Por Daniel Quesada

 

¿Cómo reaccionarías si quedaras confinado en un supermercado, sin más esperanza que una muerte segura cuando abras la puerta de salida? El director de Cadena Perpetua nos hizo reflexionar sobre ello con esta adaptación de la novela de Stephen King.

No está causando una opinión particularmente positiva (valoración que nosotros compartimos), pero la serie de La niebla en Netflix está dando que hablar y las comparaciones con el film que nos ocupa son inevitables. Hace precisamente 10 años, se estrenó la película La niebla, dirigida por el brillante Frank Darabont (Cadena perpetua, La milla verde) a partir de un afamado relato de Stephen King.

La niebla nos lleva hasta un tranquilo pueblo de Maine, en la que una agresiva tormenta da pie, unas horas después, a una espesa niebla que lo invade todo. Ésta pilla al protagonista, David (interpretado por Thomas Jane, que recordaréis del mediocre film The Punisher), comprando en un supermercado junto a su hijo. Tanto él como el resto de los clientes quedan atrapados dentro del comercio y a partir de ahí han de intentar descubrir qué sucede, así como buscar la forma de cooperar para sobrevivir a algo que resulta ser mucho más mortal que un “simple” desastre metereológico.

Así, aunque vemos algunos momentos de acción, digamos, fantástica, en realidad el núcleo de la película se centra en las relaciones entre los diferentes personajes: el propio David (tipo atlético y padre modelo), Ollie (un tendero menudo, que resulta ser más cabal y hábil que la media), Jim (un paleto impresionable) y, sobre todo, la señora Carmody, una chalada que cree que la niebla representa el Apocalipsis y que Dios la ha elegido para guiar a los pecadores hasta ese calvario.

La niebla

Ella representa el verdadero terror de la película: cuando los seres humanos se quedan aislados y sin recursos como luz eléctrica o comunicaciones, regresan a sus instintos más primarios. ¿A quién seguirán, al sentido común o al que se erija como líder y les dé cualquier respuesta, por poco plausible que parezca?

Hay que apuntar, si estáis viendo la serie de Netflix u os disponéis a ello después de haber visto esta peli, que la niebla que vemos en el largometraje es muy diferente (y a la vez, más parecida a la de la novela de Stephen King): lo que esconde, aunque fantástico, no es tan “variable” como lo que vemos en la serie, sino algo más primario e inevitable, cuestión que tiene su peso en el guión.

La niebla fue muy duramente criticada en su momento por dos motivos. Explicaremos el segundo más adelante, pero el primero fue, precisamente, cómo reaccionan algunos supervivientes ante las promesas de un Dios vengativo. ¿Quién iba a dejarse llevar por algo tan pueril hoy en día? En nuestra opinión, la progresión en la credulidad de la gente, aunque precipitada en según qué casos, tiene su sentido. Al principio, todos ponen cara de póker cuando la señora grita sus mantras bíblicos, pero cuando la muerte y las imágenes imposibles comienzan a llegar, ella puede parecer el único asidero que tienen a mano. En otras palabras, es muy fácil llamar pánfilos a los personajes, pero habría que estar en una situación así de extrema para ver cómo se comportaría una turba, con un pánico contagioso de por medio.

La niebla

En ese sentido, el personaje de Mrs. Carmody nos parece bastante mejor llevado que su equivalente en la serie de La niebla de Netflix, la señora Raven, que cree que la niebla es una representación de la naturaleza “limpiando” la tierra. Esta última sufre una evolución bastante más extrema e inverosímil en los capítulos, mientras que Carmody deja a las claras desde un principio que es una arpía tocada de la sesera.

Así pues, ¿puede una loca convertirse en la reina del cotarro si la situación se vuelve lo bastante desesperada? Frank Darabont muestra cómo es posible si la estabilidad de los personajes se va erosionando poco a poco. Es justo eso lo que pretenderá demostrar, años después y junto a Greg Nicotero, en la serie The Walking Dead, con la que hay bastantes similitudes. Mientras que el “factor aislante” en esta película es la propia niebla, en la serie son los caminantes.

Y todo esto nos lleva al reparto de la película, que sin duda merece una exploración. El propio actor protagonista (que, por cierto, estuvo a punto de ser Rick Grimes en la serie recién mencionada) saca lo mejor de sí mismo en las escenas más duras. No es un tipo especialmente brillante como actor, pero aquí vemos cómo es capaz de demostrar la desesperación y la frustración con una contundencia que pone los pelos de punta.

Hay que mencionar también a la propia Mrs. Carmody, encarnada por la estupenda Marcia Gay Harden, la cual se esfuerza por demostrar locura y ser odiosa… A fe que lo consigue, oigan. En el apartado de curiosidades, hay varios actores que encontramos en otras obras de Darabont: Laurie Holden (Andrea en The Walking Dead), Melissa McBride (Carol en la misma serie) o William Sadler (Heywood en Cadena Perpetua) comparten reparto con, atención, Sam Witwer, ni más ni menos que Starkiller en los juegos de Star Wars El poder de la Fuerza. hay que mencionar también al jovencito Nathan Gamble, que encarna con convincentes lloros al vulnerable hijo del protagonista. Él es una de las piezas clave en el momento más polémico de la película…

La niebla

El final que emocionó a Spielberg (quizás)

Antes comentábamos que La niebla fue vilipendiada por muchos críticos y espectadores debido a dos factores clave. El segundo de ellos es su final. No voy a explicarlo aquí por si aún no la habéis visto, pero está claro que no deja indiferente a nadie. He vuelto a ver la película para preparar esta reseña y aún sabiendo lo que iba a pasar, no pude evitar que los pelos se me pusieran como escarpias. Entiendo que haya quien lo odie. Yo, sin embargo, valoro la valentía de un Frank Darabont que defendió esos minutos finales desde la propia gestación de la película y que, además, demuestra su increíble talento audiovisual con unas composiciones que son tremendamente hermosas y a la vez hielan el corazón.

Como digo, entiendo que haya quien crea que la película deba llevarse el suspenso porque te deje el “culo torcío”, porque sus momentos más fantásticos provoquen que no funcione como peli de terror (no lo hace, aunque en mi opinión es más bien un thriller) o porque ciertos personajes puedan parecer más inverosímiles que otros. Desde luego, no es la mejor película del director. Y, aún así, creo que consigue crear un microuniverso tan terrible como sólido, tan descorazonador como hipnótico. Y, sobre todo, debe hacernos reflexionar sobre la demoledora moraleja: que nunca, nunca, nunca hay que perder la esperanza.

Valoración

Una película extrema en muchos sentidos, que puede fascinarte o causarte total rechazo. No funciona del todo como película de terror, pero aplaudimos su valentía y su rotunda labor de dirección.

Lo mejor

Lo mucho que nos hace pensar sobre la condición humana. Su demoledor final, nos guste o no, es carne de debate para días.

Lo peor

Los efectos digitales han envejecido “reguleramente”. La progresión de algunos personajes está forzada.


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