los licaones antes de ponerse en marcha o salir de caza. Estos mítines calificados de “energéticos” y “altamente ritualizados” tienen una gigantesca importancia social porque sirven a estos perros salvajes africanos para escenificar su unidad como manada. Pero había un misterio que intrigaba a los investigadores que siguen su comportamiento: solo un tercio de las reuniones terminan con el grupo poniéndose en marcha y no sabían explicar por qué en algunas ocasiones sí y por qué a veces no.

Los científicos, de la Botswana Predator Conservation Trust, monitorizaron exhaustivamente 68 de estos mítines, en cinco manadas distintas, para dar con esas claves ocultas. Y después de revisar las grabaciones y cruzar datos con el resultado de las reuniones, surgió una conclusión que, dicen, no se podían creer. Los licaones usan las reuniones en forma de asamblea: votan si están de acuerdo en partir o si prefieren quedarse más tiempo allí.

El sistema de voto que usan es lo que los humanos llamamos voto cantado (no respetan las garantías que ofrece el voto secreto), pero un tanto peculiar: con una fuerte exhalación por la nariz, una suerte de sonoros estornudos que sirven para manifestar su posición. De todos los gestos y circunstancias que se suceden en estas reuniones rituales en las que se saludan, corren juntos, gruñen y levantan polvaredas, solo el número de estornudos escuchados en una reunión era indicativo de su desenlace. Ya se tenía noticia de que otros cánidos, como coyotes, perros domésticos y chacales, usan jadeos, bufidos y resoplidos para comunicarse.

Votan, sí, pero no es un sistema de sufragio universal en el que la papeleta estornudada por cada uno valga por igual. Estas asambleas comienzan cuando un miembro de la manada la convoca, con unos gestos ritualizados (cabeza baja, boca abierta, y orejas dobladas hacia atrás) que podemos traducir como “propongo que nos pongamos en marcha”. Y no es lo mismo si quien lo sugiere es alguien con alto rango en la jerarquía social o uno de los licaones que no tiene derecho a comer de los primeros.

“Descubrimos que la probabilidad de éxito de una reunión aumenta con la jerarquía de quien lo inicia, y los iniciadores de menor rango requieren más estornudos para que tenga éxito”, aseguran los autores de este estudio que publica Proceedings of the Royal Society B. Como dicen los politólogos, los licaones dominantes de la manada tienen más poder de agenda, pero este sistema de votación ofrece un contrapeso político para que no siempre impongan su criterio (fracasan una cuarta parte de las veces) y que la clase baja licaona pueda tener éxito en sus convocatorias.

Democracia animal y ciencias sociales

“Cuando el macho y la hembra dominantes estaban involucrados en la reunión, la manada solo tuvo que estornudar unas cuantas veces para que se muevan”, explica la primera autora del estudio, Reena Walker, de la Universidad de Brown, en una nota. “Sin embargo, si la pareja dominante no estaba implicada, eran necesarios más estornudos para mover a la manada”, explica Walker. En concreto, un licaón cualquiera necesitaba el triple de votos favorables que la pareja alfa. Algo así como el voto ponderado de los países de la Unión Europea, que exige una mayoría cualificada en el Consejo para tomar las decisiones. Si Alemania y Francia actúan como pareja dominante tienen grandes posibilidades de salirse con la suya, pero la aritmética permite que a los países pequeños les salgan los números.

“En conjunto, estos datos sugieren que los perros salvajes utilizan una vocalización específica (el estornudo) junto con un mecanismo de quorum variable en el proceso de toma de decisiones”, concluyen los investigadores. Los licaones no son los únicos animales que votan. Los gorilas de montaña se sirven de un sistema parecido, usando gruñidos, para optar por dejar nido. Los suricatos también necesitan que haya quorum para que todo el grupo decida moverse a buscar comida, del mismo modo que las señales de las abejas melíferas y los trinos de los monos capuchinos son necesarios para que se produzcan salidas colectivas.

La misma revista científica que publica estos resultados dedicó un monográfico hace unos años para comparar los sistemas de toma de decisiones en grupo de los humanos y del resto de animales. En sus conclusiones, se aseguraba que la observación más llamativa es que en este campo las ciencias naturales estaban “reinventando la rueda” que los científicos sociales ya conocían hace tiempo. “Muchos conceptos y herramientas matemáticas que han estado disponibles en una forma avanzada y sofisticada en las ciencias sociales durante algún tiempo están siendo redescubiertos, a veces en una forma ligeramente diferente, por los naturalistas”, aseguraba esta publicación de la Royal Society, proponiendo que los expertos en animales se dejaran ayudar por sociólogos porque las semejanzas son importantes.


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